¿Podrá el pago de US$ 1.900 millones al FMI contener al dólar por 53 días?

ECONOMÍA Por Daniel Fernández Canedo para Clarin
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 El Gobierno lo considera la señal más contundente para un posible acuerdo con el FMI. En el Presupuesto 2022 de Martín Guzmán se contempla un financiamiento por US$ 10.500 millones del BID y el Banco Mundial, que sería inviable sin el OK del Fondo.

 
Dentro y fuera del Gobierno crece la expectativa sobre lo que pase con el dólar en los 53 días que faltan para las elecciones legislativas del 14 de noviembre. 

El Gobierno perdiendo las PASO, la carta de la vicepresidenta Cristina Kirchner cuestionando a fondo la estrategia de campaña del presidente Alberto Fernández y los cambios en el Gabinete tuvieron como telón de fondo un Banco Central vendedor neto de divisas para abastecer la demanda en el mercado cambiario.

El viernes 17 de septiembre el Central puso sobre la mesa US$150 millones y el lunes siguiente otros US$90 millones para seguir el martes, dentro de un marco de mayor tranquilidad, teniendo que vender sólo US$ 40 millones.

Aunque más atemperada, la demanda superó a la oferta en un mercado con un solo vendedor: el Banco Central, que debe hacer frente a las compras del mercado con las reservas.

Tanto el ministro Martín Guzmán como el presidente del Central, Miguel Pesce, confían en una señal que darán en 48 horas en el intento de convencer al mercado sobre la intención oficial de evitar un salto cambiario en el corto plazo.

Para ellos, y también para la Casa Rosada, esa señal supuestamente salvadora será el pago el jueves de US$1.900 millones al Fondo Monetario Internacional.

Sin estridencias, para no agitar a los voceros kirchneristas que reniegan en voz baja por tener que pagarle al organismo con los Derechos Especiales de Giro (DEGs) que el propio organismo le transfirió a la Argentina para atender los mayores gastos por la pandemia, el pago genera una señal de moderación.

En medio del tembladeral político que vive el Gobierno por la derrota electoral, mantener quieto al dólar pasa a ser el principal activo en materia económica que tiene la Casa Rosada que, entre otras cosas, le permite alardear con una batería de medidas desesperadas destinada a que más gente tenga más plata en el bolsillo para gastar hasta noviembre.

Proclamar abiertamente que se aumentará el gasto público con fines electorales abre una carrera vertiginosa para poner plata en el bolsillo de la gente, pero también por garantizar la estabilidad cambiaria que impida que los pesos se los lleve una suba del dólar o de la inflación.

Un punto a favor de la estabilidad es que, en opinión de los economistas, el Gobierno no tiene otra alternativa que llegar a un acuerdo con el FMI a fin de año si no quiere perder todas las reservas.

Un riesgo de estos días es que el Central termine el año con los US$3.000 millones de reservas netas con que comenzó.

Con la entrada de los DEGs del FMI, las reservas netas tocaron US$10.300 millones, pero después bajaron a US$8.900 millones y el jueves bajarán otros US$1.900 millones cuando le paguen al Fondo.

La necesidad de llegar a un acuerdo con el organismo internacional ni bien pasen las elecciones se basa en que en marzo la Argentina debe pagarle US$4.000 millones que son una parte de los US$18.000 millones que vencen a lo largo de 2022.

Dos de los temas centrales para llegar a algún tipo de acuerdo para que el FMI otorgue un nuevo préstamo para pagar lo que vence, son el fiscal y el cambiario.

El primero tiene un condicionante de corto plazo en la crítica de la vicepresidenta Cristina Kirchner al ministro Martín Guzmán por haber expandido poco el gasto público en la segunda parte del año.

Pero ya en el Presupuesto que presentó Guzmán, contempla un financiamiento de US$10.500 millones proveniente de organismos internacionales como el BID y el Banco Mundial que sería inviable sin algún tipo de acuerdo con el FMI.

El tema cambiario, por su parte, está bajo presión por la expectativa del mercado sobre que una vez pasadas las elecciones, sobrevendrá una modificación en materia cambiaria sea por la aceleración del ritmo de depreciaciones diarias del peso o por algún salto devaluatorio.

Pero hay otro elemento que presiona y que son las importaciones.

Desde marzo en adelante las importaciones crecen a un ritmo sensiblemente mayor que las exportaciones, y tocaron en junio el punto más alto de US$5.909 millones con una suba de 79% respecto al mismo período del año anterior.

Desde ya que buena parte del salto importador está relacionado con el mayor nivel de actividad respecto del año pasado, pero también por el hecho de que comprar partes y productos, o pagar obligaciones con el exterior al dólar oficial, es hacerlo al precio más bajo posible.

La apuesta del Banco Central es ir cerrando la mayor cantidad de hendijas por donde se le pueden escapar las reservas hasta fin de año, en una verdadera carrera defensiva contra el tiempo en un mercado desequilibrado por la menor entrada estacional de divisas de la exportación.

La brecha entre el dólar mayorista ($ 98,47) y el blue de $184 marca una brecha cambiaria de 87%, tal vez estabilizada pero que difícilmente pueda apuntar a la baja en las próximas semanas.

A 53 días de las elecciones de medio término, el oficialismo aún sorprendido por una derrota contundente en las primarias, apunta ahora a generar una lluvia de pesos en el intento de recuperar votos y la sensación de vértigo va en ascenso. 

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