#15N: Dos carnicerías

POLÍTICA Por Diego GENOUD*
1636748076536

Se abren el lunes: el Frente de Todos y Juntos por el Cambio se lanzan a peleas internas de final incierto por los liderazgos para las presidenciales de 2023. 
Las elecciones generales del 14 de noviembre pondrán en claro la correlación de fuerzas entre el Gobierno y la oposición de cara a los dos años que faltan para que termine el mandato de Alberto Fernández. El Frente de Todos necesita recortar la diferencia que lo separó de Juntos por el Cambio en las primarias, en especial en la provincia de Buenos Aires, donde cuenta todavía con su principal base de adhesiones. La oposición apuesta a ratificar la supremacía que recuperó en apenas dos años y se ilusiona con volver a gobernar una Argentina que asoma como un campo minado. Pero, detrás de la polarización que organiza la escena y la ordena en relación al eje peronismo-antiperonismo, se abre el escenario del 15 de noviembre, con la pelea interna por los liderazgos dentro de las dos grandes coaliciones partidarias. 

 

Salvo que las generales resulten en una sorprendente victoria del oficialismo, el día después presentará para el Gobierno los mayores desafíos. Si después de la catástrofe de las PASO, que pocos en el peronismo habían contemplado, se desató una crisis interna en lo más alto, la atención estará puesta en cómo asimila el Frente de Todos los números del escrutinio provisorio. En eso trabaja el jefe de Gabinete, Juan Manzur, que apuró en las últimas semanas la consulta con los distintos sectores del peronismo para acordar un operativo de reducción de daños que sostenga la unidad. 

 


El 17 de noviembre, en el Día de la Militancia, la CGT unificada y los movimientos sociales alineados marcharan hacia Plaza de Mayo en apoyo al Presidente. La convocatoria surgió del eje que va de Manzur a Hector Dáer, el sindicalista de Sanidad que encarna el apoyo de Los Gordos a Fernández desde el arranque de su gestión. Tras una campaña en la que Cristina Fernández y Sergio Massa tuvieron escasa presencia, un nuevo traspié electoral gatillará la pregunta por las responsabilidades. ¿Quién pierde si pierde el Gobierno? Frente a la eventualidad del pase de facturas interno, la apuesta de Manzur es sostener al Presidente, pero no como parte de la resistencia del albertismo nonato sino con el apoyo y el acuerdo de todas las líneas del FdT. 

 

¿Dónde está el piloto?
Gane o pierda, el Gobierno tendrá que definir un rumbo para hacer frente a una situación económica delicada, con inflación interanual en el 52,1%, el dólar paralelo arriba de 200 pesos, la brecha cambiaria otra vez en torno al 100%, la presión del mercado por una nueva devaluación y el acuerdo con el Fondo todavía sin resolución. Afrontar ese cuadro sin un criterio común puede ser letal para todos. Sin embargo, un mal resultado activará la presión interna para avanzar con cambios en el área económica, donde sobreviven Martín Guzmán y Matías Kulfas. Por distintos motivos y con distintas alternativas de relevo, Massa y el cristinismo vienen reclamando cambios para los que no aparece un ejecutor de consenso. Martin Redrado sigue en boxes, listo para asumir, siempre y cuando le garanticen el paquete de leyes promercado que ya tiene escritas.

De la respuesta inicial al escenario económico dependerá la cohesión política del Gobierno. Recién ahí, si el heterogéneo oficialismo logra domar la crisis sin dividirse, comenzará la disputa por la sucesión de Fernández y la batalla por la jefatura del peronismo. Manzur y Massa están anotados para esa hipotética carrera y desde el cristinismo comenzaron a deslizar en las últimas semanas que la vicepresidenta está dispuesta a habilitar la competencia interna de cara a 2023. Después de la derrota de Daniel Scioli en 2015 y las tensiones manifiestas con el propio Alberto, Cristina parece haber concluido en la necesidad de dar por cerrada la etapa de la elección de candidatos a dedo. De ser así, como le anticipan a Letra P en su entorno, CFK apelaría al criterio inverso al que utilizó en 2015, 2017, 2019 y 2021 con el intento de sostener la unidad y permitir la competencia puertas adentro del peronismo. 

 

Por la vereda de enfrente, el PJ no kirchnerista ya largó el operativo para aislar al espacio de la vice y apostar, una vez más, a la avenida del medio. En ese andarivel, resultaron muy claros los movimientos de Juan Schiaretti en el cierre de la campaña electoral. Sobreviviente de todos los fuegos, el gobernador de Córdoba volvió a desafiar a los Fernández y lo hizo, según le dijo uno de sus colaboradores a Letra P, con la mirada en 2023. Jefe del peronismo núcleo, trabaja una alianza con Omar Perotti para el día después y busca anexar a ese movimiento a otros dos gobernadores: Sergio Uñac, de San Juan, y Carlos Rovira, de Misiones. El objetivo es comer terreno de la liga de gobernadores del norte que intenta enhebrar Manzur con los fierros de la Casa Rosada. El peronismo sojero también propone una salida de mercado y comparte un lenguaje común -además de algunos nexos- con Horacio Rodríguez Larreta. 

 


Larreta también, Larreta también
La disputa por el liderazgo no solo afecta al oficialismo, sino que se libra desde hace tiempo en la oposición y recrudecerá como nunca una vez que se apaguen los festejos si la oposición gana como sostienen las encuestas de que dispone Juntos. Dueño de un formidable aparato de publicidad y cooptación, el jefe de Gobierno porteño mostró en las PASO que está dispuesto a jugar para ser el líder del espacio opositor. Impuso a María Eugenia Vidal y a Diego Santilli en un Plan Canje con el que salió airoso del primer test electoral, pero ahora deberá confirmar que retiene los votos de sus rivales internos en la Ciudad y la provincia. Si la mayor parte de los 1.300.000 votos que obtuvo Facundo Manes en el territorio de Axel Kicillof se vuelcan en las generales hacia Santilli, Larreta habrá dado otro paso importante. De lo contrario, sus retadores dentro de JxC tendrán un elemento más para cuestionar su ambición presidencial. 

 

La primera resistencia que enfrenta es la del propio Mauricio Macri. El expresidente se mira en el espejo de Cristina y también piensa que el fracaso ajeno le puede dar chances de jugar su segundo tiempo. Dice que el triunfo de Juntos por el Cambio le pertenece, sostiene que la que gana es la “franquicia” que él inauguró y se ve, de mínima, como el gran organizador de la oferta opositora hacia 2023. Si pretende disuadirlo con la facilidad con que sacó a Patricia Bullrich y a Jorge Macri en este turno electoral, Larreta tendrá que hacer horas extras. 

La exministra de Seguridad es otra de las retadoras del alcalde porteño y acaba de asociarse al radical Gerardo Morales camino a las próximas presidenciales. Socios desde que compartían el gabinete de Fernando de la Rúa, con ascendencia sobre el PRO y la UCR, Bullrich y Morales estuvieron entre los halcones del macrismo, pero ahora quieren jubilar a Macri y frustrar a Larreta. 

 

Por último, aparece Manes, el neurólogo que está convencido de que la Argentina camina hacia un cambio de fondo y advierte algo similar a lo de Javier Milei, aunque en un lenguaje más diplomático: el establishment político está terminado. Con ese diagnóstico se lanzó a la política y espera ser apoyado por la UCR hacia 2023. 

 

Para la dirigencia radical, Larreta cuenta con otro dato que le juega en contra. Es el cuarto porteño que pretende gobernar la Argentina y los antecedentes no lo ayudan: De la Rúa, Macri y Fernández. Pero el alcalde porteño no desespera y ya amasa dos argumentos que, si los resultados de las PASO se confirman, piensa convertir en pilares de cara a las próximas presidenciales: el primero es que tiene los votos de la provincia de Buenos Aires, el territorio inexpugnable en el que al antiperonismo no le resulta sencillo entrar. El segundo es que no piensa sentarse a ninguna mesa de ningún acuerdo con el Gobierno. En su entorno recuerdan el ejemplo solidario de Antonio Cafiero ante la deriva de Raúl Alfonsín y dicen que hay que hacer todo lo contrario.

 

Sea como sea, el lunes empieza otra Argentina política y las dos grandes coaliciones se lanzan a la disputa por el liderazgo interno. El riesgo salta a la vista como el elefante en la habitación: la dirigencia partidaria hace planes a mediano plazo mientras el voltaje de la crisis se juega minuto a minuto.

*Para Letra P

Te puede interesar