La increíble elección donde todos ganaron y nadie perdió

POLÍTICA Por Fernando González para Clarin
19-af-tolosa-jxc

La Argentina es un país donde todos ganan y nadie pierde. Ya se ha visto. Alberto Fernández salió el miércoles a festejar que en dos años pasó de obtener el 48% de los votos a estancarse en 33%. No le bastó con disfrutar la fantasía en soledad o con los amigos de las noches de Olivos. Hizo que los gremios y los grupos piqueteros, subsidiados con el presupuesto público, bloquearan las calles de Buenos Aires y le impidieran el derecho al trabajo a los perdedores. A los trabajadores que deben salir a buscar el sustento para sobrevivir cada día. 

Claro que no fue el Presidente el único oficialista derrotado que salió a festejar su fracaso. Celebró Victoria Tolosa Paz, que al menos tuvo la deferencia de felicitar a Diego Santilli por su victoria (exigua, es cierto) en la provincia de Buenos Aires. Y celebró Leandro Santoro, que obtuvo el 25% de los votos en la Ciudad. El 10% menos que Matías Lammens hace apenas dos años, y el 8% menos que el riojano menemista Erman González en 1993. Si hay que festejar derrotas, hay que reconocerle a Leandro su persistencia para el atrevimiento.

En la 9 de Julio, se los vio celebrar entre la muchedumbre a Máximo Kirchner, derrotado en el conurbano bonaerense y en Santa Cruz. Y paseó su sonrisa ganadora el patagónico Oscar Parrilli, derrotado junto al kirchnerismo en el Senado y en su provincia de Neuquén. Los perdedores que festejan cuando todo se derrumba tienen un minuto de épica en el fútbol. En política, no tienen nada.

Es interesante también el fenómeno de la multiplicación de la victoria, que sucede dentro de Juntos por el Cambio. En la tierra de los milagros, Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal y Santilli comparten el karma del objetivo conseguido. No con la amplitud que hubieran deseado, o con el dulce engañoso que le anticiparon las PASO. Pero los tres miran el 2023 con el optimismo de quienes no tienen rivales a la vista.

Pero los adversarios internos sobran por donde se los mire. Patricia Bullrich cree que la victoria le corresponde a ella más que a ningún otro opositor porque recorrió el territorio apoyando a los candidatos a senadores. También se sienten ganadores Alfredo Cornejo, porque preside la UCR y porque Juntos por el Cambio hizo una excelente elección en Mendoza. Se siente ganador Gerardo Morales, que volvió a triunfar en Jujuy, y no hay quien le saque la euforia al gobernador radical Gustavo Valdez, quien repitió su contundencia en Corrientes.

Ya se ha dicho que Facundo Manes se reivindica como el radical que sacó más votos en el país. Rogelio Frigerio reclama un lugar en la Mesa Nacional de Juntos por el Cambio tras su impactante triunfo en Entre Ríos. Y lo mismo pueden pedir la periodista Carolina Losada desde Santa Fe o el cambiemita Martín Maquieyra, sorprendente triunfador en la Pampa.

Juan Manzur pide un espacio en el palco de los ganadores porque venció en Tucumán, aunque por poco más de dos puntos y con un susto que casi le atraganta el festejo. Lo salvó su rival, el pro peronista Germán Alfaro, que perdió, pero se siente ganador. Tan ganador que prefirió volver a cuidar su lugar de intendente en San Miguel de Tucumán y dejarle la banca a su esposa. Todavía hay quienes no creen en el amor.

Otro que se asume ganador del domingo es Mauricio Macri, que no esperó a conocer los resultados oficiales y ya estaba ofreciéndole apoyo al Gobierno desde su lugar de ex presidente magnánimo. No le importa que su imagen negativa roce el 70%. Ya ha visto a Cristina Kirchner resurgir de las cenizas. Y Macri también reclama un lugar entre los habitantes del superpoblado Olimpo electoral.

En la Argentina de los múltiples ganadores, Javier Milei ya se siente llamado a gobernar con menos del 20% de los votos porteños, y José Luis Espert trata desde las alturas a rivales que lo triplican en cantidad de sufragios. Hay que anotar a Miryam Bregman y a Nicolás del Caño, que reclaman con números en la mano haber puesto otra vez a la izquierda como tercera fuerza nacional.

Entre tantos ganadores, no hay como los intendentes del conurbano bonaerense. Los barones del peronismo ni siquiera dejaron enfriar las urnas. Y a setenta y dos horas de la elección, pasaron la factura de la levantada. El Presidente ya les prometió el regreso de la reelección indefinida. Esos muchachos sí que se sacaron un auténtico pasaje a la eternidad.

Te puede interesar