Por qué grita

ACTUALIDAD Por Sergio Crivelli para La Prensa
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48 horas atrás proyectó una imagen alarmante. Perdió el control en un acto público, insultó a gritos a quienes lo habían criticado y negó lo obvio: que apenas tres días antes había intentado transferir a la primera dama la responsabilidad del lamentable episodio. 

El problema no es tanto que se contradiga de manera evidente, sino que lo haga en tan corto lapso. En política el atractivo de la verdad es relativo, pero la falsedad descarada daña la credibilidad de manera irreversible. Lo inutiliza. Eso no lo arregla ni siquiera el magnánimo perdón que ayer le dio CFK, cuando los lobos se le estaban acercando demasiado. Fernández es consciente de que su situación sigue siendo delicada, a pesar de las dispensas de su jefa política y por eso continuó desgañitándose.

En resumen, al Presidente se lo ve exasperado, atascado en una situación de la debería haber salido rápidamente y sin un discurso verosímil. Todo generado por una cadena de errores: primero autorizar la fiesta, segundo tratar de desacreditar la información aparecida en los medios, tercero, admitirla tardíamente, pero sin reconocer su responsabilidad, ni disculparse, y cuarto rectificarse, pero fuera de tono y con falsedades.

Pero el problema principal tampoco son esas falsedades, sino más bien su proyección. Aunque consiga salir del pozo en el que se metió, el daño ya fue consumado. La credibilidad que necesita para gestionar los dos últimos años quedó hecha añicos y eso va a impactar negativamente en una eventual recuperación económica.

Desde que se supo el 11 de agosto de 2019 que el kirchnerismo volvería al poder la economía ha venido cayendo en tirabuzón. En el primer trimestre de 2020, antes de la pandemia, el PBI cayó el 5%. El tiro de gracia se lo dio la emergencia sanitaria, malamente gestionada. Fernández improvisa y actúa sin rumbo fijo, condicionado, además, por la falta de poder propio. Para revertir esta situación hacen falta no sólo ideas y determinación, sino también un mínimo de confianza de parte de los agentes económicos.

El primer empujón a cualquier plan reactivador viene de las expectativas que en este caso tienden a cero. Un presidente anímicamente desbordado, con la palabra devaluada, mal mirado por su jefa y con resultados económicos negativos agrega incertidumbre y paraliza cualquier inversión o proyecto productivo hasta que el panorama se aclare.

Se estima que esto ocurrirá con el resultado de las legislativas de noviembre. Pero a esta altura a Fernández sólo le sirve un triunfo claro para sobrevivir. De lo contrario la crisis política será inevitable.

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