El plan “más platita en el bolsillo” llega cuando quedan pocos recursos en las cajas del Gobierno

ECONOMÍA Por Daniel Fernández Canedo para Clarin
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Daniel Gollán, candidato a diputado por el Frente de Todos por la provincia de Buenos Aires, sintetizó con claridad el plan oficial para dar vuelta la derrota de las PASO en la elección legislativa del próximo 14 de noviembre. 

Sintetizó Gollán: "la foto de Olivos con un poco más de platita en el bolsillo es otra cosa", dejando en claro su opinión sobre el efecto negativo en el electorado de la foto del cumpleaños de Fabiola Yáñez en la Quinta presidencial de Olivos en tiempos de cuarentena estricta y con la presencia del presidente Alberto Fernández.

Aunque no lo explicita, para el candidato, el resultado hubiese sido distinto si el Gobierno hubiese gastado más en mejorar las jubilaciones, aumentar la Asignación Universal por Hijo, elevar el piso del cobro del impuesto a las Ganancias, subir el salario mínimo y dar créditos a tasa cero además de regalar electrodomésticos. Clientelismo político a la orden del día y con un mensaje doloroso para la importante porción de la población que la pasa mal por el empobrecimiento y la falta de empleo que vive la Argentina estancada de los últimos once años.

Haciendo un paralelo, la supuesta picardía de Gollán se puede inscribir dentro del reproche de la vicepresidenta Cristina Kirchner al ministro Martín Guzmán por el ajuste de las cuentas públicas que realizó en la primera parte del año y que fue, a su entender, uno de los argumentos que explicaron la derrota electoral en las PASO.

Guzmán dijo que "en ningún momento hubo ajuste fiscal. Hubo una reducción del déficit, que es distinto". Para el ministro, sacarle ingresos y capacidad de ahorro a parte de la población no es un ajuste sino es llenar la caja del Estado. Muy curioso. Además, afirmó que ahora los salarios deben crecer por encima de la inflación. ¿Será por decreto?

Un ajuste de las cuentas fiscales es precisamente reducir el déficit que, en la primera parte del año y como lo señala Guzmán, estuvo apoyado en sacarle fondos al sector privado para abastecer al Tesoro.

Buena parte de la mayor recaudación se generó en tres circunstancias, dos de ellas excepcionales: los altos precios de los granos a nivel mundial (soja de US$520 la tonelada, un ejemplo) y el cobro del impuesto extraordinario a los más ricos.

Los precios altos de los granos permitieron un salto en la recaudación vía las retenciones a las exportaciones y el impuesto a los ricos llevó al Tesoro una cifra impensada a comienzos de año.

La tercera causa, y seguramente la más dolorosa, es que la trepada de la inflación jugó un doble rol: por un lado, mejoró la recaudación vía el IVA y, por el otro, licuó el pago en jubilaciones y pensiones, que explican el 60% del gasto corriente.

El año comenzó con el compromiso oficial de indexar el tipo de cambio para que no es atrase, con una meta de inflación de un 29% y la regla no escrita de que los salarios crezcan en torno a un 30%.

En ese momento, la Argentina comenzó a sentir que el mayor ingreso de dólares por las exportaciones del sector agropecuario podría aportar entre US$10.000 y US$12.000 millones adicionales respecto del año anterior.

Y ese dato lo captó claramente el Gobierno que, ante la suba de la inflación, recurrió al esquema tradicional de intentar atrasar el dólar para moderar el aumento de los precios de los alimentos, en el intento de mejorar el poder de compra de los salarios.

Guzmán empezó a hacer subir el dólar oficial a un 1% mensual frente a una inflación de un 3%, pero el financiamiento de atrasar el dólar se tradujo en aumento de las importaciones y en una mayor intervención del Banco Central con vistas a frenar la suba de los dólares libres.

En los últimos 90 días, el Tesoro comenzó a demandarle más pesos a un Banco Central que llevó al límite la capacidad de emitir pesos que fija su Carta Orgánica.

La salida, para seguir emitiendo, fue el artilugio de darle dos destinos a un aporte extraordinario de Derechos Especiales de Giro que le otorgó el Fondo Monetario Internacional para hacer frente a los gastos de la pandemia: uno fue pagarle en la semana US$1.900 millones al organismo y otro, dotar al Central de capacidad para emitir a cambio de un pagaré de Guzmán sin fecha de vencimiento.

El Central se apresta a terminar el año habiendo emitido todos los pesos posibles y aún más. El plan "la foto de Olivos con un poco más de platita en el bolsillo es otra cosa" que domina al oficialismo promete profundizarse.

Y además, el año del ingreso extraordinario de dólares por la "santa soja", apunta a terminar con reservas netas de US$3.000 millones, o sea con más o menos los dólares que tenía el Central allá por el inicio de 2021.

Las cajas de dólares y pesos del Gobierno terminarán el año tocando fondo y ni pensar en que éste evite acelerar algún acuerdo con el FMI para empezar a cumplir en marzo con vencimientos por US$4.000 millones, que son solo una parte de los US$17.800 millones que vencen con el organismo en 2022.

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