Cada vez más morondanga y menos República

POLÍTICA Por Fernando González para Clarin
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El funcionario se recuesta sobre el sillón de su despacho y se ríe, pero está preocupado. Tiene más años que el Presidente y ha visto de cerca casi todas las crisis. Recuerda los peores momentos de Raúl Alfonsín y de Carlos Menem. “A Alfonsín intentaron voltearlo Aldo Rico y los terroristas del Movimiento Todos por la Patria; el Turco tuvo que sacar al Ejército contra los carapintadas de Seineldín y sortear el escándalo de Yabrán. Y nosotros tenemos una crisis de Estado por los amigos de Fabiola… Este sí que es un escándalo de morondanga”, explica y sacude la cabeza sin poder disimular el asombro. 

Morondanga es la última palabra de moda que acaba sumar Cristina al torrente de los hashtags en las redes sociales. Antes fue Pindonga y Cuchuflito, para identificar a las segundas marcas que se imponen en tiempos de recesión, y mucho antes machirulo, cuando pocos utilizaban el término y necesitaba recuperar el terreno de una década bloqueando la ley del aborto. La Vicepresidenta eligió Morondanga para rebajar la idea de República que utilizaron en estos años primero Elisa Carrió, Ricardo López Murphy, y luego Mauricio Macri.

El problema de estos días para Cristina, y para Alberto Fernández, es que hay cada vez más Morondanga y menos República. Las fotos y los videos del cumpleaños de Fabiola en Olivos y en plena cuarentena; los vacunatorios VIP para funcionarios y amigos del kirchnerismo o el imperdonable culebrón ideológico con las Sputnik rusas y las Pfizer estadounidenses, que solo contribuyó a aumentar el número de muertos por Covid en la Argentina. Si se toman los 21 meses de gobierno del Frente de Todos, la Morondanga le lleva una ventaja sideral a la República.

El estado de nervios y los ánimos conspirativos en la Casa Rosada y en el Instituto Patria han tensado como nunca la relación entre quienes se referencian en el Presidente y los que obedecen a ciegas las directivas de Cristina. Con esa discordia hay que leer la carrera para que el video del cumpleaños se difunda primero en un sitio web K o en la televisión estatal. Del mismo modo hay que interpretar los destratos que la Vicepresidenta le dispensa a Alberto en los escenarios de campaña o la frase con la que le indicó el camino a seguir en el frente interno. “Poné orden donde tengas que poner orden”, lo sacudió el martes en Avellaneda.

El orden que Cristina le pide a Alberto no es otro que la eyección de un funcionario que cargue con el costo político de la algarada en Olivos. Y ponen como ejemplo lo que sucedió con el Vacunatorio VIP, suceso que motivó el inmediato pedido de renuncia para el ministro de Salud, Ginés González García, a quien le achacaron en la cuenta hasta las vacunas de privilegio que se hizo aplicar el Procurador del Tesoro, el kirchnerista Carlos Zannini. Ahora le apuntan a los secretarios de la Presidencia y de Comunicación, Julio Vitobello y Juan Pablo Biondi. Pero el Presidente, como lo hizo también con Santiago Cafiero, resiste por ahora la entrega de dos de sus colaboradores más cercanos.

“Lo que no entiende el kirchnerismo es que esto le pega en serio a la gente, y que Alberto y Cristina están en el mismo barco”, se lamenta un ministro, convencido de que la saga de fotos y videos son trampas del “fuego amigo” para desgastarlo al Presidente. Si estuviera en lo cierto, la Argentina estaría en otra disyuntiva peligrosa. El derrumbe de la Alianza mostró en 2001 que las batallas internas debilitan a las coaliciones y disparan dinámicas de autodestrucción que al final nadie puede controlar.

Por eso, el Frente de Todos apela al viejo manual de difundir más imágenes, acelerar la crisis y echarle la culpa de los pecados propios a Macri, a quien buscan convertir en la gran bestia negra de la oposición. En poco más de 20 días, el resultado de las PASO dirá si la estrategia ha resultado exitosa.

Por lo pronto, el ex presidente aportó su granito de arena reapareciendo en la campaña y metiéndose de lleno en la polémica de Olivos, tal como lo necesitaba el Gobierno. Macri no ha leído o ha olvidado a Napoleón Bonaparte. Sobre todo, cuando, ante un paso en falso de sus adversarios, frenaba la ansiedad de sus generales con una frase: “Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error”.

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