Alberto Fernández tras el golpe de las PASO: la resistencia de un presidente abrumado

POLÍTICA Por Eduardo van der Kooy para Clarin
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 El kirchnerismo no disimula las diferencias y pide cambios con los ejemplos de las derrotas en 2009 y 2013. Desde la Rosada reciben los mensajes, pero por ahora aguantan. La carrera contra reloj entre dos bandos en pugna.

 
Un gesto, antes que muchas palabras que brotan en el teatro político alcanzan para mensurar el grado de alejamiento que existe ahora entre Alberto Fernández y la columna vertebral de la coalición oficial, el kirchnerismo. El Presidente reapareció este martes públicamente, luego de la debacle electoral, en un acto en Almirante Brown. Estuvo ladeado por Santiago Cafiero, el Jefe de Gabinete, y Sergio Massa, el titular de la Cámara de Diputados. Luego almorzó con intendentes. No participó Axel Kicillof, el gobernador de Buenos Aires. Lo acompañó hasta la semana pasada en todos los actos realizados en el principal distrito electoral. 

La ausencia multiplicó su significado después de una derrota que crispó a Cristina Fernández. Axel es discípulo indiscutido de ella. Es, por otro lado, quien vino marcando en privado disidencias repetidas con el rumbo económico de Martín Guzmán. Los k concluyeron, tras el primer análisis de la jornada aciaga del domingo, que el impacto electoral negativo, sobre todo en Buenos Aires, respondió a la disconformidad popular por la caída de sus salarios y el empeoramiento general de la calidad de vida.

Entienden el condicionamiento que representa la pandemia. No justificarían, sin embargo, la estrategia del Gobierno que nunca empardó a los ingresos con la escalada inflacionaria. Con el 2.5% de agosto superó el 51% interanual. El gobernador atesora un pensamiento que desgranó uno de sus ministros. Andrés Larroque, de Desarrollo Social, criticó la idea de hacer un equilibrio “entre las necesidades de la gente y las corporaciones”. Le reclamó “reflejos” al Presidente. Ese funcionario es miembro de La Cámpora. Leal, en especial, a Máximo Kirchner. ¿Piensa algo diferente el hijo de la vicepresidenta?.

Larroque avanzó sobre un tópico que abruma a Alberto. Recordó que Cristina, tras perder las legislativas del 2009 y 2013, “reemplazó al Jefe de Gabinete y al ministro de Economía”. La primera víctima de aquel tiempo fue precisamente Massa, que había sustituido a mediados del 2008 a Alberto Fernández. Al tigrense lo promocionan ahora para retornar al cargo en lugar de Cafiero. La interminable política circular de la Argentina.

Aquellas referencias de Larroque valdrían tanto como el hondo silencio de Cristina, desde que el domingo por la noche, a puro disgusto, abandonó el estrado montado para celebrar. El Presidente no ignora el sentido de esas señales pero hasta ahora parece decidido a resistir. Comparte la visión acerca de que la economía fue clave en la derrota. Aspiraría a ofrecer respuestas con el equipo que lo acompañó hasta aquí.

Existe entre los bandos en pugna una carrera contra reloj. Los K estiman que la respuesta debiera ser inmediata o cercana. A medida que pasen los día retornará la dinámica de la campaña para las elecciones definitivas del 14 de noviembre. Un cambio a mitad de camino podría ser perjudicial y hasta desatar una crisis adicional a la que provocó la debacle del domingo.

El Presidente parece sufrir el síndrome de los mandatarios vencidos. Le pasó a su adversario, Mauricio Macri, después de las PASO de agosto del 2019. Suponen que todo debería continuar igual. Con maquillajes. Alberto sigue repitiendo una frase poco original: “Hemos escuchado el mensaje de las urnas”, asegura. Los interrogantes que surgen son los de siempre. ¿Qué estaba escuchando hasta el domingo por la noche? ¿En qué microclima se había o lo habían introducido?

Al margen de las razones económicas, ¿Nadie le planteó los errores en la política sanitaria para enfrentar la pandemia? ¿Todos creyeron que el Vacunatorio VIP había sido saldado con la cesantía del ex ministro de Salud, Ginés González García? ¿Nadie le marcó el horrible manejo público que había hecho del escándalo del Olivosgate?

El cumpleaños de Fabiola Yáñez en Olivos, en julio del 2020, en medio de la cuarentena estricta. En el kirchnerismo esas críticas circulaban. Pero la obnubilación con en el relato, aquella militancia territorial que sobrevaloran y el liderazgo de Cristina hizo suponer que serían suficientes para sobrellevar el desafío.

Sin querer, con seguridad, Cafiero da con sus palabras razones para cavilar si está en el lugar adecuado en esta instancia. Al Jefe de Gabinete le preguntó una periodista por qué creía que tanta gente votaba a Juntos por el Cambio. “Porque los medios no hacen repreguntas a sus dirigentes”, explicó. Un pasante de Ciencias Políticas hubiera resultado más solvente.

En la competencia por los desatinos alguien lo superó. Emilio Pérsico, del Movimiento Evita, funcionario en Desarrollo Social del ministro Juan Zabaleta, sostuvo que el oficialismo no se percató del fenómeno social que se avecinaba “porque los encuestadores son estafadores”. No se enteró que, al menos tres consultoras, advirtieron la posibilidad de una victoria opositora en Buenos Aires. Mucho más alarmante que eso: el dirigente social, por años piquetero, desconoce que ocurre a su alrededor. O, tal vez, a su alrededor las cosas no estarían tan mal como en el resto del país.

Fuego ¿amigo?​

El fuego kirchnerista surge en estas horas, incluso, desde flancos marginales. El ex ministro de Economía, Amado Boudou, que purga una condena por cohecho y conductas incompatibles con la función pública, también arreció contra Guzmán. A juicio suyo, se trata de un ministro que se ocupa de las finanzas pero no de la economía. Que habría tomado un rumbo distinto al señalado por el Presidente en la campaña. Extravagante interpretación.

A diferencia de lo ocurrido con Larroque, a quien nadie replicó, las opiniones de Boudou sufrieron el cruce de Matías Kulfas, el ministro de Producción. “Ojalá hubiéramos tenido la situación macroeconómica y externa que tuvieron en esa época”, sostuvo. El kirchnerismo no acostumbra a reparar en la historia. Tampoco en que la realidad hace añicos las fórmulas que en algún tiempo pudieron brindar satisfacciones. El presente es casi siempre el pasado.

El ejemplo que más revisan ahora es el modo que Néstor y Cristina Kirchner lograron recuperarse de la caída en 2009. Reparan en la Ley de Medios, el Fútbol para Todos y la Asignación Universal por Hijos. Pasan por alto los aspectos centrales: el crecimiento de la economía a partir del 2010 -superadas la crisis del campo y de orden internacional- y el impacto emocional colectivo que produjo la repentina muerte del ex presidente. Usinas del posterior arrasador triunfo de Cristina en el 2011. Se puede agregar un tercer factor: el desgajamiento opositor, que ahora no sucede.

El Presidente pretende que el desacople con el kirchnerismo no se note tanto. Apura medidas distributivas ($ 60 mil millones más de emisión por encima de los 600 mil millones de este 2021) que, al parecer, no estaban en los planes de Guzmán. Al menos, en el Presupuesto que se dispone a presentar en el Congreso en los próximos días. ¿Soportará el ministro esas novedades? ¿Podrá Alberto conducir en este tramo una economía paralela? ¿No detonará una crisis peor en tránsito hacia las legislativas?

Son preguntas sin respuesta. La composición de lugar del Gobierno era muy diferente hasta que el domingo fueron abiertas las urnas. Tanto lo era, que Guzmán ordenó gastos para modernizar el Ministerio de donde, al parecer, no tenía pensado emigrar.

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