La devaluación después de las elecciones: buscan cómo protegerse

ECONOMÍA Por Daniel Fernández Canedo para Clarin
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Los mercados apuestan a una devaluación del peso después de las elecciones legislativas del 14 de noviembre. 

Y esa apuesta en medio de una marcada incertidumbre sobre el futuro económico encuentra coincidencia en un punto: el Banco Central cuenta con las reservas suficientes como para sostener el cepo cambiario y la estabilidad del dólar oficial hasta fin de año.

En una estrategia de "paso a paso" en medio de la tormenta después de la derrota del oficialismo en las PASO de septiembre, el tándem del ministro Martín Guzmán y el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, dosifica los dólares de las reservas, pero no puede evitar que en estos días el saldo de la rueda cambiaria tenga signo negativo. En cuatro días de octubre vendió US$ 200 millones.

Un economista muy escuchado como Carlos Melconian asegura que el Central llegará a fin de año con reservas líquidas negativas y otros de sus colegas estiman que las "netas" apenas superarían los US$ 2.000 millones en diciembre.

En ese contexto, la discusión dentro y fuera del Gobierno es de qué forma y magnitud será el ritmo de devaluación que aplicará el Banco Central después de noviembre.

Los funcionarios ratifican su intención de no aplicar un salto cambiario y mantener la política de suba diaria del dólar oficial aun cuando decidan ajustarla para que siga más de cerca la marcha de la inflación.

La defensa oficial contra una devaluación brusca se basa en el impacto inflacionario que provocaría en un contexto en el que el costo de vida apunta a una suba anual de 48/50 por ciento y sin expectativas claras de desaceleración.

Frente a la incertidumbre tanto las empresas como la gente en general busca cubrir sus ahorros y en esta oportunidad no sólo por medio de la compra de dólares que es el mecanismo tradicional de los períodos preelectorales.

Dólar o inflación

Además de los tradicionales billetes que muchos argentinos fueron juntando a lo largo de los años (siempre se recuerda que hay atesorados y fuera del sistema financiero unos US$ 200.000 millones), la cobertura de estas semanas oscila en torno a si será más rentable colocar los pesos en instrumentos atados al dólar o a la inflación.

Las compañías y mayoristas que realizan operaciones de comercio exterior se inclinan por las letras dolar-linked para proteger sus balances, pero tal vez no sean lo más rentable.

En un ejercicio, Federico Furiase, experto en finanzas, define un escenario en el que los instrumentos dólar-linked aventajaría a los atados a la inflación (letras, Lecer con vencimiento en abril 2022) hasta comienzos del año próximo pero que después el resultado podría revertirse.

En otras palabras, un sendero para defender los pesos sería primero protegerlos de un salto cambiario y, en caso de que se concrete, salir rápido y atarse a una inflación que se considera seguirá siendo rebelde.

Ese supuesto del mercado abre una cantidad de interrogantes de peso sobre la política económica del Gobierno gane o pierda las elecciones.

Pensar en cómo y cuánto devaluar el peso implicará ponerlo en un contexto de alta distorsión de precios donde el atraso de las tarifas domiciliarias de luz y gas o del transporte, que en 8 meses de este año crecieron menos de 10%, contrasta con los aumentos de 60% a 70% de los materiales de la construcción, los autos o la carne. Y aún con el 28,3% de la dosificada suba del dólar mayorista.

Ese galimatías de la política de precios se profundiza ante la expectativa de devaluación ante la creencia de que el gobierno no podría mantenerla al carecer de dólares para apuntalar un atraso relativo del dólar con la consiguiente brecha cambiaria de 80% y la masa creciente de subsidios a la energía.

Tanto un salto cambiario como la aceleración del ritmo de minidevaluaciones se inscribirán en un supuesto acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que en los últimos días entró en zona de turbulencia interna a partir de las críticas del diputado Máximo Kirchner.

Dijo que "cada dólar que se paga al FMI es un dólar menos para el pueblo" pocos días antes a que el ministro Martín Guzmán viaje a Washington para continuar con las prolongadas y difusas conversaciones sobre un supuesto acuerdo para refinanciar los US$ 18.000 millones que vencen el año próximo con el organismo.

Con Máximo Kirchner, tradicional vocero de su madre la vicepresidenta Cristina Kirchner, diciendo en medio de la campaña electoral que no quiere pagarle al FMI suma incertidumbre sobre el oficialismo alcanzará una posición única para negociar en el frente externo.

A suma de incertidumbres ser agregan los rumores sobre un posible cambio de equipo económico con Sergio Massa a la cabeza y Martín Redrado al frente del Banco Central todo después de diciembre y de un posible retoque cambiario que debería dejar como legado Martín Guzmán.

El rumor que lleva semanas dando vueltas choca en un punto con otro conflicto clave: el distanciamiento de Alberto Fernández con Massa y la relación de este último con el jefe de Gabinete, Juan Manzur quien, a su vez, sólo confía a pleno en su vicejefe, Jorge Neme y éste asegura tener una muy buena relación con Martín Guzmán.

En medio de esta hoguera de vanidades se entiende más porqué los tenedores de pesos buscan como protegerlos.

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