El nuevo gabinete acrecentó las tensiones entre los movimientos sociales y La Cámpora

ACTUALIDAD Por Pedro Lacour para La Nacion
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La derrota en las PASO reconfiguró las reglas de juego al interior del oficialismo. Las cartas que hasta el 12 de septiembre estaban sobre la mesa dejaron de tener validez. Por eso, el desembarco de Juan Manzur al frente de la Jefatura de Gabinete obligó a las distintas tribus que conforman el Frente de Todos a barajar y dar de nuevo. Dos de ellas esperan enfrentarse en la siguiente mano: el Movimiento Evita y La Cámpora. Una contienda presente no solo en los territorios, sino también en los pasillos ministeriales. 

Las tensiones alcanzaron temperatura la semana pasada, a partir de los rumores que ubicaban a Fernando “Chino” Navarro siendo desplazado del gabinete. En el entorno del secretario de Asuntos Parlamentarios adjudicaron esas versiones a una operación proveniente de las usinas camporistas. “Si lo rajaban, claramente era porque hubo alguna presión atrás”, deslizaron. Es que, según confirmaron fuentes del Gobierno a LA NACION, apenas asumido, Manzur llamó a Navarro para pedirle que lo “ayude” en la gestión. La foto del sábado de la plana mayor del Movimiento Evita junto al jefe de Gabinete, durante la reunión de la Mesa Nacional de la organización, terminó de ahuyentar todos los fantasmas.

Manzur y Navarro cultivan un vínculo personal y político de larga data. Sin ir más lejos, el responsable del Movimiento Evita en Tucumán, Luciano Chincarini, fue asesor del exgobernador y uno de los principales motorizadores de su última campaña electoral.

“Creemos que La Cámpora quiere aprovechar para liquidarnos en todos lados”, advirtieron desde las filas de la organización que encabeza Emilio Pérsico, quien es funcionario del Ministerio de Desarrollo Social y uno de sus principales referentes. “Siempre condujeron a los palazos, siempre con el objetivo de romper agrupaciones y sumarlas a ellos”, agregaron. En el Evita aseguran que la agrupación que conduce Máximo Kirchner les tiene declarada “la guerra total”, a nivel de que varios dirigentes camporistas bloquearon sus números de teléfono para evitar cualquier tipo de comunicación.

Un hecho reciente escenificó la tirantez mejor que cualquier otro. Una semana antes, en medio de la crisis del Gobierno, el Movimiento Evita llamó a marchar hacia Plaza de Mayo para respaldar a Alberto Fernández tras la presentación en masa de las renuncias por parte de los funcionarios que responden al kirchnerismo. “Me parece un error. No se apuntala un gobierno operando en los medios”, había disparado Navarro apenas conocida la noticia. Sin embargo, a poco de concretarse y por un pedido explícito del propio Presidente, la convocatoria se levantó.

La suspensión buscó evitar que la movilización en el centro porteña fuera interpretada como una manifestación en contra de Cristina Kirchner. El gesto, de todas maneras, ya había hecho efecto. Es de público conocimiento que la relación de la vicepresidenta con el Movimiento Evita hace tiempo que está rota. La reunión secreta –dada a conocer por LA NACION– que mantuvo la vicepresidenta con el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, fue un capítulo más en esa novela. En su despacho del Senado, Cristina le dio instrucciones al exintendente de Hurlinghman de mantener a raya a la organización que lidera Pérsico.

Sin embargo, Zabaleta fue el otro funcionario de primera línea que participó de la reunión de la Mesa Nacional del Movimiento Evita. Los dirigentes sociales lo interpretaron como una señal de acercamiento clara. Sucede que el ministro debe luchar contra quienes lo consideran una pieza clave en la disputa territorial entre la organización y los jefes comunales del conurbano. Los intendentes son otro acto fundamental en el mapa de poder del peronismo. “La presencia del ministro es una señal profunda de unidad para sacar adelante a la Argentina”, señaló, entusiasmado, Gildo Onorato, secretario gremial de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP).

Partido propio

Este fin de semana, el Movimiento Evita y Barrios de Pie sorprendieron con un anuncio: explicitaron públicamente la intención de construir un partido político que reúna a todos los movimientos sociales aliados al Gobierno. “Lo haremos en el marco de la unidad del Frente de Todos, pero expresando el proyecto de país de los movimientos”, precisó ante LA NACION el dirigente social Daniel Menéndez, candidato a diputado bonaerense por el Frente de Todos.

Los movimientos sociales hacen campaña por su cuenta. Ya comenzaron a moverse por los barrios del conurbano en búsqueda de los votos que no fueron al peronismo. Tampoco descuidan aquellos distritos en los que ganaron, como La Matanza, Merlo y Moreno, este último gobernado por Mariel Fernández, del Movimiento Evita. “En términos de territorialidad, la única organización que puede disputarle construcción a La Cámpora somos nosotros”, alardean. Sus militantes ven como un mérito pertenecer a una de las pocas agrupaciones del “campo popular” que “no responde 100% a Cristina”. Aunque saben bien que, a fin de cuentas, la dueña del mazo todavía sigue siendo ella.

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