Avanza una dolarización esperada, mientras el Gobierno da señales ante las dudas sobre si habrá una devaluación abrupta

POLÍTICA - ECONOMÍA Por Daniel Fernández Canedo para Clarin
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El dólar blue tocó $187 y volvió a llamar la atención del Gobierno a pesar de que se trata de un movimiento esperado. 

Entre la derrota del oficialismo en las PASO del 12 de septiembre y la proclamada política de "la platita" en los bolsillos de la gente en el intento de recuperar posiciones para la elección legislativa del 14 de noviembre, los operadores de los mercados comenzaron a sacar cuentas.

El Banco Central va camino a terminar el año con el mismo nivel de reservas netas con el que comenzó y la demanda de dólares libres actúa con la estacionalidad propia de las semanas previas a los comicios.

El proceso de dolarización es tradicional y la creencia de que el billete estadounidense es un reaseguro frente a la incertidumbre cambiaria, también. Un tuit reciente del economista Nicolás Gadano lo dejó muy en claro.

Dice: "Los argentinos tenemos US$ 200.000 millones en billetes, el 10% de los dólares en circulación en el mundo, y el 230% de los que están fuera de Estados Unidos. Tenemos en promedio US$ 4.400 billete por habitante frente a US$ 3.083 en USA. ¡Y dicen que nuestro problema es que nos faltan dólares!".

 

 
 

El cálculo deja en claro que al que le escasean los dólares es al sector público, ya que los privados están bien guarnecidos, pero no existen mecanismos de trasvasamiento para que esos billetes ahorrados puedan transformarse en inversión.

La vicepresidenta Cristina Kirchner tiene en claro esa realidad y la expuso a fines del año pasado, cuando consideró que el principal problema de la economía argentina es el bimonetarismo (pesos para las transacciones y dólares a la hora de ahorrar), pero fue poco lo que avanzó hacia un sistema de seducción de aquellos billetes.

La atención de los operadores de estos días gira en torno a cómo será la política cambiaria después del 14 de noviembre, más allá de si el Gobierno recupera o no algo o todo de lo perdido en las PASO.

El interrogante principal es si Martín Guzmán aplicará una devaluación del peso de una vez y en un porcentaje que despeje la idea de cierto atraso cambiario, o si optará por acelerar el ritmo de aumento del dólar oficial que en los últimos meses se dio a razón de 1% mensual, quedando rezagado frente a la inflación.

Si bien el ministro está recibiendo casi diariamente fuego amigo al ser señalado de no aumentar lo suficiente el gasto público (plan "la platita" del candidato oficialista Daniel Gollán) en el intento de ganar las elecciones, sus allegados aseguran notarlo sereno y validando su accionar con una convicción: no habrá una devaluación fuerte del peso.

Bajo ese paraguas los analistas del mercado sugieren seguir de cerca el nivel de las reservas netas del Banco Central, que comenzaron y terminarían el año en torno a los US$ 3.000 millones, un nivel muy justo para sostener el cepo y evitar un estrangulamiento de las importaciones.

Por otro lado, mientras los dólares escasean (el dólar Senebi que es el más libre está en $192) los analistas empiezan a poner la lupa sobre dos temas: las necesidades de pesos por parte del Tesoro y la situación comprometida de la titular del Fondo Monetario Internacional de la que trascendió, por la agencia Bloomberg, que la secretaria del Tesoro de los EE.UU, Janet Yellen, no le atendería el teléfono.

Los vencimientos de obligaciones en pesos rondan los $200.000 millones por mes hasta fin de año, pero a partir de febrero de 2022 saltan a entre $400.000 y $500.000 mensuales, un nivel importante que según los expertos el Tesoro no estaría en condiciones de subir a menos que recurra a una suba considerable de la tasa de interés.

En ese punto reside el nudo gordiano de Guzmán: no quiere devaluar más rápido ni tampoco subir la tasa de interés para hacer más atractivas a las colocaciones en pesos, y todo pasa mientras su jefa política le pide que abra el monedero y libere más pesos antes de las elecciones.

El reaseguro de una devaluación pausada tendiendo a bajar la brecha y a acortar el déficit fiscal es el tan meneado acuerdo con el FMI para conseguir un préstamo que permita refinanciar los US$18.000 millones que vencen en 2022.

Ese posible acuerdo estuvo a punto de cerrar a comienzos de este año y naufragó cuando Guzmán propuso reducir los subsidios a las tarifas de luz y gas e intentó despedir al subsecretario de Energía Eléctrica pero no lo logró.

La lógica indica, al no tener la plata para pagar, que el entendimiento con el FMI avanzaría después de las elecciones, pero ahora cuenta con dos complicaciones políticas sensibles de las dos cabezas principales de la negociación.

A Martín Guzmán el jefe de la Cámpora, Máximo Kirchner, le cuestionó en nivel de gastos del Presupuesto y le advirtió que lo modificarán.

Y Kristalina Georgieva está cuestionada por una supuesta manipulación de un ranking de países en favor de China cuando era directora del Banco Mundial.

En el caso del FMI, los pasos decisivos de la negociación podrían pasar a manos de Ilan Goldfjan quien fuera presidente del Banco Central de Brasil (un ortodoxo partidario de las metas de inflación) que asumirá como jefe del Hemisferio Occidental del organismo en enero próximo.

Goldfjan ya mantuvo contactos en Buenos Aires y algunos de los interlocutores destacan su conocimiento sobre la economía argentina, y también su convicción sobre la necesidad de hacer cambios después de fin de año

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