Más descontrol macro para que billetera mate video

ECONOMÍA Por Enrique Szewach para Infobae
17-af-guzman

Recuerdo el viejo cuento del médico que llama a su paciente para decirle que tiene una buena y una mala noticia para darle: 

- ¿Cuál es la buena? - pregunta el paciente.

-De acuerdo con sus análisis de laboratorio le quedan tres días de vida- es la respuesta del doctor.

- ¿Esa es la buena? ¿Y la mala? - repregunta, angustiado, el paciente.

– Y…hace dos días que lo ando buscando

Bueno, yo también tengo una buena noticia y una mala para contarle. La buena, es que en los próximos meses la economía va a estar mejor. Y la mala, es que en los próximos meses la economía va a estar peor.

Sí leyó bien, no es un problema de tipeo.

Me explico. Como ya sabe, el Gobierno está construyendo su cajita feliz liberando actividades de las restricciones sanitarias, aumentando el gasto en subsidios, jubilaciones, salarios públicos, obras públicas varias y devolviendo el Impuesto a las Ganancias en los salarios más altos (posiblemente concentre un déficit de 1,5% del PBI anual en tres, cuatro meses, todo financiado con emisión).

Adicionalmente, se han instrumentado créditos en 30 cuotas a tasas negativas para la compra de electrodomésticos, se incentiva la reapertura de paritarias privadas. Se mantiene el cuasi congelamiento de los precios de los servicios públicos y se ajusta la evolución del precio del dólar oficial por debajo de la tasa de inflación, de manera de anclar en algún número entre 2 y 3% mensual la inflación preelectoral. Y si había alguna duda en la “intensidad” de las medidas a aplicar, después del error no forzado de la fiestita de cumpleaños en Olivos, ahora ya no la hay, el Gobierno tratará de lograr que billetera mate video. Por lo tanto, si no hay contraindicaciones sanitarias vinculadas con la eventual irrupción de la variante Delta, habrá recuperación de la actividad económica, cierta mejora en los consumos vinculados con el salario real y en los bienes durables y los relacionados con la construcción.

Ahora bien, como ya le conté más de una vez, al final del día, todo aumento de la actividad en la Argentina termina en mayor demanda de dólares. En primer lugar, porque hay que abastecer de dólares de las reservas del Banco Central a los importadores de insumos y bienes no producidos. En segundo lugar, porque estacionalmente aumenta la importación de combustibles y gas natural. Y, en tercer lugar, porque hay compromisos ineludibles de pagos de deuda pública y privada (que no se van a renovar).

A esto hay que sumarle que quienes tengan mayores ingresos por la reactivación querrán ahorrar, lo que puedan, en dólares y no en pesos. Este ahorro, no se puede hacer comprando dólares oficiales, de manera que esa demanda presiona sobre los distintos tipos de cambio libres. Pero dado que esa presión genera un peligroso aumento de la brecha, y ésta, a su vez, afecta las expectativas de inflación, desincentiva exportaciones e incentiva las importaciones, el Banco Central interviene de distintas formas en esos mercados libres, también usando reservas.

También influye la tendencia natural de los ahorristas a dolarizarse por las dudas, siempre presente en un período electoral. Pero como al Banco Central no le sobran dólares, se ha visto obligado a reforzar las restricciones a la compra de divisas en todos los mercados, no sólo en el oficial, generando, paradójicamente, un aumento de la demanda de dólares, porque ratifica con todas sus medidas restrictivas que no piensa vender muchos. En la práctiva, es como cuando se raciona algún producto y todos corremos al supermercado a comprar antes que se acabe.

La economía estará mejor, pero basada en medidas de corto plazo insostenibles más allá de la elección.

Y es por ello, que la economía va a estar peor. Porque las distorsiones que se están acumulando y que se acumularán en los próximos meses harán más complicado desandar estas medidas “el día después”.

Y hay que desandar estas medidas porque, salvo un nuevo Loto con la soja, o que lleguen dólares de un préstamo ruso o chino (Dicho sea de paso, ¿se acuerda de los 20 mil millones de dólares que estamos esperando de China desde hace años? A lo mejor vienen en el mismo avión que la segunda dosis de la Sputnik V).

Digo, salvo una oferta inesperada de dólares, la Argentina necesita un acuerdo con el Fondo, que, aún sin ser demasiado exigente, requerirá cierto control fiscal, la aceleración en el aumento del precio del dólar oficial (o un salto discreto), un esquema relativamente más ordenado del sistema de tipos cambio múltiples, una política monetaria más austera y un realineamiento, aunque sea muy gradual de los precios de los servicios públicos.

Respecto del tipo de cambio oficial es cierto que, comparado con el promedio histórico, no luce tan atrasado. Sin embargo, el problema no es que “los petisos se ahogan en el promedio”, el problema es que, en las últimas décadas, el aumento del gasto público y de la presión tributaria, que termina atacando la competitividad de la Argentina, ha convertido a todos los productores argentinos en “petisos”. Para soportar el peso muerto del Estado argentino sin ahogarse, hay que tener la altura de un jugador de la NBA. Por lo tanto, el tipo de cambio que compensa, al menos parcialmente, dicha ausencia de productividad resulta mucho más elevado que el promedio histórico.

Es necesario considerar, finalmente, que el resultado de las elecciones de medio término no es neutral respecto de la aplicación de este “programa”. Porque la “herencia” la recibirá Fernández de sí mismo, y el oficialismo puede tener el diagnóstico de que aplicar la “receta recesiva del Fondo”, sería letal para sus aspiraciones de continuidad más allá del 2023, e intentar, entonces, alguna otra alternativa mucho más “autárquica”.

En ese contexto, dado que en economía siempre el presente descuenta el futuro, si todos sabemos que el rebote de estos meses es demasiado “artificial”, dicho rebote puede no ser tan importante, y ni que hablar si las PASO muestran alguna “sorpresa”.

Por lo tanto, la buena noticia puede no ser tan buena y la mala, ser mucho peor.

Te puede interesar