La apuesta de Sergio Massa, los patitos de Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta, y la ira contra Florencio Randazzo

POLÍTICA Por Ignacio Zuleta para Clarin
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Las PASO no fueron concebidas para competir. El objetivo de su creación era el contrario, que no hubiese competencia. Es un sistema de validación de candidaturas que buscó impedir picardías en el peronismo, como participar de una interna, perderla, y después competir por afuera en la general. La primaria obligatoria castiga al perdedor con la inhabilitación. 

Adelantar las elecciones, además, con esa simulación que son las PASO, permite a la oligarquía del partido identificar amigos y enemigos. La consecuencia ha sido que los dirigentes, maestros de la supervivencia, se apiñen en listas únicas, o que se anoten directamente con partidos alternativos para las generales.

Este sistema -creado para otra cosa- es la herramienta que usa hoy la oposición para decidir liderazgos entre las tribus del PRO, la Coalición Cívica y la UCR. Por primera vez, las PASO serán una verdadera competencia en distritos que eligen cantidades significativas de diputados nacionales como las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.

Esa inadecuación entre lo que busca el sistema y la necesidad de la coalición opositora de resolver en las urnas lo que no puede solucionar con negociaciones, pone en emergencia la existencia misma de Juntos (x el Cambio).

Oficialismo: Massa los espera en la bajadita

En PBA el cálculo de los baquianos, más allá de las encuestas, es que el FdT puede alcanzar los 35 puntos en la general con una sola lista. JxC puede estar en los 30 puntos con dos listas, Santilli vs. Manes. La diferencia escribe por adelantado el titular de los diarios del lunes: Tolosa 35%-Santilli+Manes 30%. Ganó el peronismo.

Este escenario es el que busca revertir la oposición poniendo el acento en la cantidad de bancas netas ganadas, y compararlo con elecciones anteriores. Una disputa de narrativas, cuyo público -los votantes- es más astuto que los opinadores. Nadie espera que el resultado modifique la relación de fuerzas para las generales de noviembre, que también repetirán las tendencias de todas las elecciones.

Pero la foto del 12 de setiembre sí le cambia la vida a la dirigencia. La dimensión de un triunfo o una derrota corrige el rumbo del albertismo que expresa Tolosa Paz, y del cristinismo que expresa Máximo. El tercer elemento de la trifecta, Massa, está en estado de latencia. Hiberna y pone lo que le dejan en las listas.

El titular de Diputados presume que el tiempo que viene lo va a encontrar más entero que a sus socios: Alberto con dos años de pato en silla de ruedas (rengo ya era un tema) y Cristina con un Senado más lejos de los 2/3 y orillando dificultades hasta para reunir quórum sin fuerzas ajenas.

Haciendo lo que debían hacer

Sobran hipótesis sobre si este escenario se pudo evitar. En política manda la necesidad sobre la voluntad. Las fuerzas que compiten parecen convencidas de que han hecho lo que debían. También, de que la ausencia de un liderazgo comprensivo ha impedido regular el modo de la confrontación en la oposición.

El disparador fue la negativa de Vidal a ser candidata en Buenos Aires -el distrito en donde tenía una autoridad que nadie le discutía, ni el PRO ni los otros socios-. ¿Es sólida una coalición cuyo destino depende de la voluntad de una sola persona? Esta trama habla menos de ella como de la limitación de Macri y Larreta para ordenar los patitos, lo mismo que recuerda Randazzo que le faltó a Cristina.

Según el manual, Vidal debió hacer lo que convenía a los intereses del conjunto, o en todo caso, al de los caciques que la llevaron a donde llegó. Hizo, y la premiaron, lo que a ella le dio la gana. Puso a Larreta en la necesidad de elegir a un candidato que represente su conducción. Y a los radicales en la de no aceptarlo a Santilli, afectado para ellos de un peronismo prevalente. Manes candidato ha despertado una demografía radical que había perdido protagonismo, y provoca una confrontación de la que nadie se anima a dar un resultado.

Radicales, PRO y Coalición se prepararán para un cabeza a cabeza de consecuencias incontrolables, de nuevo por la falta de liderazgos firmes en ninguna de las fuerzas de Cambiemos, con la sola excepción de Elisa Carrió.

El candidato es el proyecto, el proyecto es ganar

Uno de los escenarios que analizan sus caciques es que, si Santilli le gana a Manes, el radicalismo puede plantear el divorcio y prepararse a ir a las presidenciales de 2023 con listas propias y sin una coalición formal. Miel sobre hojuelas para el peronismo, que, con una unidad aun emparchada entre socios odiosos, puede especular que esa división les asegura otro triunfo sin balotaje.

Esa posibilidad baja las exigencias para encontrar un candidato. Puede ganar con cualquiera. El candidato es el proyecto, y el proyecto es ganar, no imponer tal o cual agenda. El experimento de las PASO en PBA es también un ejercicio de musculación para el peronismo. El cristinismo cedió todo lo que le exigieron para que no hubiera competencia interna. El desprendimiento -por necesidad- de Cristina al ceder la cabeza de la lista y allanarse a los reclamos de los intendentes, licuó la chance que hubiera confrontación con los críticos de la conducción de Maxi Kirchner y, en consecuencia, el planteo de división.

La tenue espesura de lo que hoy significa la candidatura de Randazzo es la prueba. No le que quedaron ni Joaquín de la Torre ni Jesús Cariglino. Con esta unidad forzada, el peronismo puede dedicarse a la campaña sin escenarios de pelea interna, algo que no pueden controlar los opositores de Cambiemos.

Caminos de enemistad

En los diálogos que tuvo Larreta durante la semana con Negri y Morales tomó conocimiento de los reclamos de los radicales. Uno es que adelanta los debates de 2023, que lo separan de una sociedad que era pacífica hasta que Vidal anunció su pase. Su intervención en distritos como Córdoba, Santa Fe, Tucumán o Buenos Aires, en palabras de sus interlocutores, construye un camino de enemistad con el radicalismo.

Los radicales de Buenos Aires se enojan por la actividad de campaña de Larreta en este distrito. Aunque él ya les explicó que necesita sostenerlo a Santilli. Morales, pese a esos puntazos, le dijo que él no piensa en irse de Juntos por el Cambio. Los radicales creen que hay una mano larretista en cierres hostiles en Tucumán y Córdoba, y festejan que en PBA Vidal haya resignado, sin razones más allá de las personales, un liderazgo que ni ellos le discutían hace dos meses.

Todos estaban dispuestos a incluirla en un proyecto común. Más aún después que ella se manifestase en apoyo de Maxi Abad, ganador de la elección para la conducción del partido contra Gustavo Posse. Era cuando Larreta decía "a María Eugenia no la necesito en la Ciudad".

Randazzo, recordando con ira

En la oposición la impaciencia es por el efecto que tendrá el resultado hacia adentro de una fuerza que ha pasado del estado sólido (2015) al estado líquido (2017). Y que si se divide puede terminar en estado gaseoso. Temen que la puja PBA los debilite, como le ocurrió al peronismo con la PASO entre Aníbal y Julián.

En aquellas primarias la candidatura a gobernador supuso un enfrentamiento que levantó tantos rencores entre los participantes, que desmanteló la unidad del oficialismo y precipitó su derrota ante María Eugenia Vidal. No alcanzó que Daniel Scioli ganase en PBA en la categoría a presidente. El efecto de división en el distrito más grande de la Argentina fue el ingrediente más identificable del triunfo de Macri-Michetti.

Florencio Randazzo lo recuerda en el spot de campaña, que ha enardecido al cristinismo porque desnuda el fondo del problema. No era la rebeldía de Randazzo, era la debilidad del mando de Cristina. Si este efecto se repite en forma análoga en la interna Santilli-Manes, la coalición corre el riego de una división, la primera desde que se consolidó en abril de 2015, con el resultado de la convención radical de Gualeguaychú.

En aquel encuentro el debate formalizó un frente sin el peronismo de Massa, que alcanzaba una intención de voto superior al 30%. En el discurso de cierre de aquella cumbre Ernesto Sanz remató con un pronóstico cierto: "Nuestra alianza está arriba de los 35 puntos: ¡hay ballotage en la Argentina!".

Aun perdiendo, Manes es negocio

El enojo radical es táctico, pero no afecta a una estrategia que tiene su racionalidad: esta PASO les permite a los radicales un futuro mejor que en 2015. En aquel año, el radicalismo no tenía un candidato del área metropolitana, que ha provisto todos los mandatarios desde la reforma constitucional de 1994 -los Kirchner debieron entregarse al duhaldismo en el sauna del club San Juan y disfrazarse de bonaerenses para prosperar-.

Ahora, con Manes o Lousteau lo tendrían. Tampoco ven el cisma como un escenario posible. En un cálculo razonable, creen que el radicalismo de Buenos Aires, aun perdiendo, por ejemplo, 60 a 40 con Santilli, habrá producido una movilización tal de militancia y de votos que los convertiría en competitivos para una PASO presidencial en 2023, con cualquier candidato del PRO.

"Con ese 40% en PBA y el radicalismo del interior, somos imparables", afirma uno de los estrategos principales del radicalismo. No daré el nombre para no generar anticuerpos. Ni ajenos ni propios, que son como los anticuerpos monoclonales (i.e. los clones proceden de una misma célula madre -lo que se aprende escuchando a los movileros sobre las vacunas...-).

Negri visita monumento histórico de Cambiemos

Negri capturó para su pelea interna con la dupla Juez-De Loredo dos herramientas: una fue la sociedad con Gustavo Santos, que va por el mundo con el óleo bautismal de Macri, que lo sueña como candidato a gobernador provincial en 2023. Para lo que eso valga, es un llamado al PRO cordobés. Otra herramienta es la sociedad con Ramón Mestre, su adversario histórico. Además, Negri suma intendentes del interior -la UCR está al frente de 130 comunas-.

Con todo eso hará el primer gran acto de campaña este miércoles en un sitio emblemático de Cambiemos, Marcos Juárez. En esa ciudad es donde la alianza del PRO y la UCR tuvo su primer triunfo electoral. Ocurrió en setiembre de 2014 y el ganador fue el vecinalista Pedro Dellarosa. La "batalla de Marcos Juárez" fue una elección emblemática que sirvió para ordenar la negociación de alianzas y mostró cómo podía funcionar lo que después se llamó Cambiemos.

Marcos Juárez fue un hito fundamental en este armado, consagró a Monzó y a su equipo, Marcelo Daletto, Nicolás Massot, Sebastián de Luca y algún otro. Hoy ese lote se ha incorporado en Buenos Aires a la lista radical de Manes. Esto es movilidad jubilatoria, y no la que brinda el ANSES.

En aquella elección, además, se ganó Oscar Aguad un ministerio en el Gabinete de Macri en 2015. Estaba solo en el apoyo al jefe del PRO, y cuando se ganó Marcos Juárez estuvo junto a Macri en un acto, sin otros dirigentes nacionales de la UCR. Dellarosa reeligió en 2018 con el 53% de los votos y hoy apoya a Negri en su carrera por la senaduría. Por eso va a incensarse a esa ciudad.

De las Olimpíadas a los spots

Desde este domingo se suma otro entretenimiento, que reemplaza a las Olimpíadas de Tokio, que es la emisión de los spots por medios audiovisuales. La superchería criolla le atribuye efectos decisivos en el voto que, al final, nunca se comprueban. Hay anuncios de TV y radio que suelen ganar premios a la publicidad, pero es improbable que les cambien el destino ni a sociedad ni a los candidatos. Sí, seguramente, a los creativos y productores.

Son pocas las excepciones, como la premiada "Valerosos Corazones", de Litto Nebbia, que se escribió y cantó para la campaña de Carlos Menem en 1989. El espacio lo paga el Estado y crea la ilusión de que las elecciones son una línea de largada que iguala las chances de todos.

Esa inocentada alienta voluntades, pero la política, como toda actividad pública y de mercado, se decide entre quienes tienen fuerza, poder, instinto homicida e identificación con el público. La grilla de los resultados hace figurar a las mismas familias políticas de siempre. La ilusión del solitario que arremete al final es para los 400 metros en las Olimpíadas.

Estudiantinas regeneracionistas

Este fin de semana, la estudiantina antisistema se entusiasmó con el lanzamiento de Javier Milei y despertó cierta inquietud en las grandes familias políticas. El peronismo no tiene mucho para ofrecer a cambio, porque es la médula del establishment criollo, identificado con el conservadurismo. Tampoco la oposición, aunque la amistad de alguno de sus socios con la ortodoxia económica, la identifique con el liberalismo que propone dinamitar el sistema político y económico para empezar, bíblicamente, todo de nuevo.

El demonio del regeneracionismo inspira a las izquierdas y a las derechas. La fantasía argentina del colapso social ayuda a este regeneracionismo: el fantasma de que las hordas asaltarán el palacio de invierno y harán la revolución, que es propia de países de recursos escasos.

En la Argentina del recurso abundante, las manifestaciones populares son del oficialismo, como fue la marcha de las organizaciones por San Cayetano. Fue un reclamo de un sector del gobierno contra otro sector del gobierno. En este país la revolución del hombre nuevo es una transferencia de partidas del presupuesto. Con eso alcanza.

Debuta el Consejo en caso de juez cuestionado

También para entretener al personal, el jueves puede empezar a agitarse el follaje en la Justicia Electoral. El Consejo de la Magistratura analizará, en la Comisión de Disciplina, el descargo que envió hace unos días el juez electoral de Mendoza, Walter Bento, a las acusaciones por presuntos delitos que motivaron su procesamiento. En el descargo pide que se provean pruebas contra las acusaciones del fiscal que lo investigó.

Esa comisión la preside la senadora peronista por el Chaco, María Inés Pilatti Vergara, y el instructor es el diputado por el PRO porteño Pablo Tonelli. El debate sobre las pruebas es previo a la decisión de suspenderlo o no. Es emblemático este caso, porque Bento debe vigilar las elecciones en la quinta provincia con mayor cantidad de votos, y la que decide senadores y diputados nacionales.

Hay cuestiones abiertas porque en el cierre para las PASO el oficialismo de Cambiemos anotó al actual gobernador como candidato a senador suplente. Esto presume que Alfredo Cornejo será elegido senador este año, que puede ser gobernador en 2023 y que puede reemplazarlo en la banca Rodolfo Suarez.

La constitución provincial prohíbe que un mendocino pase de la gobernación al Senado antes de un año desde que dejó el cargo. Suarez ha sido impugnado por sus adversarios. El peronismo, por su lado, inscribió listas colectoras que estaban prohibidas por un decreto. Los adversarios también impugnan el mecanismo.

Bento analizó los dos casos y dijo que debe decidirse recién cuando se oficialicen las candidaturas a las elecciones generales. Hasta el final de las PASO es una cuestión interna de los partidos. Cuando se sepa quiénes son los ganadores recién se podrá discutir la legalidad de colectoras, testimoniales o domicilios, como ocurre en candidatos que se pasan de un distrito a otro.

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