Juan Manzur pierde impulso a un mes de su llegada

POLÍTICA Por Cecilia Devanna para La Nacion
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Juan Manzur cumplió la semana pasada su primer mes a cargo de la Jefatura de Gabinete. Ingresado en reemplazo de Santiago Cafiero, tras la crisis interna del gobierno, las primeras jornadas del tucumano buscaron irradiar hiperactividad, con jornadas que comenzaban al alba y terminaban a última hora. Reuniones de Gabinete, con gobernadores, embajadores y gremialistas pasaron a formar parte de la agenda del flamante funcionario que, en las últimas semanas, pareció quedar opacado por la serie de recambios de figuras, de desaciertos del propio gobierno y también por la falta de respuesta en su viaje a Nueva York. 

En la travesía, envuelta en un escándalo luego de que se conociera que viajó hasta allí en el avión sanitario tucumano, Manzur no se reunió con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pero sí con un grupo de inversores. Sin embargo, no logró disipar las dudas que desde Wall Street hay sobre el país.

Sí se le reconoció entonces que sumó “volumen político” al encuentro al ser la cara más importante del Gabinete nacional en el lugar. Ese mismo concepto, junto con el tan repetido los primeros días de su llegada de “músculo político”, son los que también le resaltan en el gobierno nacional. Aunque con diferencias de percepción sobre el tucumano creen que le aporta desde “federalismo” a la gestión, al tiempo que hacen hincapié en el vínculo con los gobernadores, sobre lo que trabaja desde su llegada.

En ese sentido, desde el entorno del funcionario, explican que su hiperactividad “se mantiene como al principio” y que desde que asumió se reunió con 15 gobernadores, de todos los signos políticos. Al tiempo que, agregan que a diario se entrevista con unos tres o cuatro intendentes. “La instrucción del presidente es la agenda federal, más allá de las elecciones”, sostienen y agregan que “su cuenta de Twitter es un reflejo de sus actividades”.

Desde los vertiginosos primeros días a estos, Manzur también dejó una impronta: prácticamente no habla con la prensa. Lo hizo en contadas excepciones como cuando en una visita al club IMOS apuntó al ministro de Seguridad Aníbal Fernández por su cruce en Twitter con Nik. Entonces, Manzur fue uno de los pocos que se expresó públicamente sobre el tema. “Fue muy desafortunado”, sostuvo, y se diferenció.

Tras su asunción no dio entrevistas, se muestra alejado de los encuentros con periodistas, y dio algunas conferencias de prensa que buscaron instalar a la Casa Rosada como una “usina de buenas noticias”, como cuando transmitió el fin del uso del barbijo al aire libre. Esa falta de diálogo es admitida desde su círculo y confían en que se revierta en el futuro, aunque no hay precisiones de cuándo podría ser. “Habla más por sus actos”, lo defienden.

Su agenda pública se conoce diariamente, pero el contenido de ellas está lejos de ser público. Tweets en redes sociales y algunas fotos de esos encuentros circulan como escueto material, pese a las insistencias. Para hoy, por ejemplo, anunció encuentros con el director del Indec, Marco Lavagna, y sindicalistas del gremio lechero de Atilra. Prevé cerrar la jornada con una participación en un acto electoral en La Matanza.

El punto genera una contradicción con la política de comunicación del gobierno que asegura querer ser cada vez más fluida y de lo que desde el propio entorno del tucumano se había comunicado inicialmente que se haría. En ese sentido, la llegada de Manzur también quedó en cierta forma opacada por el desembarco de Gabriela Cerruti, como flamante portavoz de la Presidencia. Un rol que de forma informal había expectativas de que cubriera Manzur.

El ingreso de Cerruti no pasó desapercibido en Casa Rosada. La flamante funcionaria había criticado la llegada del tucumano por su postura “antiderechos” y había resaltado la política feminista del gobierno, un punto que se vio respaldado con su llegada. En especial por el grupo de mujeres que integran el gobierno y que no vieron con buenos ojos la asunción de Manzur, que incluso había sido denunciado en 2019 por la ahora ministra, Elizabeth Gómez Alcorta.

A la de Cerruti también se sumó la llegada de Roberto Feletti a la Secretaria de Comercio, que también pareció eclipsar el rol de Manzur. Incluso porque desde su entorno explicaban, el día en que se conoció el reemplazo de Paula Español por Feletti, que este no traería una postura que endureciera los vínculos con el empresariado. Lo que finalmente sí sucedió.

En el medio también se sucedieron los conflictos internos del gobierno que, como ellos mismos reconocen, “no dejamos una polémica por cabecear”. Como la intervención del embajador en Chile, Rafael Bielsa, por el líder mapuche Jones Huala al propio conflicto con esa comunidad en Río Negro, donde hasta en las últimas horas se cruzaron dardos entre el gobierno nacional y el provincial. Puntos de los que el jefe de ministros buscó quedar al margen, lejos del alto perfil inicial.

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