¿Cabe esperar una devaluación para el lunes después de las elecciones?

ECONOMÍA Por Daniel Fernández Canedo para Clarin
10-guzman

El ministro Martín Guzmán viene insistiendo desde hace meses con que el Gobierno no aplicará una devaluación fuerte del peso después de las elecciones del domingo 14 de noviembre. 

Lo dice, también, en el convencimiento de que, si el resultado electoral es desfavorable, el oficialismo podrá evitar un clima de conmoción que agite la marcha de los mercados.

Después de meses de "sarasa", el ministro y Sergio Chodos, representante argentino ante el Fondo Monetario Internacional, en Clarín reforzaron su convencimiento de que "el acuerdo con el FMI debería estar a más tardar en marzo".

Pocas horas antes de la elección, y con el kirchnerismo duro en silencio, Guzmán destacó la necesidad de un acuerdo basándose en la frialdad de los números: en 2022 la Argentina tiene que pagar US$19.000 millones (US$4.000 vencen en marzo) y sin plata ni financiamiento, el futuro se presenta más que oscuro.

El Gobierno le seguirá reclamando al Fondo el cobro de sobretasas para los países más endeudados que, según el Estudio Broda, representan unos US$1.295 millones anuales, pero, en el mientras tanto, habría tomado conciencia de la necesidad de avanzar.

Evidentemente, el dólar blue a $200, la brecha cambiaria en 100% y el Central teniendo que intervenir con bonos AL30 y GD30 para frenar la suba del "contado con liquidación", son aleccionadores para un gobierno que a partir del lunes vivirá una situación inédita: deberá hacerse cargo de resolver "la pesada autoherencia recibida".

Con lógica, desde el Banco Central se afirma que el lunes seguirá, como hasta ahora, la política de actualización del dólar oficial por debajo de la inflación y, más aún, porque esperan que el dato de aumento del costo de vida de octubre que se conocerá 72 horas antes de la elección superaría 3% con muy poco para festejar.

El presidente del Central, Miguel Pesce, valora haber llegado a las elecciones con reservas suficientes para evitar una devaluación fuerte, y apuesta a que el acuerdo con el FMI permita despejar el panorama cambiario, por lo menos lo suficiente para permitir una liquidación fluida de las exportaciones de trigo que comenzarían el mes que viene.

Pero los números son muy finos y después del pago de US$1.900 millones el próximo 22 de diciembre, según las estimaciones de Broda las reservas netas quedarían en US$1.000 millones y las "liquidas propias disponibles, serían US$5.000 millones "negativas".

Esa será una de las autoherencias más pesadas para el gobierno en un año en el que las exportaciones, de la mano de los altos precios internacionales de los granos y materias primas, tuvieron un salto de 39%.

En 2021 las exportaciones tendrán un aumento récord de US$21.600 millones, explicado en 26% por la mejora de los precios internacionales y un 10% por la suba de las cantidades exportadas.

El problema es que a pesar de ese salto exportador, el gobierno no logró superar una situación de estrés cambiario marcado por la incertidumbre y la falta de confianza. ¿Seguirá el gobierno coqueteando con caer en default con el FMI?

El gobierno no quiere ni pegar un salto cambiario ni tampoco subir la tasa de interés para alentar a los tenedores de dólar blue, que está en un precio muy alto.

La autoherencia de la montaña de pesos que tiene inmovilizado el Banco Central en Letras de Liquidez y pases pasivos con el objetivo de no inundar aún más de pesos al mercado, es otro tema sensible.

Entre Leliqs y pases colocados en los bancos los pasivos que remunera el Central rondan los $4,4 billones. Y por ese déficit conocido como cuasi fiscal los intereses pagados crecieron 64%, pasando de $83.115 millones en enero a $135.000 millones en octubre.

Esa bola de pesos no para de crecer, en parte, porque el Tesoro se resiste a subir la tasa y absorber más pesos.

Aunque en voz baja, en el gobierno aseguran que Guzmán prefiere pedirle al Central que emita más antes que subir la tasa de los bonos públicos que, por otra parte, pesan con la característica de ser muy desconfiados por los bancos.

Otro punto de la autoherencia difícil que tendrá que atender el gobierno desde el lunes será el atraso tarifario y una historia conocida por el kirchnerismo que es el peso creciente de los subsidios en las cuentas públicas.

Este año las importaciones de energía se duplicaron, pasando de US$2.640 millones a US$5.100 millones, una cifra importante para las menguadas reservas del Central que, como es notorio, terminaron justificando un endurecimiento del cepo cambio.

Empezar a despejar el horizonte de los atrasos generados va a demandar la definición de alguna hoja de ruta que permita disminuir el costo de la incertidumbre sobre una economía que, más allá del repunte de este año con la salida de la pandemia, requiere de equilibrios macro para dejar de estar al acecho de posibles golpes de timón que, como los congelamientos de precios, sólo basta esperar para verlos fracasar.

Te puede interesar