Elisa Carrió pisó el freno, adelante radicales y la pelea por el voto derechoso 2021

ACTUALIDAD Por Ignacio Zuleta para Clarin
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Lilita: no al abrazo del oso y a otro 2009 

Elisa Carrió le puso una antesala picante a la reunión la mesa nacional de Cambiemos de este lunes: frenó los vientos acuerdistas que dijo percibir en algunos sectores de la coalición opositora para tender algún acuerdo después de las elecciones con un sector del oficialismo, “No al abrazo del oso”, “no a un nuevo 2009”, repitió en varios contactos que tuvo en el fin de semana. La escucharon Mauricio Macri –primer diálogo en varias semanas–, María Eugenia Vidal y Diego Santilli. Quedó pendiente un diálogo, postergado “con ingredientes”, con Horacio Rodríguez Larreta.

La presunción de Carrió es que un sector de su coalición –ligado al PRO y a la UCR– pudiera ser tentado por el tercer miembro de la cúpula de poder, Sergio Massa, a otro pacto para después de las elecciones. En la charla que dio en la conferencia del Council of America del jueves, el jefe de los Diputados pidió un acuerdo de 10 puntos entre todas las fuerzas políticas. La propuesta se mantiene en el grado cero de la significación, al proponer consignas obvias y compartibles por cualquiera –el "buenismo" que critica Pichetto hasta en alguno de los propios–.

Pero evoca, para ella, el intento de pacto que buscó Cristina de Kirchner en 2009, cuando el trío Néstor-Scioli-Massa fue derrotado por Francisco de Narváez en las elecciones legislativas. Llamó a una concertación a la que concurrieron dirigentes como Ricardo Alfonsín, Margarita Stolbizer, Gerardo Morales, Ernesto Sanz. Ella se marginó de aquella convocatoria que no terminó en nada, o en la nada misma como el polémico proyecto de PASO, que nació de esos encuentros. Massa era jefe de Gabinete y Florencio Randazzo ministro del Interior. Le temo a otro 2009, se inquietan en Exaltación de la Cruz. El mismo amor, la misma lluvia.

Otro misil por cortesías viscosas

El mismo razonamiento movió a Cristian Ritondo a quebrar el compromiso de firmar el proyecto de instauración de la gerontocracia en la Corte, original de Emiliano Yacobitti. Se le aplica al diputado radical el estatuto de la "razón comprensiva" (diría el filósofo Habermas): conocimiento e interés. Si propuso que el más viejo mande en la Corte durante tres años, hay que averiguar en interés de quién lo hizo.

Ese proyecto disparó un misil tierra-tierra que salió de Exaltación de la Cruz con blanco en el palacio de cristal de Uspallata 3160, sede del Gobierno porteño. Carrió le pidió razones a Larreta. El jefe porteño repitió la explicación:

1) Me enteré por los diarios.
2) Me dijo Cristian que se lo pidió Yacobitti, porque lo pide Comodoro Py.
3) Que Cristian le dijo que le había consultado a Juan Manuel López –del bloque de la Coalición Cívica–, quien le diría que Lilita no tenía ninguna observación.
Lilita puso el grito en el cielo y le pidió que Ritondo se bajase de ese colectivo. El jefe del bloque Pro vio la estela del misil, lo llamó a Massa y le dijo que retiraba la firma, y que ese proyecto, en todo caso, debía tratarse en otro momento. Massa, a quien se le atribuye, también, conocimiento e interés por este proyecto, aceptó retirarlo de circulación.

Ritondo se lo comunicó a Mario Negri, con quien protagonizó un pase en un canal amigo. Massa se lo confirmó a Negri en un cruce ocasional por el Congreso. Igual Lilita puso en pausa su tarea de campaña: hasta que no le aclaren la trama de este raro proyecto, no participará más en actos. Se dice fácil, pero es una bomba de profundidad. Mejor que la desactiven porque Carrió es el ISO 9000 de Cambiemos. Si no se explican clarito, en una de esas agarra la cartera.

Con la ñata contra el vidrio en Corrientes

La cita de este domingo tiene obvios propósitos proselitistas: mostrar unidad en un tinglado golpeado por choques en varios distritos, según los intereses de campaña. El encuentro tiene otro ingrediente, que es acompañar a los radicales en los festejos por la reelección de Gustavo Valdés.

La elección llevó este fin de semana a un lote importante del radicalismo del interior, el que disputa espacios con el radicalismo metropolitano, o nosiglismo de Lousteau, para darle un nombre. Para decirlo rápido, convocó a los caciques que alzan la nominación de Morales como próximo presidente del Comité Nacional, a quienes el gobernador propinó un almuerzo en la residencia oficial: Alfredo Cornejo, Luis Naidenoff, Julio Martínez, Ernesto Sanz, Adolfo Rubinstein, Fabio Quetglas, José Cano, Ricardo Gil Lavedra, Maxi Abad, Juan Pedro Tunessi, Rocío Alfonsín, Facundo Manes y otros.

Negri participó por zoom, tironeado por la necesidad de la campaña cordobesa contra Luis Juez y la asistencia este lunes a la mesa de Cambiemos. El radicalismo que no gobierna no tiene aviones, y si no te lleva Morales, no podés moverte con la facilidad del oficialismo. En la política criolla el mundo se divide en dos: los que gobiernan y los que no gobiernan, los que tienen avión y los que no.

El primer conflicto internacional serio del siglo

La rutina de la campaña sorprende a la agenda con la aparición del primer problema internacional serio, nada menos que por una cuestión de límite con Chile. Hasta ahora, la política exterior de los gobiernos se ha resuelto con adhesiones y rechazos a asuntos tan lejanos como inocuos –Cuba, Venezuela, etc.–. Todo para consumo interno. Pero que Chile reclame una porción del mar argentino, quebrando el tratado de paz y amistad que se firmó a comienzos de la transición democrática, hace necesaria una asistencia especial del espíritu santo.

Los asuntos limítrofes son de principios, y llaman a la delicadeza y al refinamiento político. No son para andar a los trompazos. Y menos cuando los gobiernos respectivos están en problemas. La administración de Sebastián Piñera naufraga en el descontrol y avanza a una reforma constitucional cuya asamblea, por el voto popular, preside una referente de la nación mapuche, enfrentada con el estado chileno.

El gobierno de Fernández-Massa-Cristina enfrenta una elección en la que va a medir no sus fuerzas sino sus debilidades: los tres representan ideas, sabores, aromas, proyectos, intenciones y métodos contrarios entre sí. A los dos gobiernos les conviene, objetivamente, que aparezca un asunto de soberanía territorial. Son tópicos que recortan a la sociedad de manera transversal y convocan al patriotismo, acá y en todo el mundo.

Un ejemplo lo da Joe Biden, que parecía en el mejor de los mundos hasta que se produjo el cataclismo de Afganistán. EE.UU. es un país en guerra, y así como a Nixon lo sepultó Vietnam, y no Watergate (fueron crisis simultáneas y aún se discute cuál fue más dañina para el poder), esta guerra hace tambalear a la administración demócrata.

Hay quienes piden la cabeza de Jake Sullivan como Consejero de Seguridad Nacional, no por haber visitado a Alberto, Felipe Solá y a Massa hace menos de un mes, sino por no haber previsto una salida menos dañina de Afganistán.

Falló el puma chileno

Hay bronca en Buenos Aires porque Chile no avisó de los decretos que reclaman para ellos una porción que la Argentina tiene delimitada como propia, al Este de la línea del tratado de paz. La Argentina estableció esos límites por ley y los gobiernos de los últimos 20 años han respaldado una misma agenda por encima de las diferencias. Chile no había reclamado nunca por esto.

Felipe Solá habló el jueves 26 con Andrés Allamand, canciller chileno, sobre algunos términos de la “Directiva de Política de Defensa Nacional” que había firmado la Argentina en julio (si cabía o no la palabra “control” sobre espacios compartidos, etc.). Pero ni le mencionó que el lunes 23 Piñera había firmado los decretos. Desde acá entienden que las presiones de militares y sectores de la derecha chilena, en el vértigo de esa revolución que es la reforma constitucional, llevaron al presidente a firmar esta pretensión de límite.

Le preguntaron a Allamand cómo sigue esto y respondió que los dos países son amigos y lo van a arreglar con “el método Fernández”. Explicó el ministro que cuando Alberto dijo si hay diferencias “nos sentamos, lo charlamos y lo resolvemos”. No es el mejor momento para tomarle examen a Alberto sobre el valor de su palabra. No vale más la del canciller chileno, porque dijo que había hablado todo con Felipe y Rafael Bielsa, pero no parece que fuera así.

Se pudo esperar algún gesto más amistoso de Allamand. Por lo menos porque fue alguna vez un Puma del rugby. En 1982 la Argentina apoyaba el bloqueo a Sudáfrica contra el apartheid, y se integró un equipo llamado “Sudamérica XV”. Estaba allí Allamand, junto a Hugo Porta, autor de los tantos con los que esa casaca le ganó a los Springboks. Para darle barniz histórico: ocurrió el 3 de abril de 1982, horas más tarde del desembarco militar en Malvinas.

Un desafío para el entorno de Olivos

Esta crisis es un desafío para el entorno presidencial, de penetrante roma trasandino. El embajador Bielsa es un experto en Chile y fue directivo del grupo América – Eurnekian, Eduardo Valdés, presidente de la comisión de Relaciones Exteriores de los Diputados, Vilma Ibarra (Legal y Técnica) y Guillermo Francos (director en el BID) han trabajado en esa firma, Ginés González García, ocho años embajador de Cristina, es uno de los argentinos más respetados en todos los sectores en aquel país y sabe todo.

Para no mencionar a MEO, que es como llaman en Olivos a Marco Enríquez-Ominami, asesor oculto de Alberto que actúa a través de Cecilia Nicolini y que fue candidato a presidente de Chile. No lo muestran mucho porque no es argentino y los extranjeros se preguntan de qué juega en ciertas mesas bilaterales. Es un asesor no binario, diríase en la neoparla, aunque no sea más que un empresario. Lo habilita el óleo sagrado de Cristina, que lo sueña como el otro hijo que quiso tener. Por ahora el potro lo cabalga Solá solito, de lejos el ministro con más experiencia del Gabinete.

A los codazos por el voto derechoso

Este festejo con los primos radicales por Corrientes amortigua algo los codazos entre sectores del PRO y entre estos y la Coalición de Carrió –que intentará reprimir en la cita de este domingo–. El más pintoresco es el salpicado de posicionamientos en torno al electorado de centro derecha, que divide al ala macrista del larretismo. Horacio cree que hay que hacer campaña dura en las PASO; pero después salir a barrer por todo el espectro. Ese aire acuerdista es el que aprovecha el macrismo de Los Abrojos, para darle una sede virtual.

Las algaradas de Javier Milei le cayeron simpáticas a Mauricio Macri y a Patricia Bullrich, que parecieron tolerar los insultos del economista hacia Larreta. En Cambiemos todo lo que esmerile a Horacio cae simpático, por mero medro electoral: le ponen precio a ese apoyo que el jefe porteño está siempre dispuesto a pagar con tal de ampliar el espectro. Lo apoyaron a Horacio, Vidal –golpeada por frases de Patricia sobre quien la tiene más larga– y Álvaro González, baquiano del larretismo que vigila que siempre esté encendido el fuego.

Votantes en busca de autor

Esta pirotecnia solo resuelve ubicaciones en un tablero ya cerrado: los votantes están asegurados, el límite con el oficialismo es claro y quien crea que las elecciones las deciden los candidatos se equivocará otra vez. Los resultados electorales son sistémicos, grandes movimientos tectónicos que son indemnes a las ambiciones decorativas de campañólogos y asesores. Cuando llega el candidato, el voto ya estaba. Disputar la baldosa de la centroderecha es algo que ya existía y ahora, que el peronismo se recuesta sobre la Sputnik y rechaza la Pfizer, ese espacio está más que disponible.

Los recopiladores de datos no siempre inútiles –diría Homero Alsina, que aún nos guía– tienen presente que en una elección como la de 1991 a diputados nacionales en la provincia de Buenos Aires, entre el MODIN y la UCeDé sacaron más de un millón de votos (17% del total). En Capital, en 1997, la lista de Daniel Scioli-Javier Mouriño más la de Domingo Cavallo-Guillermo Francos sacaron en total más de 670 mil votos (algo más del 35%). Esa expresión, para un ejemplo extravagante, le dio dos bancas a Federico Pinedo y Cynthia Hotton en 2007, en lista corta en CABA (13% del total) y superaron al peronismo de Carlos Tomada-Vilma Ibarra por un punto.

¿Cómo no van a correr los neo derechistas detrás de estas franjas de votos que creen disponibles? Cuando se pesen los votos en noviembre, todos irán a Cambiemos, no al peronismo. Esto explica el gesto impasible de Larreta, el de la otra mejilla.

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