La Cámpora se cansó de los piqueteros K

POLÍTICA Por Fernando González para Clarin
11-grabois

Hay una batalla en el poder que permanecía subterránea pero que, lenta y contundentemente, ha comenzado a emerger. En las últimas horas, sorprendió a algunos una carta vehemente que Juan Grabois hizo pública en las redes sociales criticando a Jorge Lanata y a Horacio Verbitsky. “Se tienen que lavar la boca antes de hablar de nosotros, burócratas de la política, ustedes inmorales, vendidos y coimeros”, provocó al activista de apellido peronista y vínculo oficial con el Papa Francisco. Le respondía así a las columnas que escribieron los periodistas pero, sobre todo, a la lectura que Verbitsky hizo en su sitio web sobre la nutrida marcha que el último sábado protagonizaron en la Ciudad los grupos piqueteros subvencionados por el Gobierno. 

Verbitsky presenta a Grabois como “profesor universitario, docente de la UBA y la UNSAM (Universidad de San Martín)”, como si eso fuera un demérito. Y luego relata la reunión reciente con Máximo Kirchner en la que discutieron por los lugares en las listas de candidatos a legisladores bonaerenses. Y cita al propio dirigente: “Se nos dijo que teníamos muchos planes sociales y hubo una referencia a Stanley (Carolina, ex ministra de Desarrollo Social de Mauricio Macri); en ese momento me retiré de la reunión realmente indignado…”. Entre los dirigentes de La Cámpora se suele acusar a los dirigentes piqueteros K de haber recibido demasiados planes sociales, y sobre todo en la etapa macrista. Paradójicamente, ese mismo reproche de generosidad estatal se hacen en Juntos por el Cambio, aunque, claro, en tono de autocrítica.

Lo evidente es que el planteo que Máximo Kirchner le hizo a Grabois en ese encuentro es la piedra del escándalo que ha abierto una grieta profunda entre La Cámpora y el piqueterismo K. El hijo de Cristina, fiel a su estilo, lo ha hecho en reserva. Las declaraciones públicas han quedado en manos de sus colaboradores. “La cultura del plan social no va más”, fue la frase que cayó como una bomba hace una semana. La pronunció el ministro de Desarrollo Social bonaerense, el camporista Andrés “El Cuervo” Larroque. Más cuidadoso por su lugar en el gabinete de Alberto Fernández, pero apuntando hacia el mismo lugar ha estado el ministro del Interior, el también camporista Wado De Pedro.

La obsesión de La Cámpora por la multiplicación de los planes sociales y las subvenciones estatales con denominaciones imaginativas tiene dos vertientes. La primera y, la que menos les preocupa, es que complica el objetivo de volver alguna vez al superávit fiscal que tuvo Néstor Kirchner en sus primeros tres años en el poder. Pero el gran temor reside básicamente en el agigantado músculo de movilización que el financiamiento gubernamental le facilita a los grupos que, el último sábado, desfilaron desafiantes desde la parroquia de San Cayetano en Liniers hasta la Plaza de Mayo.

En su carta contra Verbitsky, Grabois dejó en claro lo que piensa sobre la preocupación de quienes ahora son sus adversarios dentro del kirchnerismo por "los cayetanos", como los llaman en la interna. “No tienen la más reputa idea de lo que pasa entre los marginados, ni de lo que hacen las organizaciones”, explicó, sin refugiarse en los términos académicos qué le achacaba el divulgador del Vacunatorio VIP. El problema de qué florezcan mil flores es cuando sobra el agua para regarlas.

Los protagonistas de la marcha del sábado fueron el Movimiento Evita, liderado por el secretario de Economía Social, Emilio Pérsico, y el de Relaciones Parlamentarias, Fernando “Chino” Navarro; la organización Barrios de Pie, que comanda el subsecretario de Estado, Daniel Menéndez, y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), el grupo que consolidó Grabois. Los piqueteros afines al Gobierno controlan un presupuesto en el ministerio de Desarrollo Social de unos 120 mil millones anuales y suman cerca de 180 mil integrantes en todo el país. La Cámpora se cansó de esa competencia y busca ponerle límites.

Como si fuera poco, los piqueteros oficiales también anunciaron la creación de un sindicato propio, iniciativa que ha caído como un tonel de hielo entre los gremialistas históricos. Mucho más veteranos, demasiado prósperos y algo olvidados de la movilización callejera, “Los Gordos” de la CGT ya tienen sus cuentas pendientes con La Cámpora por la ofensiva de Cristina sobre las obras sociales sindicales. Sólo es cuestión de esperar que llegue la tormenta.

Quizás por ese crecimiento exponencial que han tenido en los últimos años los piqueteros oficialistas, despidieron con vivas al ministro de Desarrollo Social saliente, Daniel Arroyo, y ya le empezaron a meter presión al debutante Juan Zabaleta. Lo que no pudieron en copar las boletas de candidatos del Frente de Todos lo han ido ganando en estructuras de militancia rentada.

Parece anecdótico, pero no lo es. Sucede que la batalla entre La Cámpora, los grupos piqueteros al calor del poder y este gremialismo cansado se disputa sobre un país devastado. Golpeado por la pandemia mal gestionada, por la recesión convertida en más desempleo y por la pobreza que, hacia fines de año, alcanzará a la mitad de una sociedad anestesiada. La misma que debe salir del letargo para votar entre muchos de aquellos audaces que no logran cambiarle el ánimo para escapar del pesimismo.

Te puede interesar