La fórmula para frenar al dólar: una avalancha de uruguayos y brasileños

ACTUALIDAD Por Daniel Fernández Canedo para Clarin
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La discusión sobre si el gobierno va a devaluar o no el peso después de las elecciones legislativas del 14 de noviembre tiene en estos días una respuesta anticipada. 

Bastó la apertura de las fronteras para que paraguayos y brasileños cruzaran a Iguazú para llenar el tanque de nafta o gasoil de sus autos, o para comprar garrafas de gas a precios hasta 60% menores que en sus países de origen.

El concepto "deme dos" de los argentinos comprando en Brasil o en Miami en los '90 no sólo se habría dado vuelta, sino que la paradoja del esquema cambiario caracterizado por una brecha del 100% entre el dólar oficial y el blue replantea la insólita situación de la Argentina subsidiándoles la nafta a los países vecinos.

El caso del combustible tiene el doble efecto del precio congelado y el dólar blue a $197, más que conveniente para cualquier comprador y con la ventaja adicional para ellos que la situación aún se podría prolongar hasta fin de año.

Tradicionalmente el litro de nafta premium es de un dólar pero en estos tiempos y en términos de dólar blue equivale a 53 centavos. Así se entiende el porqué del aluvión de automovilistas brasileños, paraguayos y también uruguayos cruzando las fronteras.

Tal es el desfasaje de precios que genera la combinación de dólar oficial atrasado frente a la inflación y dólar blue en las alturas (aunque por cierto estabilizado al mostrar una suba de 25% en un año), que el gobierno tiene la esperanza de que la llegada de turistas de países vecinos contribuya a estabilizar al mercado en los días agitados que puedan venir hasta fin de año.

Si la nafta cuesta la mitad en dólares que en sus países, comer afuera o algunos servicios profesionales puede salirles sólo el 30%.

La escasez de divisas hace que los funcionarios sueñen con turistas entusiastas dispuestos a pagar una comida US$13 en algún buen restaurante de Buenos Aires que en sus países cuestan entre US$40 y US$50.

Tal es el entusiasmo que el primer análisis no contempla el impacto que podría tener ese salto de la demanda sobre los precios en el mismo momento en que se conocería que el aumento del costo de vida de octubre volvería a superar 3%, a pesar de contener la primera semana de congelamiento para 1.500 productos dispuesto por el gobierno.

Ni el dólar retrasado, ni las tarifas de la luz, el gas y el transporte congeladas, ni los combustibles frenados, logran ponerle un ancla a un proceso inflacionario que, por otro lado, está bombeado por la emisión monetaria y la idea del oficialismo de impulsar el consumo en el intento de ganar la elección del próximo 14.

Además, el elemento de presión es la brecha de 100% entre dólares.

Esa distancia entre el dólar oficial y los libres multiplica la incertidumbre sobre los precios de reposición que deben calcular las empresas a la hora de vender un producto y constituye la señal más clara para cubrirse de un eventual salto cambiario.

En el Banco Central creen haber cruzado ya la línea crítica y están seguros de tener los dólares suficientes (las reservas netas giran en US$5.900 millones) para llegar sin mayores inconvenientes hasta fin de año.

El jueves 4 de noviembre le pagarán los US$ 394 millones de intereses que vencen por el préstamo del Fondo Monetario Internacional y la expectativa ahora se concentra en que las negociaciones que está llevando adelante el ministro Martín Guzmán eviten pagar los US$1.900 millones que vencen el 22 de diciembre.

Será una verdadera carrera contrarreloj porque, si bien al FMI se le pagará con los Derechos Especiales de Giro que desembolsó el propio organismo, al hacerlo la Argentina se quedaría con poco más de US$2.000 millones de reservas netas.

Si en el gobierno prenden una vela a una posible avalancha de turistas uruguayos y brasileños (se dice que no son muy dispendiosos y que en general conocen Argentina y cambian dólares en cuevas), también prenden otra a las exportaciones de trigo que comenzarían a liquidarse el mes que viene.

La tonelada de trigo subió 21% en dólares en el último año y está en US$293. ¿Será momento de cerrar las operaciones?

Las exportaciones totales de este año se encaminan a los US$75.000 millones. Un buen nivel como resultado de la cosecha, pero, esencialmente, de los buenos precios internacionales de la soja y el maíz.

Ahora la apuesta es al trigo a partir de la mejora del precio en Chicago y en algunas lluvias, pero el gobierno ya debería haber tomado nota de que con eso no alcanza.

Este año los mejores precios de exportación le permitieron al país ingresos adicionales por unos US$12.500 millones. Sin embargo, las reservas efectivas crecieron en una proporción sensiblemente menor.

Un ejemplo fue el de septiembre, cuando el superávit comercial llegó a US$ 1.667 millones, el nivel más alto para ese mes en diez años, y las importaciones se mantuvieron en los niveles de los tres meses anteriores: el Central vendió US$ 957 millones para cancelaciones de la deuda comercial de las empresas.

El cepo, el atraso cambiario y la elevada brecha con los dólares libres determinan que los dólares que entran por ventanilla salen rápido por alguna otra en el intento de evitar la montaña de incertidumbre que domina a la economía en estos meses. Nada indica que se vaya a disipar rápidamente.

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