Todos arriba del Titanic, y acelerando contra el iceberg

POLÍTICA Por Fernando González para Clarin
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Aunque insistimos en no prestarle atención, la historia reciente de la Argentina es clara. Nunca un Gobierno ganó las elecciones con el dólar en alza. Le pasó a Raúl Alfonsín y a la UCR en 1989; le pasó a Mauricio Macri y a Cambiemos en 2019, y ahora le está sucediendo a Alberto Fernández. La suba del billete estadounidense genera en los argentinos la sensación de que el futuro será inexorablemente peor. Y apuestan con el voto a cambiar las cosas. 

Las señales están a la vista. El objetivo del Gobierno era llegar a las elecciones del 14 de noviembre sin atravesar la línea psicológica del dólar a 200 pesos. No pudo ser. El jueves 4, el dólar blue tocó esa cifra mientras el riesgo país le apuntaba a los 1.800 puntos. “Acá estamos, todos arriba del Titanic y acelerando contra el iceberg”, describe la situación un funcionario adicto a las películas románticas.

Por eso, causa cierto asombro la persistencia del Gobierno en insistir con las mismas recetas que lo llevaron a esta situación de encierro. El aumento del dólar es apenas la erupción emergente de un terremoto del que forman parte el crecimiento de la inflación, el déficit fiscal sostenido, la ausencia de un plan económico y la regresión adolescente que muestra en las negociaciones para refinanciar la deuda con el Fondo Monetario Internacional.

No es que faltaron advertencias. En junio de este año, el economista Martín Redrado señalaba en una columna en Clarín la necesidad de encausar el plan “Vamos viendo”, una radiografía técnica y política del estilo de gestión del Presidente, que demora y convierte la toma de decisiones en un calvario hasta para su propio gabinete. Ese clásico de la indefinición terminó apoderándose del ministro de Economía, Martín Guzmán, quien pasó de ser el joven maravilla del FMI a apoderarse del diccionario del populismo solo para congraciarse con Cristina.

Redrado señalaba entonces la dificultad de gobernar sin dinero para financiar el déficit crónico. Ya no están los 50.000 millones de dólares que llegó a tener el Banco Central como reservas, ni los 22.000 millones de dólares que el ANSeS tenía en 2010 ni los 100.000 millones de dólares que la gestión Macri llegó a recibir en créditos. Hace una semana, el economista Alfonso Prat Gay hablaba en Córdoba ante la Fundación Mediterránea y le ponía límites al “populismo sin recursos” de un Gobierno que sigue prometiendo distribuir los recursos que no tiene.

Un inquietante informe sobre el día después de las elecciones, elaborado por los economistas Diego Bossio y Martín Rapetti, advierte que “difícilmente uno pueda reconocer un período de mayor incertidumbre respecto al futuro que el que reina hoy en Argentina”, y apunta al “endurecimiento de la restricción a las importaciones y la creciente retórica inflamada por parte del Gobierno contra un acuerdo del FMI”. El país que va a comenzar a delinearse el 15 de noviembre es la mayor incógnita que recorre los circuitos del poder en la Argentina.

"¿Cuál plan?", preguntaba Chauncey Gardiner en la novela “Desde el jardín”, cuando le preguntaban en la televisión sobre el programa económico del presidente de EE.UU. Gardiner lo ignoraba sinceramente, pero su inocencia le ayudó al resto del país a enterarse de que estaban sin rumbo.

¿Cuál es el plan?, le pregunta el FMI al gobierno de Fernández y Guzmán cuando falta casi nada para las elecciones. Como lo admite algún habitante de la Casa Rosada en estos días de incertidumbre, el único plan consiste en estrellarse como el Titanic, en medio de la noche y a máxima velocidad.

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