El “golpe blando” de Victoria Tolosa Paz agita el fantasma de una devaluación

ECONOMÍA Por Daniel Fernández Canedo para Clarin
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Victoria Tolosa Paz encabeza la lista de diputados del Frente de Todos para la Provincia de Buenos en las próximas elecciones legislativas. 

Su jugada electoral de las últimas horas fue denunciar a la oposición por impulsar un "golpe blando" en materia económica para que le vaya mal al gobierno el 14 de noviembre.

Dijo en un reportaje a una radio amiga del gobierno (AM750) que "la oposición política y sus resortes, en momentos electorales, siempre han tendido a que haya una devaluación de nuestra moneda y es lo que sueñan hacer de acá al 14 de noviembre. Dar un timonazo para poner, obviamente, más complicada la situación económica".

Y remató que lo que busca la oposición es "debilitar y hacer un golpe blando a este gobierno en materia económica".

Al poco tiempo, y redoblando la apuesta de campaña, el ministro Martín Guzmán acusó a la candidata María Eugenia Vidal y a Juntos por el Cambio de tener una "postura antiargentina".

Los conceptos "golpe" y "antiargentino" en boca de una candidata y un ministro que está negociando con el Fondo Monetario Internacional un acuerdo que deberá ser aprobado por el Congreso, no son lo más tranquilizador para una sociedad sensibilizada y estresada después de largos años de estancamiento.

Cabe suponer que la idea del "golpe blando" descansa en la expectativa que ya existe, fuera y dentro del gobierno, sobre una posible devaluación del peso para después de las elecciones.

Fue el propio ministro Guzmán el que descartó la posibilidad de un salto cambiario brusco abrazando la idea de que el ritmo de devaluación, que en los últimos meses fue de 1% mensual (acumuló un atraso no muy pronunciado de 18/21% respecto de la inflación) podría acelerarse al 2 ó 3 por ciento mensual, pero no más que eso.

El problema va mucho más allá de lo que piense o diga la oposición. La clave está en que el Banco Central no tiene los dólares suficientes para demostrarle al mercado que el compromiso ministerial se cumplirá a rajatabla. Pero en ese punto reside sólo uno de los dilemas.

El otro, y fundamental, es cuál de las corrientes que componen el oficialismo prevalecerá para marcar el rumbo económico para 2022 cuando, entre otros desafíos importantes, está el vencimiento de US$18.000 millones con el FMI para el cual el gobierno no tiene ni los dólares ni aún asegurada la posibilidad de la refinanciación.

Marc Stanley, futuro embajador de Joe Biden en Argentina, hizo suyo en las últimas horas un reclamo que viene desde hace meses: el gobierno de Alberto Fernández "no ha puesto sobre la mesa un plan".

Si el gobierno estadounidense, que es el que finalmente firma el cheque de los desembolsos en el FMI, reclama un plan, una pregunta a formularse es: ¿Qué viene negociando desde hace meses Martín Guzmán?

En el gobierno suscriben el mensaje de Jorge Argüello, embajador en Washington, sobre que la relación con EE.UU "está bien" y apuestan que Alberto Fernández traiga buenas noticias después de reunirse con la titular del FMI, Kristalina Georgieva, el próximo fin de semana en Roma en el marco del encuentro del G20.

Más allá de las señales que pueda emitir el Presidente, no hay certeza de que el oficialismo vaya a respaldar monolíticamente un acuerdo con el FMI que permita despejar el horizonte financiero de los próximos años.

En un corto plazo económico plagado de incertidumbre, el Banco Central tiene la certeza de mantener cierto control sobre el mercado cambiario más allá de la suba que pueda tener el dólar blue, al que consideran un circuito muy reducido.

Esa calma de superficie se da simultáneamente a un fuerte proceso de cobertura de empresas y particulares con contratos de futuro, bonos dolar-linked, bonos CER y Senebi.

Mientras tanto, las compañías que en los últimos meses recuperaron actividad están con exceso de pesos al no poder transferir utilidades ni anticipar pagos al exterior para aumentar stocks de productos importados aprovechando el atraso relativo del dólar oficial.

La mayoría de las empresas que recuperaron ventas están equipándose y mejorando las condiciones edilicias a la espera de que el Banco Central comience a abrir un poco el cepo, permitiendo un mayor goteo de divisas para permitir más pagos al exterior. Alguna flexibilidad podría haber en el comienzo de noviembre.

Al gobierno los dólares no le alcanzan y en materia de pesos el Banco Central tiene previsto emitir entre $650.000 y $700.000 millones hasta fin de año, una lluvia de pesos moderada de acuerdo a las expectativas pero que dependerá de cuántos bonos atados al dólar o a la inflación consiga colocar Guzmán en el mercado interno.

Mientras tanto, además del congelamiento de precios de 1.500 productos, la otra olla a presión está en los $4,3 billones colocados en las letras de liquidez (Leliqs) del Banco Central que pagan en promedio 34/35% anual frente a un dólar libre que está prácticamente quieto desde hace meses.

Acumular esa deuda teniendo que pagar más de 30% anual en dólares es otro dato inquietante, y cobra relevancia ya que equivalen a unos US$43.000 millones frente a las reservas netas del Banco Central que rondan los US$6.200 millones.

La canción sigue siendo la misma: pocos dólares y muchos pesos para pasar desapercibidos en las acusaciones de la campaña electoral.

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