Oficialismo desinflado, clamor por Mauricio Macri y la interna Martín Insaurralde vs. Axel Kicillof

POLÍTICA Por Ignacio Zuleta para Clarin
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El 14-N: postales al borde del abismo 

El oficialismo ensaya movimientos precompetitivos para adaptarse al resultado de las elecciones legislativas. Se convence ya de que deben adoptar modos de minoría y abandonar el método del garrote y la zanahoria. El público ha votado en contra de ese formato, que ha dividido al peronismo en los hechos, aunque no todavía en las formas. La derrota en las primarias obedece a esa división de fondo, que le ha hecho perder al peronismo la capacidad de convocatoria que le había permitido, unido, recuperar el gobierno nacional en 2019.

Esta semana oficialismo y oposición harán cierre de campaña en el Congreso. El martes sesionan los diputados, con el oficialismo ya domesticado, por su nueva realidad sin el quórum asegurado. Debió acordar con la oposición un temario que incluye proyectos de los dos sectores. Será una sesión larguísima, llena de reproches, cuestiones de privilegio y apartamientos del reglamento. La oposición quiere aprovechar los resbalones del oficialismo -"mapuches", control de precios, clientelismo- para hacer músculo y mostrar sus consignas por última vez en el recinto.

Aborígenes que unen y dividen a la oposición

En el Senado la domesticación es más profunda: el jueves se sesiona con un orden del día negociado con la oposición en una reunión de Labor Parlamentaria. Este método es el habitual en un Congreso normal, pero desde que Cristina de Kirchner asumió la vicepresidencia se llevó a cabo sólo dos veces y sin su presencia. Tambalea el quórum, que en la última sesión se logró gracias a que bajaron de un avión interparlamentario a varios legisladores del oficialismo.

Se animan a una sesión ordinaria -es decir con menú negociado- por la prórroga de la ley de la emergencia de tierras, que tradicionalmente ocupan las comunidades aborígenes: da nuevo plazo para que se haga el inventario que permitirá regular ese conflicto. Vence en noviembre y divide a la oposición, brecha que quiere aprovechar el oficialismo. El PRO quiere votar en contra ese proyecto, mientras que los radicales están para aprobarlo quizá con modificaciones. Creen que votar en contra por el conflicto con los “mapuches” en el Sur compromete los efectos de una norma que se aplica de manera pacífica en otras provincias.

Después de la crisis del quórum y de haber tenido que ceder la presencialidad al cabo de dos años de virtualidad forzada, esta división de la oposición les justifica el intento. El peronismo del Senado debate desde hace meses el formato pos cristinista -lo describimos en la columna “¿Cuál será el rostro del poscristinismo?”

La puja por el voto "brecha" de los migrantes

La prisa por mostrar recetas de urgencia ante la desgracia electoral llama a los demonios. El oficialismo apuró el dictamen de un aumento del mínimo no imposible de Bienes Personales, que espera que todos apoyen porque es simpático algo así antes de las elecciones. Algunos opositores, como Martín Lousteau, querrían que ingrese por Diputados porque afecta impuestos -es cámara originaria-. Como es una corrección de la alícuota y no un nuevo tributo, pueden dejarlo pasar.

Es una buena oportunidad para una misión difícil de la oposición: explicar en la superficie de la campaña los efectos de la brecha cambiaria entre el pobrerío de votantes extranjeros, que envían remesas de dinero a sus países de origen. En Buenos Aires hay unos 860 mil extranjeros en condiciones de votar. Con un dólar real de $ 200 (blue a $ 195 más las tasas por transferencias) se les hace imposible a los migrantes del conurbano el envío de montos significativos a sus familiares.

El voto de los extranjeros suele ser cautivo del intendente de cada distrito, pero la oposición trabaja en estas horas sobre líderes vecinales ligados a las comunidades de peruanos, bolivianos, paraguayos, venezolanos, para explicarles que ese dólar caro es la desgracia que les depara esta economía, y este gobierno.

Clamor por Macri en Dolores: efecto Lula

En la oposición hay menús más riesgosos, como el comparendo de Mauricio Macri en el juzgado de Dolores por un presunto espionaje. Sus seguidores preparan un operativo clamor en esa ciudad bonaerense para acompañarlo. Ya se anotaron Patricia Bullrich y Humberto Schiavoni, los dos caciques del PRO. Van a ser más.

¿Y si Mauricio queda detenido como quiere el oficialismo? Los canallas cantarían bingo, efecto Lula, victimización extrema, invitación a un 17 de octubre, nace una estrella. Pero es difícil que ocurra. O que le guste al personaje. Que tiene previsto estar libre el viernes para aceptar una conferencia en la Bolsa de Comercio de Córdoba. Por las dudas se hizo tratar bien el fin de semana en el coquetísimo hotel Puerto Valle, Ituzaingó, en los esteros correntinos.

Los dirigentes opositores tienen señales gratas del círculo rojo para el post 14-N. Un puñado de empresarios de Santa Fe cenó con Horacio Rodríguez Larreta y los candidatos de Cambiemos, en la noche del viernes pasado en el hotel Los Silos, en el puerto local. Producción de Alejandro Boscarol, Julián Galdeano (UCR) y Álvaro González (PRO) para mostrar que hacen campaña juntos. Lo mismo habían hecho ese día Gerardo Morales y Mario Negri en el almuerzo en “Paladar Negro” de esa ciudad con los postulantes de su fuerza.

Retroceso en Buenos Aires

Es notable cómo la necesidad activa el realismo entre quienes mandan. El renuncio más rotundo del post 12 de setiembre fue el pedido del gobierno de Axel Kicillof a la oposición para que le habilitase alguna normalización del funcionamiento del Banco Provincia. Inimaginable en un peronismo victorioso. La entidad es un organismo loteado políticamente desde siempre.

El peronismo recuperó la Provincia mediante un triunfo amplio en 2019 y se colgó del alambrado para festejar con cierto engreimiento. Cortó las relaciones con la oposición, a la que no le reconoció los acuerdos históricos para designar representantes en cargos del Grupo Bapro o el Tribunal de Cuentas. Con el pase de Juliana di Tullio (reemplaza a Jorge Taiana), el Banco se quedó sin quórum en el directorio.

Kicillof no pensaba dar ese debate, pero Martín Insaurralde -nuevo jefe de gabinete e interventor de la militancia en nombre de los territoriales- le bajó el copete: el Banco trabaja con dinero público. Si se paraliza perdemos todos y aumenta la bronca de quienes ya nos votan en contra. Llamó al arco opositor, encarnado en macristas como Jorge Triaca y Néstor Grindetti y el radical Abad para pedirles "un gesto". Los gestos los tienen que dar ustedes -respondieron- que nos hacen caminar por el desierto, sin agua y con una sardina salada en el morral.

Insaurralde pidió que les autoricen la designación de un director hasta el 10 de diciembre (y no por cuatro años) y discutir todos los cargos -que incluyen vacantes en la Corte de Justicia- a la luz del resultado electoral del 14-N. En pocas horas ya había nuevo director del Provincia, Alejandro Formento, que supo tener una silla algunos meses en 2015 en el Banco Central.

La unidad sindical mira a la oposición

También se agrupan los sindicalistas en la barrera contra el 14-N. La cumbre del jueves 11 de noviembre es una señal dirigida más hacia la oposición que al Gobierno. Creen que viene el tiempo de mostrar la unidad. Será un ciclo de nuevas divisiones del peronismo como efecto del resultado que esperan en las elecciones. Hasta ahora tienen acordado formar una mesa colegiada, a la cual Hugo Moyano llega jibarizado por la división de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte. La conducirá su delegado, Sergio Sasia (Unión Ferroviaria), pero ese sello pierde peso por la migración de los ferroviarios de la Fraternidad (Omar Maturano) y los colectiveros de la UTA (Roberto Fernández).

Con este cisma, el sello es pólvora mojada para cualquier alarde de poder del moyanismo. De esa mesa podrán formar parte desde ya Sasia, Héctor Daer, Guillermo Moser -Luz y Fuerza, patrocinado por los energéticos Oscar Mangone, Antonio Cassia, Guillermo Pereyra-, y Carlos Acuña, de estaciones de servicio, que se referencia en Luis Barrionuevo. En suma, un modelito de unidad a regañadientes pensando en la oposición. Que sea una mesa sin reconocimiento de mando a ninguno de ellos, va en línea con la era de las coaliciones horizontales, pero privilegiando la unidad -como el peronismo y la oposición.

Hacia adentro, sirve también para marcar el territorio ante las organizaciones sociales que amenazan con discutirles espacio en el Consejo del Salario y hasta en los propios gremios. Si los dejan avanzar, temen, peligra su poder como columna vertebral del movimiento. Las organizaciones como la CTEP se presentan como sindicatos, pero no tienen la formalidad necesaria para avanzar en el sistema del Estado. Les falta la definición profesional. Son organizaciones que arrancan desde el desempleo; tiene una personería frágil que intentan superar con el liderazgo que tienen sobre los más pobres.

Caras y caretas

Las previsiones post 14-N alcanzan a comarcas de contrafrente, como son las universidades. El cristinismo viene de perder la batalla contra la reelección del rector de la Universidad de Mar del Plata, Alfredo Lazzeretti. La directora del ANSeS, Fernanda Raverta, empleó todos los recursos de que dispone -en el buen sentido, se entiende-. Se los administra su pareja, Pablo Obeid, que está a cargo de la sucursal local de ese organismo en Mar del Plata.

No pudieron evitar el plano inclinado. Una alianza de radicales y socialistas logró los votos para que se lo reelija a Lazzeretti, por 59 a 47 asambleístas). Festeja Maxi Abad, presidente del Comité Provincial de la UCR y diputado de la coalición Juntos, a la que pertenece su futura vicerrectora, Silvia Berardo. Como signo de los tiempos, el triunfo de esa entente en el estamento estudiantil fue más contundente que en los demás claustros (23 a 5).

La señal es importante porque la campaña del Frente de Todos se basa sobre una apelación a la estudiantina del peronismo. La anima Maxi Kirchner, que simula en público una veteranía que no tiene. Como los chicos en carnaval, se pinta una barba, se pone peluca y habla como el general de mil batallas. "Sabemos ganar y sabemos perder", repite, cuando el cargo que tiene no lo ha ganado; se lo concedió su madre. Si algo advierten los jóvenes es la diferencia entre caras y caretas.

El voto bonaerense vale más que el patagónico

El otro círculo rojo, el de la izquierda de Buenos Aires -que llegó a marcas récord como tercera fuerza en las primarias- agita banderas de fantasía insurgente, exhibiendo el apoyo a los Ortega en Nicaragua o la indiferencia ante los reclamos en el Sur por las ocupaciones violentas en nombre del soberanismo aborigen. Con este y otros gobiernos, de acá y de afuera, los temas de política internacional están siempre al servicio de la agenda doméstica. Si Juntos por el Cambio se indigna por Nicaragua o Venezuela, el Gobierno está forzado a contradecirlo.

No hay que buscar convicciones ni razonamientos ideológicos. Es usar la agenda externa para contradecir a sus adversarios domésticos y buscar alguna identificación con la simbología de la izquierda criolla, que desfila por las calles del centro porteño con banderas y retratos de personajes caribeños a quienes nadie vio nunca por acá. Esas imágenes son una expresión simplificada de su indignación.

El mismo objetivo persigue el silencio oficial ante las quejas de sectores moderados por las ocupaciones violentas de los aborígenes, que se reivindican como mapuches. Si Pichetto le canta loas a Julio A. Roca en la Recoleta, ¿dónde está el negocio de Alberto en abrir el pico en torno a ese reclamo patagónico? El Gobierno prefiere resignar el apoyo que podría tener a una política contraria en las provincias patagónicas.

En esos distritos el peronismo fue derrotado en las primarias, pero el oficialismo valora más el tamaño de la provincia de Buenos Aires, por la cantidad de votos, que el de las provincias del Sur, en donde el rechazo a las ocupaciones se convierte en un tema central del último tramo de la campaña. Es sólo un cálculo numérico, que deja las convicciones en el umbral, porque el peronismo patagónico tiene un compromiso con las reivindicaciones territoriales innegable.

Fotos no, por favor

La guerra al malón termina hiriendo al peronismo de la región, en donde se juega el quórum en el Senado. Pocos quieren estar cerca de la provincialización del conflicto, que precipita el Gobierno nacional al restarle apoyo, por ejemplo, a Río Negro. Alberto hace lo contrario de lo que emprendió con la peste, para desgracia del oficialismo. Cuando estalló el Covid concentró el poder en Olivos y se adueñó del “enforcement” del barbijo, congeló la economía, acaparó las vacunas y forzó a los gobernadores a que adoptasen políticas restrictivas. Llegó a dictar normas que están bajo examen de constitucionalidad en materia de libertades públicas.

Ese modelo de control es el que demolió el voto de las primarias, especialmente en Buenos Aires, que fue el faro de la política sanitaria. Fue una decisión ruinosa para la economía, la salud y también para la política. Eso se llama fracaso. Ahora, cuando se discute la paz en las fronteras, Olivos toma el camino contrario. El voto peronista es firme en las provincias del Norte, pero tiene las defensas bajas en la Patagonia. Los candidatos cristinistas fueron a pedirle una fotografía de campaña a Carlos Verna, cacique del peronismo de La Pampa. Les mandó a decir que tiene un modelo de teléfono celular que no saca fotos.

Ignacio Zuleta

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