Del "garche" peronista, al aburrimiento suizo

OPINIÓN Por JOSÉ CURIOTTO*
a-pocos-dias-las-elecciones-el-debate-politico-argentino-se-empobrece

Tragicómico pero real: a pocos días de las elecciones legislativas y con una Argentina devastada por la inflación, la pobreza y la inseguridad, el debate de la política nacional oscila entre determinar si en el peronismo hay más o menos sexo que en otros partidos, y explicar por qué los suizos se aburren al caminar tranquilamente por sus calles sin riesgo de ser asaltados o asesinados.

Que nadie se ofenda por estas afirmaciones o por la terminología utilizada. De hecho, las que se encargaron de poner estos temas en discusión fueron la secretaria ejecutiva del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales y precandidata a diputada nacional por provincia de Buenos Aires, Victoria Tolosa Paz; y la ministra de Seguridad de la Nación, Sabrina Frederic.

Es verdad que la oposición y los medios opositores al gobierno recogieron el guante y aprovecharon estos desaciertos. Pero son las reglas de juego. Si el peronismo fuera opositor, habría hecho lo mismo. Culpar a otros por los errores autoinflingidos no deja de ser una actitud infame y adolescente. En otras palabras, deben hacerse cargo.

 "En el peronismo siempre se garchó... Nosotros vinimos para hacer posible la felicidad de un pueblo y la grandeza de una patria, y no hay felicidad de un pueblo sin garchar. Perdón, nosotros somos así. Lo que digo es parte importante de la vida, el baile, el disfrute, el goce, no lo vamos a ocultar. Somos seres humanos, nos gusta gozar, nos gusta divertirnos”", dijo Tolosa Paz en una entrevista realizada a través de la plataforma Twitch

 "Suiza es más tranquilo, pero más aburrido", dijo Frederic al hablar de los argentinos que se quieren ir del país por la inseguridad. Y agregó: “Hay que tratar de hacer este país lo mejor posible. Sigo viviendo en Temperley, yo tengo custodia, pero sí sé del miedo. No tenía un auto porque era un factor de riesgo”.

Sorprende cómo en ambos casos las funcionarias terminan haciendo referencia a conceptos que de alguna manera se conectan. Consciente o inconscientemente, parecen vincular nociones como diversión (antónimo de aburrimiento), disfrute o goce, con la idea de felicidad. Quizá en medio de la pobreza extrema y de la inseguridad amenazante pueda haber diversión y goce, pero difícilmente exista felicidad real.

 Más allá de la sobreactuación de muchos que se mostraron escandalizados por los dichos de Tolosa Paz, lo suyo no deja de ser casi una anécdota. Pero lo de Frederic es otra cosa: para las víctimas de la inseguridad y para sus seres queridos, sus afirmaciones son un verdadero agravio. Mucho más, cuando proviene de una funcionaria con los mayores niveles de responsabilidad sobre la materia en discusión.

De mal en peor
Tolosa Paz y Frederic no son las únicas protagonistas de frases inoportunas o de hechos desafortunados en la política argentina de los últimos tiempos.

 El mismísimo presidente Alberto Fernández quedó enredado en sus propias contradicciones al permitir y participar de un festejo de cumpleaños en la residencia de Olivos. Y todos sus intentos por superar la situación, no hicieron otra cosa más que agravarla: primero responsabilizó a su esposa, luego dijo que no hubo contagios, después anunció la donación de parte de su sueldo durante cuatro meses y hasta advirtió que no existió delito alguno. Otra vez, culpar a otros por los errores autoinflingidos no deja de ser una actitud infame.

Lo realmente grave en este caso, fue que la palabra del Presidente de todos los argentinos se vació de contenido. Nada más. Nada menos.

 Circunscribir el problema de las contradicciones y desaciertos políticos sólo a dirigentes peronistas representaría un error o una mirada sesgada. Pocos meses después del encuentro en Olivos, cuando las reuniones sociales sin protocolo todavía estaban prohibidas, Elisa Carrió también organizó un cumpleaños en su casa. Y entre los invitados estaban, entre otros, el jefe de Gobierno de Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, el exministro Adolfo Prat Gay y el precandidato santafesino Mario Barletta. Las imágenes difundidas del festejo demuestran que tampoco ellos tuvieron los cuidados que se exigían al resto de la población.

Poco antes, en medio de los peores momentos de la pandemia, la oposición organizaba marchas multitudinarias. Y el expresidente Mauricio Macri viajaba a Europa para participar de actividades organizadas por la Fifa. Una decisión absolutamente innecesaria mientras millones de argentinos permanecían encerrados.

 Si de sumar falacias se trata, el último caso fue el de la interventora del Servicio Penitenciario Federal, María Laura Garrigós de Rébori, quien descaradamente mintió sobre la situación del líder de la banda de Los Monos, Máximo "Guille" Cantero, en el penal de Marcos Paz. Dijo que el jefe de la banda más sanguinaria de la provincia de Santa Fe utilizaba un teléfono fijo desde su celda -con el que ordena delitos en las calles- simplemente porque el aparato cuenta con un cable largo. Pero pocas horas después se confirmó que, en realidad, el narcotraficante y asesino cuenta con una instalación especialmente realizada para él dentro de la cárcel.

 Por momentos da la sensación de que la política juega con fuego, sin tomar plena consciencia de cuáles pueden ser las consecuencias de sus errores y de sus mentiras.

 Una clara advertencia en este sentido acaba de producirse en Capital Federal, donde el precandidato a diputado nacional Javier Milei dijo en un acto público: “¿Sabes qué, Larreta? Como el zurdo de mierda que sos, a un liberal no le podés ni lustrar los zapatos, sorete. Te puedo aplastar aún en silla de ruedas, a ver si lo entendés”.

No deja de ser preocupante que un hombre con este nivel de agresividad y de insensatez adquiera relevancia y que tantos estén dispuestos a votarlo. Pero si la verdadera política no se hace cargo de sus equivocaciones y no actúa con la responsabilidad necesaria, este tipo de exponentes reaccionarios, violentos e inconscientes continuará ampliando sus espacios y multiplicando apoyos.

 Lo que está en juego es mucho más que una u otra candidatura. Y no importa quién "garche" o quién se aburra. Los que están en juego son millones de personas que simplemente desean vivir en paz, con respeto las instituciones y a la verdad.

 Lo que está en juego, es la República

*Para Aire de Santa Fe

Te puede interesar