Milei, la tentación electoral de la violencia discursiva

POLÍTICA Por Fernando González para Clarin
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Agresiones discursivas hubo, hay y habrá en todas las campañas electorales. Y muchas veces, el nivel de violencia crece lo suficiente como para llegar al punto de las agresiones físicas. La Justicia investiga, por ejemplo, quién y por qué motivo alguien le disparó en Corrientes al diputado provincial peronista, Miguel Arias, tres días antes de las elecciones en esa provincia. País de escépticos a fuerza de desengaños, nadie cree que vaya a surgir alguna vez un resultado esclarecedor del episodio. 

Pero en cuanto a violencia discursiva, difícilmente alguien supere en esta campaña electoral al candidato del Frente Libertad Avanza, Javier Milei. Hace algunos días, en un bar de Palermo que utiliza como base de operaciones, el economista del pelo batido la emprendió contra Horacio Rodríguez Larreta. “Sos un gusano asqueroso arrastrado, capaz de hacer cualquier cosa. ¿Sabés qué, Larreta? Como el zurdo de mierda que sos, te puedo aplastar aún en silla de ruedas…”, lanzó, entre los gritos y la celebración fácil de sus intensos seguidores.

No es la primera vez que Milei apela a la provocación pública, matizada con descalificaciones y a veces con insultos directos. En junio de 2018, le gritó “sos una burra” a la periodista salteña Teresita Frías. Fue en una de sus charlas y justificó la explosión diciendo que las preguntas que le habían hecho no tenían el grado de precisión suficiente para discutir sobre el legado económico de John Maynard Keynes. Lo denunciaron por maltrato.

Rodríguez Larreta prefirió no responder las acusaciones de gusano y de zurdo, adjetivo repetido en los cenáculos de derecha que se autodefinen como liberales. Es una terminología que retoma algunas variantes del discurso de la Ucedé en los años ’80, el partido que fundó el capitán ingeniero Álvaro Alsogaray, y que su hija (la fallecida María Julia) y la dirigente Adelina Dalessio de Viola, llevaron al cenit logrando casi un millón de votos en la elección de 1987, para terminar, después convirtiéndolo en aliado y furgón de cola del gobierno peronista de Carlos Menem.

Como Milei y otros dirigentes, los Alsogaray también se autodefinían como liberales, pero políticamente eran una fuerza conservadora. Sin eco por parte de Larreta, quien sí le respondió fue el activista del Frente Patria Grande, Jonathan Algarronda, quien lidera un grupo de militantes discapacitados que se sintieron afectados por la mención a la silla de ruedas. Lo denunciaron en la Justicia y le exigen una disculpa pública que nunca llegará. En Twitter, Milei sostuvo la burla y vinculó a Algarronda con el dirigente piquetero Juan Grabois.

Tras amenazar con aplastarlo a Larreta, Milei también utilizó esa figura retórica en un debate televisivo en TN con dirigentes de izquierda y la economista kirchnerista Fernanda Vallejos. Con ella se trenzaron en una larguísima discusión sobre los méritos y las falencias de Karl Marx y Adam Smith para resolver los problemas del país con veinte millones de pobres y ciento doce mil muertos por Covid. “Te voy a aplastar”, insistió el candidato que fue arquero de Chacarita y se sube a los escenarios vistiendo camperas de cuero negro mientras retumban los acordes rockeros de La Renga.

La provocación siguió en otro canal cuando le pidieron una pregunta para su adversario porteño, el kirchnerista Leandro Santoro. “¿Alguna vez laburaste en el sector privado o siempre fuiste un parásito del Estado?", apuntó Milei sin respirar. La respuesta de Santoro llegó al día siguiente y probó uno de los dogmas más vigentes de lo que el economista llama la casta política. Y es que en el poder nadie resiste un archivo. El candidato del Frente de Todos reveló que Milei trabaja para el Grupo Eurnekian (“cuarto contratista del Estado”, ilustró con información) y que fue empleado estatal contratado por Antonio Domingo Bussi.

Es cierto que Milei es economista asesor (ahora con pedido de licencia) de Corporación América, el grupo empresario que lidera Aeropuertos 2000 y que, según él mismo admitió, fue asesor planta transitoria nombrado por Bussi, quien fue gobernador de Tucumán, diputado nacional y uno de los represores más salvajes de la última dictadura militar. ¿Eso lo convierte en un culpable? Absolutamente no, pero lo deja en situación de mayor vulnerabilidad a la hora de repartir insultos como si bajara del cielo.

En tiempo de redes sociales, se mueve como pez en el océano de influencers y haters. A Milei le gusta destrozar a la dirigencia política y se ubica estratégicamente en la vereda de enfrente del establishment empresario y de los medios de comunicación tradicionales. Pero siempre ha sido considerado uno más para los integrantes de eso que Mauricio Macri quiso estigmatizar como el Círculo Rojo.

“Es un genio, lástima que todo el tiempo se va al carajo”, se ríe una de las personas que más lo aconseja y a la que jamás escucha. La encuesta que Management & Fit publicó en Clarín hace dos semanas lo ubicó expectante con el 9% de intención de voto. Otros encuestadores le dan menos chance, pero algunos le dan incluso un poco más. Lo que todos los sondeos admiten es que en diciembre se convertirá en diputado nacional, apenas un empleado jerárquico de ese mismo Estado al que tanto aborrece.

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