La incertidumbre electoral lleva al Gobierno a retomar el libreto contra Mauricio Macri en el cierre de campaña

ACTUALIDAD Por Eduardo Van der Koy para Clarin
08-MM-santilli

 El oficialismo siente que en las PASO tiene más para perder que la oposición. Convierte al ex presidente en el demonio para conservar el voto duro y retener a los defraudados. Las provincias que eligen senador y el gran reto de Rodríguez Larreta.

 
Las elecciones internas partidarias del próximo domingo parecen envueltas por una paradoja. Asoman como las más competitivas desde que Néstor y Cristina Kirchner idearon el sistema, luego de la derrota en las legislativas del 2009. Esa cualidad, sin embargo, no termina de atraer a una sociedad que sigue distante, atrapada por las múltiples y trágicas secuelas de la pandemia que aterrizó en la Argentina en marzo del 2020. 

Aquella competitividad está registrada en un dato estadístico. El oficialismo kirchnerista confrontará listas de candidatos distintos en 6 de los 24 distritos. Dos de ellos de gran peso político: Santa Fe y Tucumán. La oposición de Juntos por el Cambio asoma bien por encima de esa realidad. Tendrá internas en 17 provincias. Incluso en las dos principales, desde la óptica electoral: Buenos Aires y la Ciudad.

La oferta amplia, el desinterés social y el malestar por la falta de algún horizonte tangible, desencadenó un fenómeno también espoleado por los antecedentes: el Gobierno y la oposición tapizan sus días con encuestas, pero ninguno adquiere una certeza sobre la votación del domingo. El único comentario coincidente en uno y otro bando es que la apatía y la bronca dominarían cualquier escenario.

Tanta incertidumbre habría inducido al Gobierno a retomar su libreto de origen en el tramo final de la campaña. ¿Cuál sería? Refrescar en cada palabra la herencia dejada por Mauricio Macri, opacada por el presente y la pandemia; colocar al ex presidente como centro de todos los mensajes. El demonio, sería. Una forma no solo de conservar el voto duro. También de intentar seducir de nuevo a aquellos que apostaron por los Fernández en el 2019. Y se sienten defraudados.

El Presidente ha venido recorriendo el interior sin olvidar nunca referencias y críticas a la gestión anterior. El diputado Máximo Kirchner terció en esa caravana con directas al ex mandatario. Le pidió buenamente que “baje un cambio” por aquella advertencia provocativa acerca de que si “el Gobierno pierde se tiene que ir”. En las últimas horas tampoco se olvidó de los discípulos del ingeniero. Cuestionó a Horacio Rodríguez Larreta por haber impulsado a Diego Santilli en Buenos Aires. “El mismo que se llevó fondos de la Provincia a la Ciudad ahora pretende convertirse en defensor de los bonaerenses”, recordó.

Cristina permanece en segundo plano. El jueves reaparecerá para el acto de cierre en Buenos Aires. La incertidumbre general la indujo a una menor exhibición. Para preservarse, quizás, ante la eventualidad de alguna sorpresa. Si sucede, tendrá margen para señalar responsables políticos. Alberto y su gestión estarían en primera línea.

Las otras batallas electorales

Al margen de la batalla en la Provincia, a la vicepresidenta le importan los resultados en los ocho distritos donde se votarán senadores: Chubut, Córdoba, Corrientes, Catamarca, La Pampa, Mendoza, Santa Fe y Tucumán. La Cámara Alta es su sala institucional de operaciones.

En los dos últimos existe un adicional. Un múltiple y cruzado desafío de poder. En el caso de Santa Fe, la alianza de Cristina y Alberto con Omar Perotti (Marcelo Lewandowski como primer postulante a senador) fue cruzada por el ex ministro K, Agustín Rossi, en sociedad con la vicegobernadora Alejandra Rodenas. Se conjetura que el manejo del sistema del Estado podría concederle ventaja al gobernador. En especial, si llega a imponerse la presunción de baja asistencia.

Pero suceden dos cosas que siembran dudas. En los últimos días arreció la violencia callejera del narcotráfico en Rosario. En menos de 24 horas se verificaron en esa ciudad seis crímenes. Uno de ellos afectó a un testigo protegido, Carlos Argüelles. Además, recrudeció el conflicto que el Gobierno mantiene con el campo, en este momento por la prolongación del cepo a la exportación de carne. Asuntos de alta sensibilidad en Santa Fe.

El otro problema reside en Tucumán. Allí el gobernador Juan Manzur se enfrenta a su vice Osvaldo Jaldo. El primero va incluso como candidato a senador suplente. Se trata del dirigente que más apostó desde el comienzo por la consolidación de Alberto. Con la idea de fundar una línea peronista paralela al kirchnerismo de Cristina. La vicepresidenta nunca perdonó tal osadía. Tenía cuentas pendientes con Manzur desde su segundo mandato, cuando el ahora gobernador fue ministro de Salud. Jaldo ha recibido ayuda discreta desde el Instituto Patria.

Juntos por el Cambio tampoco transita un sendero asfaltado. El gran reto es para Rodríguez Larreta, aspirante a quedarse con la posta de Macri en 2023. Fue ingeniero del armado realizado por el PRO en la Ciudad y Buenos Aires. El Jefe porteño posee dos ejes discursivos que, sin demasiado fuego, le sirven para hacer una diferencia con el kirchnerismo: la educación, restringida por el Gobierno durante la pandemia, y la inseguridad. Esa bandera es la que muestra Santilli en sus recorridas por el conurbano.

Los dilemas para Rodríguez Larreta son otros. La interna de Buenos Aires se crispó por las declaraciones del candidato radical, Facundo Manes. Dijo, entre varias cosas, que la conducción en la Ciudad estaría acéfala. El médico sube su tono y la coalición opositora tiembla. El problema no es el proselitismo de las PASO. En todo caso, las dudas que se abrirían el día después según resulte el desenlace. ¿Acaso el riesgo de alguna fisura? Sería dañina porque la disputa por las bancas ocurrirá recién en noviembre.

Tampoco resulta sencillo dilucidar si el intercambio fogoso servirá, al final, como imán convocante y participativo de los ciudadanos. Los hubo, sin dudas, en los cinco comicios que se realizaron en 2021: Rio Cuarto (intendencia), Misiones, Salta, Jujuy y Corrientes. En todos los casos, la asistencia estuvo por debajo del 65%, entre 8 y 10 puntos menos del promedio histórico.

Te puede interesar