Familia de Solange: “este país está gobernado por gente sin escrúpulos que hace abuso del poder y de los privilegios”

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Amargura, bronca, tristeza y mucho enojo conviven en la casa de la familia Musse, en Plottier, Neuquén. Después de la dolorosa muerte de Solange (35), hace un año, por un cáncer de mama que recrudeció en los meses de pandemia, Beatriz y Pablo, sus padres, no encuentran tranquilidad ni mucho menos paz interior. Los envuelve la iracundia y por momentos el odio de la injusticia les brota en carne viva. "Que nos hayan hecho esto a nosotros y ellos estuvieran haciendo fiestas de cumpleaños nos envenena, estamos hechos mierda", grafican sin eufemismos.

A Pablo Musse, que vive en Plottier, el 16 de agosto de 2020 no lo dejaron entrar a Córdoba, donde se encontraba Solange en estado muy delicado, por un "resultado dudoso" en el control sanitario. No sólo le prohibieron la entrada en la frontera de Huinca Renancó, sino que lo mandaron de vuelta, escoltado por ocho patrulleros de tres provincias distintas (La Pampa, Río Negro y Neuquén), sin parar en las diez horas de un viaje emocionalmente estresante, en el que lo acompañaba Paola, su cuñada discapacitada. "¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?", repite como un mantra, sin encontrar explicación doce meses después. Cinco días después moría Solange.

Pablo Musse habla por videollamada con Clarín, al lado suyo está su mujer Beatriz Oviedo, con la vista clavada en el piso. "Es urgente encontrar serenidad para que Solcito pueda descansar en paz, pero es imposible en este bendito país gobernado por gente sin escrúpulos, que hace abuso del poder y de los privilegios. Para ellos, ni olvido ni perdón. Cuando Fabiola Yañez festejaba su cumpleaños, mi hija y mi mujer estaban en Córdoba, varadas, luego de un tratamiento oncológico, sin poder volver a nuestra casa de Neuquén". Solange murió el 21 de agosto.

Los rostros lucen demacrados debido a meses sin poder descansar "porque me aparece la imagen de Solange, que se fue de este plano amargada y desamparada por no poder ver a su papá, a quien tanto necesitaba. Y me enajena saber que no pude hacer nada para que mi hija se despidiera con dignidad. No los perdonaré jamás... Y después enterarse de todas las actividades sociales que tenían, que la primera dama, que el peluquero, que el estilista, que la amiga, que el adiestrador de Dylan... Dylan tuvo más derechos que Solange, que Abigail Jiménez, que Gabriela Cano", se despacha Beatriz serena aunque presa de un enojo contundente.

Beatriz acompañó a Solange a Alta Gracia en febrero del año pasado para realizar un tratamiento oncológico "que por entonces estaba controlado, pero que a partir de mayo, por la situación emocional de no poder volver a nuestro hogar, empezó a manifestarse de otra manera. Para combatir el cáncer hay que estar fuerte anímicamente y Sol ya necesitaba regresar a Plottier, estar con su papá, con su hermano y su tía, con su perrito Simón que tanto amaba. La enfermedad recrudeció y yo le dije a Pablo que viniera, que sería un pilar muy importante, hasta que pasó lo que ya se sabe", describe repasando en su memoria aquellas imágenes.

 

La abraza Pablo con ternura, pero Beatriz se mantiene impertérrita, concentrada en su recuerdo. "No voy a perdonar a esos burócratas miserables que no dejaron entrar a Pablo a Córdoba, lo que motivó que Solange se expusiera en su fase cuatro de la enfermedad, una enfermedad que hace estragos el cuerpo, ante las cámaras de televisión pidiendo por favor por la presencia de su padre en una carta tan lúcida como conmovedora exigiendo sus derechos hasta el último suspiro".

El próximo sábado se cumplirá un año de la partida de Solange y el matrimonio Musse, que en su unidad incondicional transmite una fortaleza granítica, viajará a la ciudad Córdoba para impulsar una marcha para pedir justicia frente a la Casa de Gobierno provincial. "Necesitamos despedirla a Sol, y reivindicarla como sea, pero lo necesitamos. Después de la marcha, ojalá la gente nos acompañe, iremos a Alta Gracia, la casa que alquilábamos y donde ella pasó sus últimas días", desliza Pablo.

Para Beatriz será muy doloroso retornar allí. "Pude haberlo hecho antes, pero no estaba preparada. Esa casa, que todavía seguimos pagando el alquiler, está impregnada de nuestra hija... Allí está su ropa, sus pertenencias, su diario privado que quisiera leer pero no sé si me voy a animar, porque yo sabía que allí volcaba sus miedos por la enfermedad, sus angustias y tristezas también por sus propias pérdidas. Solcito perdió un embarazo... En realidad su médico le pidió que no lo tuviera por el tratamiento de quimioterapia que podía poner en riesgo al bebé".  

Después de que Musse radicara una denuncia en la Justicia Federal a fines de 2020, la fiscal federal de Río Cuarto, Alicia Cena, imputó a un policía, a dos médicos del Centro de Operaciones de Emergencia (COE) y a una trabajadora social por presunta violación de los deberes de funcionario público y abuso de autoridad al impedir su ingreso. "Hicimos la denuncia porque queremos ver a los responsables en el banquillo de los acusados, pero no tengo ninguna esperanza de que eso ocurra, en este país la Justicia es otro cáncer tan grave como el que tuvo mi hija", escupe Pablo.

 

Paola Oviedo está más atrás, en su silla de ruedas, prefiere acompañar en silencio. "No tengo mucho que decir, recordar la pesadilla de ese viaje hasta la frontera de Córdoba y que nos hicieran volver ya de noche, sin haber podido descansar, con patrulleros persiguiéndonos como si fuéramos terroristas es una imagen con la que todavía tengo pesadillas. Ni entrar a un baño en la ruta nos permitieron... A mí me tuvo que ayudar mi cuñado a un costado de la ruta, indignante. Y no haber podido ver a mi sobrina del alma me llenó de furia".

Al dolor inconmensurable por la pérdida de su hija, asoma la indignación que no pueden digerir. "Cómo pueden ser tan hipócritas, cómo no se les cae la cara de vergüenza por el calvario que tuvo que atravesar Abigail Jiménez -junto con Solange, dos tristes íconos de la pandemia- que tuvo que entrar a la provincia de Santiago del Estero en brazos de su papá, porque le negaron el ingreso vehicular desde Tucumán. No sabés lo mal que hace vivir destilando bronca, odio, viendo la vida vip, llena de privilegios y la doble vara permanente de estos miserables", retoma Pablo.

Solange, Solcito, Sol, Negra, Mi Negrita... Así la llaman Pablo y Beatriz, que siempre permanecieron al lado de su hija, en los muchos y difíciles momentos que atravesó, por eso el papá no encuentra consuelo al no haber podido abrazar a su hija en sus últimas horas de vida. "Gracias a una iniciativa mía, porque la gestionó mi abogado, recién pude conseguir un recurso de amparo y viajar a Córdoba un día después de la muerte de Solange, con todo el dolor, la tristeza y la impotencia de no cumplir su deseo, que era abrazarnos hasta el final".

 

Menea la cabeza Beatriz, con las imágenes aún frescas como si fueran de ayer. "Sol no sabía por qué su papá no había podido entrar y cuando se enteró los motivos se derrumbó, se vino abajo, se entregó como nunca antes lo había hecho... Sí tuvo la voluntad y la lucidez para escribir esa carta tan sentida y valiente... y se fue apagando. Yo estoy convencida de que con el papá entre nosotros, la Negra hubiera aguantado más, la hubiera peleado, sin lugar a dudas".

El viaje a Córdoba será una bisagra para los Musse, que además intentarán regresar a Neuquén con el Ford Fiesta 2013 que Solange dejó en Alta Gracia. "Será muy movilizante, porque traeremos sus cosas y de alguna manera empezaremos a despedirnos de este bendito y hermoso país secuestrado por delincuentes de la política. ¿Sabés? No tenemos nada más que una casita en San Antonio Oeste y la queremos vender para comprarnos un motorhome e irnos a Paraguay o a algún pueblito de Brasil. A nuestra edad, casi 60 años, sentimos que en la Argentina no queremos vivir más".

Pablo y Beatriz entienden que podrán "conectar con Solange fuera de este país inviable, que sólo enferma y frustra. Como padres necesitamos encontrar paz, anhelamos que Sol pueda de una vez por todas descansar sin mancharse con la mugre de esta política. Francamente hubiera preferido no enterarme de las fiestitas y privilegios del presidente, de Fabiola, porque no hace más que matarnos un poquito más cada día. Quiero pensar a mi hija, recordarla como la recuerdo y soñarla, porque todavía nunca pude hacerlo", masculla Pablo.

 

Beatriz le toma la mano y apoya la cabeza en su hombro. Cierra los ojos, casi suplicando que esto sea una pesadilla. "Yo sí pude soñar a mi Negra y también pude hablar con ella, hasta me dijo que estaba bien. Es más, me preguntó por Simón, su caniche que murió de tristeza. Una sola vez me pasó de soñarla y cuando me desperté no lo podía creer, fue tan real, que me largué a llorar buscándola desesperada. Con los días me fui calmando porque en el sueño ella tenía esa hermosa sonrisa que tanto la describía".

Le da un beso en la frente Pablo, que asiente y auxilia a su mujer. "Solcito iluminaba la casa con su sonrisa, siempre la tenía a mano, aún en los momentos más complicados... Yo no la sueño, quisiera, pero no sé cómo, sí me aparece en mi mente todos los días, repaso las muchas charlas que teníamos los dos, una relación de compinches, era muy compañera y aquí la llevo -saca una foto de Sol con esa sonrisa sin par- y la beso todos los días de mi vida en distintos momentos".

Fuente: Clarín

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