Ishii amenaza a los medios y el Presidente aplaude

POLÍTICA Por Fernando González para Clarin
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El miércoles 15 de septiembre, tres días después de la derrota en las PASO, nadie encontraba a Alberto Fernández. Ya había pasado el mediodía y los rumores sobre cambios en el gabinete arreciaban. Decían que estaba escuchando los gritos de Cristina; que planificaba una revolución moderada con Sergio Massa o que estaba deprimido y solitario, comiéndose una picada en la Quinta de Olivos. Nada de eso. La verdad se supo a los pocos minutos cuando un posteo de Twitter lo mostró de animada charla con el intendente de José C. Paz, el enigmático Mario Ishii, quién había subido la foto junto al Presidente con el fondo verde del parque de su casa en Pilar. 

Poco se dijo sobre ese extraño encuentro entre Fernández e Ishii. Pero la razón fundamental es que el Presidente quería conocer de primera mano porqué el Frente de Todos, encabezado por su candidata (Victoria Tolosa Paz) había recibido una paliza histórica en la Primera Sección Electoral, la que agrupa a municipios de la zona norte y oeste del Gran Buenos Aires. Las dos listas de Juntos por el Cambio le sacaron allí más de cuatro puntos de ventaja, con victorias aplastantes en San Isidro y Vicente López, y otras más inesperadas en Tigre, San Martín y Morón.

Ishii le dijo a Fernández lo que todos ya sabían en el peronismo. Que, además del voto contra las vacunas VIP, el deplorable manejo de la pandemia y el derrumbe de la economía, se sumaba el esfuerzo mínimo de muchos intendentes del Conurbano por la discordia que mantienen en el territorio con La Cámpora y con Máximo Kirchner. Ishii presume de ser un especialista en detectar anormalidades electorales. En 2009, tras la derrota de la lista que encabezó Néstor Kirchner contra Francisco de Narváez, prometió salir a “cazar traidores” entre los Barones todopoderosos del GBA.

Jamás cazó ningún traidor, pero sus modos de caudillo lo convirtieron en un personaje de culto y una debilidad para algunos peronistas impresionables como el Presidente. A fines del siglo pasado, lo convenció a Eduardo Duhalde de separar el histórico municipio de General Sarmiento en tres comunas más chicas.

“Ahí no podemos perder; son tres intendentes más para el peronismo”, era el argumento invencible de Ishii. Él se quedó con José C. Paz, que lo reeligió en cinco oportunidades. El PJ también plantó bandera en Malvinas Argentinas, pero no pudo colonizar San Miguel, que Joaquín De la Torre ganó para la oposición y que hoy administra Jaime Méndez.

Hijo de un inmigrante japonés y de una santiagueña, a la que hizo intendenta por unos días cuando viajó al país de su padre, y portador permanente de una chalina bordó a modo de poncho, Ishii se permite algunos exabruptos que el peronismo le celebra cuando quiere rememorar a John William Cooke y soñarse de nuevo como el hecho maldito del país burgués. Claro que la épica se destiñó un poco cuando se viralizó un video con Ishii admitiendo que hacía la vista gorda cuando las ambulancias "transportaban falopa".

El último hit fue el lunes pasado, cuando Ishii volvió a ser el anfitrión de la cúpula malherida del Frente de Todos. “Les pido a los medios que tengan piedad del pueblo porque un día el pueblo se va a levantar contra los medios”, amenazó desde un escenario montado en la Universidad de José C Paz. Con la marca de la derrota todavía humeando en sus frentes, Alberto y Axel Kicillof aplaudían ignorantes del peso institucional de los cargos que les dio la sociedad.

Echarle la culpa a la prensa por el cataclismo que castigó al peronismo en las PASO es un vino añejo de la casa. Lo usaron Menem y Duhalde cuando las cosas les salieron mal, y lo perfeccionaron Néstor Kirchner y Cristina, que acudieron a los servicios de jueces, fiscales, agentes de la AFIP y hasta de gendarmes cuando quisieron convertir a los periodistas en culpables de sus propios desatinos.

Por suerte para la libertad de expresión, existen voces valientes como las de Fernanda Vallejos. Sin miedo y por WhatsApp, la diputada kirchnerista se ocupó de aclarar que la derrota que nunca vieron llegar aquel domingo era absoluta responsabilidad del Presidente, del ministro Martín Guzmán y del ahora canciller Santiago Cafiero, a los que insultó con manejo inolvidable del idioma. Alguna vez, habrá que reconocerle ese temple de acero que sin dudas le hubiera envidiado Mariano Moreno.

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