¿Habrá llegado el tiempo de acordar el déficit fiscal?

ACTUALIDAD Por Gabriel Rubinstein para El Cronista
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Si finalmente tal diálogo se va concretando, sería una excelente oportunidad para que, en base al acuerdo que todos han venido expresando sobre lo "inconveniente" de endeudar al país, llegue a formularse una "agenda" al respecto. 

Si consideramos lo que podemos definir como "Deuda Estatal Neta" (pasivos del Tesoro y del BCRA remunerados, menos reservas en dólares), y observando el promedio mensual de aumento de dicha deuda, el gobierno actual presenta el peor track record entre las últimas administraciones (u$s 1938 millones de aumento mensual de la deuda), seguida por el segundo gobierno de Cristina Kirchner (u$s 1448 millones de dólares de aumento), y luego por Mauricio Macri (u$s 935 millones de aumento).

El actual gobierno de Alberto y Cristina puede aducir que fue obligado por la pandemia a incurrir en un fuerte déficit fiscal (y consecuente endeudamiento). Y obviamente, es una justificación parcialmente atendible.

Mauricio Macri puede aducir que heredó un abultado déficit fiscal, y eso también es cierto.

Cristina... no tiene mucho en realidad para justificar. Heredó en 2007 un superávit fiscal primario de 3 puntos del PBI, y lo llevó a final del 2015 a un déficit de 4 puntos del PBI. No se registra en la historia del país, una reversión tan alta (7 puntos), sin que haya habido (durante sus 2 mandatos), ni una situación de guerra bélica, ni una pandemia.

Como fuere, tanto Cristina, como Alberto, como Mauricio, se han pronunciado en contra del endeudamiento. Es entonces una buena base, para que el Frente de Todos y Juntos por el Cambio (más otras fuerzas políticas), pudieran discutir sobre el tema e intentar llegar a consensos.

El primer punto básico de un acuerdo sobre el tema sería reconocer lo obvio: que la deuda estatal aumenta, si hay déficit fiscal. De modo que, si se quiere bajar la deuda, hay que achicar hasta eliminar, el déficit fiscal.

El segundo punto, sería discutir los "objetivos" de resultado fiscal a lograr. Dada la bajísima calificación de riesgo crediticio argentino, y el abultado déficit cuasi fiscal, debería intentarse llegar a objetivos de superávit primario del orden del 3% (similar al del gobierno de Néstor Kirchner), y "quedarnos" ahí, hasta que pudiera lograrse una sustancial reducción del riesgo crediticio percibido por los mercados (por ejemplo, hasta lograr calificación de riesgo "A", como Chile).

El tercer punto sería poder acordar a qué ritmo debería bajarse el déficit. Nuevamente, con riesgo país de 1700 puntos, debería hacer a "buen ritmo".

El cuarto punto, sería la discusión respecto a que mix de variaciones de impuestos y gastos, conformarían el sendero de baja del déficit fiscal. Los más "estatistas" tenderán siempre a aumentar impuestos, y los más "liberales" a bajar gastos. Es una discusión "civilizada", que ocurre en casi todo el mundo, todo el tiempo.

Algo de la discusión puede zanjarse vía una "diagonal": si el país crece, ciertos gastos pueden ajustar por IPC (sin perjudicar entonces a jubilados y asalariados estatales, por ejemplo), mientras que buena parte de la recaudación ajustaría por IPC + PBI. De modo que el "crecimiento" iría bajando el déficit (respecto al producto bruto), sin necesidad de "ajuste" del gasto ni suba de tasas impositivas. Pero sólo una parte se lograría con esta "diagonal".

La discusión sobre la necesidad de subir tasas impositivas y/o recaudación con las tasas ya existentes (y en muchos casos, sería importante consensuar un sendero de baja y/o eliminación de tasas impositivas!!), y bajar gastos, continuaría.

Todas estas cuestiones deben debatirse en el Congreso, y lo resuelto, ser ejecutado sin más por el Poder Ejecutivo.

Avanzar de esta manera, y rápidamente, permitiría ir despejando varios fantasmas. Si el kirchnerismo se comprometiera en la necesidad de bajar el déficit fiscal, aceptara objetivos de corto y mediano plazo, y quedasen clarificadas las diferentes estrategias para lograrlo (cuánto de ajuste indoloro vía crecimiento, cuánto de ajuste vía de aumento de tasas impositivas, y cuánto vía baja de gastos), empezaríamos a encarrilarnos como sociedad.

Seguramente nosotros mismos ya nos empezaríamos a ver con mejores ojos, y seguramente desde el exterior también empezarían a vernos con menos desesperanza y escepticismo.

De modo que sería bueno, si el gobierno de Alberto Fernández en serio convoca al diálogo (no importa que sea fruto de la derrota electoral), que la oposición aceptara la convocatoria (obviamente si se dan los requisitos descriptos más arriba), y comience (entre otros temas) la necesaria discusión del déficit y su financiamiento. Dicho sea de paso: es tal vez la discusión esencial que hay que encarar en la negociación con el Fondo Monetario para sellar un acuerdo.

¡¡¡Ah!!! ¡¡¡Y a ponerse las pilas!!! La situación de reservas del Banco Central y cambiaria en general, es más que crítica, y no hay ya tiempo para seguir dilatando "sine die" la solución de los problemas

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