Un mazazo para Cristina Kirchner y Alberto Fernández: ya empezaron los primeros reproches

POLÍTICA Por Santiago Fioriti para Clarin
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“¿Qué vamos a decir? No tengo la menor idea. ¿Qué podemos decir?”. No había consuelo ni respuestas en el universo del Frente de Todos ante preguntas simples. Hasta quince minutos antes de que se conocieran los resultados oficiales, en un canal de noticias titulaban: “Festejos en el búnker de Tolosa Paz”. Se basaban en números que llegaban directo desde la Casa Rosada. Desde temprano, sus voceros habían enviado mensajes a los periodistas que hablaban de una diferencia a favor de entre cinco y ocho puntos. El resultado final fue un mazazo para Alberto Fernández y Cristina. Nadie esperaba una derrota semejante en la provincia de Buenos Aires ni en el país. Las implicancias para el precario vínculo de la dupla gobernante asoman impredecibles. 

Nada será igual de aquí en más en la convivencia, que viene afectada desde hace más de un año. Los problemas que arrastran el Presidente y su vice se agudizarán. En rigor, ya surgieron los primeros reproches. Cuando las cámaras se apagaron y los referentes de la coalición gobernante no pudieron más que lanzarse a analizar el veredicto de las urnas, hubo amagues de salir a buscar a los culpables de la debacle.

El silencio de Cristina en el escenario habló por sí solo. Las caídas siempre son de los otros. Es cierto que ella de algún modo vio venir el caos electoral y por eso se la notaba nerviosa: hace tiempo que le pide cirugía mayor a su socio. "La escucharon poco o no la escucharon. Y acá estamos", decía un miembro de La Cámpora que a veces habla como si ella y ellos no fueran parte del mismo proyecto.

Los cuestionamientos públicos, pero sobre todo privados, van desde el manejo de la economía hasta las fiestas en Olivos durante la cuarentena, que hundieron la imagen presidencial a niveles inéditos para un Presidente. La crisis económica no necesita explicaciones. Siempre se vota en mayor o menor medida con el bolsillo. El cumpleaños de Fabiola Yáñez y la Vacunación VIP podrían haber influido. La constante celebración que hace la Casa Rosada sobre la política de vacunación es indisoluble de aquellos acontecimientos. La fiesta en Olivos fue un hito: se habló de las fotos y de los videos en ámbitos que escapan a la política. No podía ser gratis, asumen ahora en la intimidad del poder.

En sus primeros comentarios en off the record, el cristinismo deslizó que habrá que meter mano en la administración antes de que sea demasiado tarde. Nadie estaría pensando en ganar las elecciones generales del 14 de noviembre, como dijo Alberto en su discurso. Hablan de otra cosa. De la experiencia de 2013, cuando la oposición ganó las legislativas y dos años más tarde Mauricio Macri se convirtió en jefe de Estado. Aquella victoria que sufrió Daniel Scioli marcó como un trauma a la familia Kirchner. En eso también se piensa. El frente judicial de los Kirchner podría transformarse en una tormenta perfecta.

Cristina viene exigiendo cambios radicales en el Gabinete y en la política económica. Al menos media docena de ministros no goza de su clemencia. La situación de Santiago Cafiero, el jefe de Gabinete, podría volverse demasiado débil. Es el dirigente más cercano a Fernández y Cristina nunca lo quiso. Ella también está celosa de las negociaciones que Martín Guzmán lleva adelante con el Fondo Monetario Internacional. Lo ve con un perfil muy pro FMI. "Es mi enemigo", llegó a decirle a Alberto en una discusión.

Guzmán trabaja en un acuerdo a diez años, con cuatro años de gracia en los que el país no pagaría ningún vencimiento de los 44 mil millones de dólares que se enviaron en la gestión de Macri. Para la vice es insuficiente. Pide un plazo de 20 años, que está prohibido por los estatutos del FMI. Para demostrarle al Fondo que la deuda es impagable, la ex presidenta quiere un acuerdo con la oposición, en el que hace tiempo trabajan Sergio Massa y Máximo Kirchner.

Un triunfo en la PASO hubiera obligado a Juntos por el Cambio a sentarse a dialogar. La derrota le da aire a la oposición, que preferiría evitar la discusión. Horacio Rodríguez Larreta, que nunca reniega del diálogo, está bajo el fuego de su propia interna. Los halcones siempre muestran los dientes. Más allá de ser el gran ganador de las primarias, nadie se encolumnará sin chistar detrás suyo. 

Alberto esperaba salir airoso de las primarias para que esa presión cristinista no fuera tan intensa. Uno de sus colaboradores asumía anoche en privado: “Ya no es que Cristina nos pide cambios. Estamos obligados a un giro completo para que el desastre electoral no sea peor en dos meses”. El revés en las urnas podría provocar, incluso, pases de factura del albertismo a la gestión de Axel Kicillof.

El Conurbano tampoco fue el bastión de Cristina. Aun en los sectores duros donde logró imponerse, Victoria Tolosa Paz no sacó la distancia que necesitaba para compensar los números del interior de la provincia. La Matanza es el mejor ejemplo: podría ser la elección que menos gente asistió a votar desde el regreso de la democracia.

El resultado, un batacazo que va más allá del territorio bonaerense e incluso de las otras cuatro provincias grandes del país, no solo condicionará el camino hacia las generales. Si cuando se vuelva a votar se ratifica el escenario podría abrirse un enorme interrogante rumbo a 2023. Los que pensaban en impulsar la reelección de Alberto se toparon con un paredón. Y los que sueñan con opciones más ultra (Axel Kicillof o el propio Máximo) deberán repensar su estrategia.

Un referente de La Cámpora contaba anoche por chat que los cambios tienen que ser drásticos, rápidos y que reflejen que se tomó nota de la contundencia del golpe electoral. Otros sectores del oficialismo preferirían ser más cautos. “Cualquier paso en falso nos condenaría a seguir perdiendo popularidad, Hay que evaluar bien hacia dónde queremos ir”, decía un colaborador de Alberto. Las charlas comenzarán hoy mismo. La crisis así lo requiere. 

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