La campaña oficialista es una sucesión asombrosa de errores

POLÍTICA Por Sergio Crivelli para La Prensa
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El gobierno concurre a las PASO en una difícil situación económica y social. Con 50% de inflación, casi tanto de pobres, un desempleo abrumador y con la peor expectativa social respecto del futuro de la que se tenga registro. 

Para afrontar semejante desafío planeó una campaña bizarra en la que en lugar de hablar sobre el futuro propone hablar sobre Mauricio Macri. La idea es recrear la agenda electoral de 2019, criticar al ex presidente, ignorar lo ocurrido durante los últimos dos años y reflotar el discurso que hizo posible el regreso de Cristina Kirchner al poder.

El objetivo primario de esa estrategia es fidelizar el voto hiper K y esperar que la anemia opositora le permita retener algo del voto “moderado” o peronista tradicional decepcionado por la inoperancia que se intenta camuflar detrás de un discurso torpemente ideologizado y anacrónico.

Nada de esto, sin embargo, ocurrió. El presidente y el oficialismo han tropezado en las últimas semanas con en una serie de situaciones adversas que en cualquier otro país hubieran significado irremediablemente la derrota del gobierno.

Encabezó la cadena de desaciertos la fiesta de Olivos. Las equivocaciones sucesivas de Fernández mantuvieron vivo el escándalo. El jueves terminó imputado en la causa por el fiscal a quien un abogado que lo defiende en otros juicios, Gregorio Dalbón, calificó de “coimero”.

Después del revés judicial, el abogado salió a aclarar que no representaría al presidente en el llamado “Olivosgate”, pero ya era tarde: su presunto defendido quedó comprometido en lo que se vio como una grosera intimidación a un funcionario judicial. Conclusión: hay escándalo asegurado por varias semanas.

Si la última patinada en el caso del cumpleaños de Fabiola puede imputársele a su “cuasi” abogado, la insólita defensa de la profesora K grabada amedrentando a un alumno en La Matanza es propiedad exclusiva del presidente. La apología de una docente que tuvo una conducta reprochable y señales claras de desequilibrio emocional resultó en un daño autoinfligido. O no evaluó el riesgo de lo que hacía o creyó que una respuesta desafiante fortalecería su imagen de “revolucionario”. Un dislate.

El cuadro se completó con otros dos episodios que parecieron diseñados por la oposición. En La Plata a pocas cuadras del despacho de Axel Kicillof el sindicalista Juan Pablo “el pata” Medina organizó un acto del Frente e Todos, porque tiene prohibida judicialmente la actividad gremial y no podía hacer uno de la UOCRA.

Está procesado por asociación ilícita, extorsión y coacción reiterada y apareció frente a una multitud haciendo la “V” de la victoria. La misma que hace Tolosa Paz, la candidata que encabeza la lista del Frente de Todos. Una provocación no sólo a la Justicia, sino al gobierno que en esta oportunidad mantuvo un prudente silencio.

Finalmente, a Medina la Justicia lo devolvió a la prisión domiciliaria. Curiosamente Fernández no salió a hablar de “lawfare” por alguna FM “K”, pero no sería prudente descartar por completo esa posibilidad.

Otro socio del kirchnerismo que se exhibió en forma inoportuna fue Luis D´Elía. Lo hizo en un acto en La Matanza en el que con un cuchillo se quitó la tobillera de control del servicio penitenciario. A la hora de quemar ataúdes en campaña el peronismo no admite rival.

A dos semanas de la votación el problema del gobierno ya no parece, sin embargo, tanto los errores de campaña como la brecha surrealista entre su discurso y la realidad. El presidente dice que no cometió ningún delito con la fiesta en Olivos y a los pocos minutos la Justicia lo imputa. Ofrece donar parte del sueldo como reparación, mientras a una cocinera de TV la multan con una cifra cuatro veces superior por un delito semejante.

Sus colaboradores habitan el mismo planeta imaginario. La ministra de Salud asegura que “no hay argentino que no se haya equivocado en la pandemia”, olvidando que hay errores y errores. Los cometidos por el gobierno con las vacunas, por ejemplo, producen miles de muertos. Algunos colegas de gabinete hablan de la reelección presidencial y el presidente no sabe siquiera quiénes son los candidatos de su propia fuerza. Su nivel de desconexión es prodigioso.

A lo que hay que añadir que el peronismo tampoco le resulta de mucha ayuda a la hora de juntar votos. Armó un acto en el Congreso para escenificar otra embestida contra Macri por la deuda pública con una repercusión casi nula. Además, como encargado de comandar el ataque, Martín Guzmán demostró que sin ser un gran economista tampoco es un político convincente. La conclusión de la jornada fue que el gobierno se endeuda en pesos porque nadie le presta dólares, que seguirá aumentando el déficit y, por lo tanto, la deuda. Una bomba en cuenta regresiva que no sabe no quiere o no puede desactivar. Oremus frates.

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