Un despiste inagotable

POLÍTICA Por Sergio Crivelli para La Prensa
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Después del voto castigo el gobierno destruyó sorpresivamente lo que proclamaba como principal causa de su éxito, la unidad. Los ataques de la vice al presidente demostraron que no confía en el hombre que eligió para el cargo hace apenas dos años y con lógica sorprendente espera que los votantes vuelvan a confiar en alguien a quien ella vapulea. 

Los extraños procesos mentales de la vice son contagiosos. Alberto Fernández, por ejemplo, empezó a exhibirse menos en público para mejorar su imagen pública. O para no empeorarla. Sus voceros en los medios dicen que lo corren del centro de la escena para que no sea el "pararrayos" de la crisis. En otras palabras, le cede la silla eléctrica a Juan Manzur. De mejorar la gestión y resolver la crisis, ni hablar. Confiesan el pecado, pero quieren que de la penitencia se encargue otro.

Por su parte la vice cree o simula creer que las PASO las perdió por gastar poco y presiona al presidente para que ponga plata en el bolsillo de la gente. Ese es su aporte novedoso a la campaña, más allá de presunto intento de hacer trampa que le atribuyen la oposición y los desconfiados de siempre.

En esto también fallan el diagnóstico y la terapia. La causa de la destrucción del consumo es la inflación que erosiona los ingresos fijos y el remedio no son los aumentos de salarios, planes y jubilaciones que llegan siempre tarde. Tampoco los "acuerdos" de precios de la señora Paula Español o del señor Moreno o de quien sea, que se producen después de feroces remarcaciones. Lo que hay que hacer es no destruir aún más la moneda, pero la táctica oficialista consiste en emitir.

Hace 75 años que gobiernos peronistas y no peronistas tropiezan con la misma piedra. A esta altura está clarísimo que no se trata de una lógica económica errada, sino de una patología. Y con la misma táctica probadamente errónea el kirchnerismo quiere dar vuelta la elección. Con esa táctica y con la ritual repartija de bicicletas, electrodomésticos y bolsones de comida entre el pobrerío para fidelizar el voto. Pero el problema no se arregla con dádivas. El kirchnerismo mató el futuro, ese es el problema.

El dúo Fernández-Fernández logró fenómenos impensados como aumentar la imagen positiva de Mauricio Macri. Lo hizo con una receta simple: no gobernar. Desde que entró en la Casa Rosada se dedicó a hacer la plancha en medio de una crisis arrasadora. No armó un plan estabilizador para no pagar costos y hace dos semanas los pagó todos juntos. ¿Supuso que hablando en lenguaje inclusivo la sociedad no notaría la crisis? No hay otra explicación para una conducta que derivó en una derrota aplastante y para el inagotable despiste que exhibe el Presidente.

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