Cuba sofocada por una dictadura que se queda sola

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Cuando el asesino comunista, racista y homófobo conocido como Ernesto “Che» Guevara planteó que “un revolucionario se debe convertir en una fría máquina de matar motivada por odio puro”, no se podía saber que su furia iría dirigida en las siguientes décadas contra el propio pueblo cubano, a quien la dictadura está arrancando la vida día a día, extrayéndole la sangre vital que es la libertad y la esperanza.

Las violaciones a los derechos humanos se han ido agravando en Cuba, hasta llegar a la actual crisis, donde las autoridades, vestidos de civiles, o echando mano de ciudadanos cómplices, sofocan la libertad de expresión, de reunión, de tránsito, de manifestación, de disidencia, de protesta.

La gente no consigue productos alimenticios, las largas filas de siempre han empeorado y los costos se han incrementado, en especial el de la carne de cerdo, la leche y el arroz.

De acuerdo con el plan estratégico (2021-2024) del Programa Mundial de Alimentos (PMA) para la isla, los hogares cubanos en promedio tienen una dieta “pobre en micronutrientes”, que no es suficientemente saludable.

Hay, además, apagones frecuentes. Incluso en todo Cuba, como ocurrió apenas en septiembre. Es la peor crisis que se recuerde en décadas. La pandemia inhibió el turismo internacional, por mucho la principal fuente de ingresos real de la población. Esto generó un estallido de protesta social no visto en décadas, al menos desde el “maleconazo” de 1994.

De acuerdo con el informe “Panorama Social de América Latina 2020”, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el ingreso de la mayoría de los jubilados en Cuba está por debajo de la línea de pobreza, con sólo dos dólares diarios, ya tomando en cuenta los ajustes de las pensiones de la Tarea de Ordenamiento.

La pensión mínima es de 1528 pesos mensuales, lo que equivale a 38,2 dólares, casi sólo un dólar por día, lo cual representa pobreza extrema. El peso cubano según el tipo de cambio fijado por el castrismo estaría cerca de 24 pesos por dólar, cuando en las calles está realmente al menos a 40 pesos por divisa norteamericana.

Entre un 40 % y el 51 % de los cubanos se encuentra en la pobreza, y en la isla al menos 40 % de las viviendas necesita mantenimiento urgente. En cuanto al sistema de salud, que tanto presume la tiranía en su propaganda, hay una grave escasez de medicamentos e insumos, los informes oficiales no dan cuenta de una decadente infraestructura hospitalaria, ni de la falta de especialistas médicos y ambulancias.

Las manifestaciones anunciadas para este lunes 15 de noviembre se vieron diluidas por una operación gubernamental propia de un estado policíaco donde todas las libertades han sido conculcadas. Si eres un disidente, simplemente no tienes derecho ni de salir de tu casa, porque ya hay afuera grupos de choque conformados por tus propios vecinos, y policías, esperándote.

Sin embargo, el color blanco que simboliza la lucha por la patria y la libertad, contra el socialismo opresor, estuvo en las calles antes, durante y después del 15N, en las ropas de miles de inconformes, e incluso en las sábanas colgadas desde los balcones, en solidaridad con esta causa.

El delirante régimen que por desgracia iniciara en 1959 ha perfeccionado sus métodos represivos y ya no espera ni permite siquiera que la gente exprese su malestar. El comunismo cubano no resuelve las inmensas causas de tal inconformidad; prefiere meter a la cárcel a todos los inconformes, con eso piensa que queda resuelto en problema.

Pero a la tiranía de Cuba tampoco le interesa en lo más mínimo proyectar una imagen democrática, de respeto a las libertades y a los derechos humanos. Sólo le interesa seguir siendo una élite parasitaria de la población, que vive a expensas del bien común, que chupa la sangre y las esperanzas de la gente buena.

En las calles de La Habana se escucha: “Preferimos a Batista con sangre que a Fidel con hambre”, en alusión a Fulgencio, el dictador previo a Castro, con fama de represivo, pero que, visto a la luz de la historia, era un niño comparado con el mal que ha causado el castrismo a los hermanos cubanos.

También se escucha, en clave de humor negro: “En Cuba sólo tenemos 3 problemas: desayuno, comida y cena”. Mientras la gente sufre, Forbes ha dado cuenta de la riqueza que acumuló Fidel Castro: 900 millones de dólares. Sus hijos se han visto paseando en yates en Grecia y sus nietos gozando de autos lujosos.

El nefasto Che Guevara, quien sin empacho propuso en la Conferencia Tricontinental en 1966, «crear uno, dos, tres Vietnam”, para socavar a Estados Unidos y al capitalismo, lo único que creó junto con Fidel Castro y otros malhechores fue una isla con una población hundida en la miseria, el desabasto de alimentos y medicinas, de luz, de internet, de transporte, de combustibles y de todos los servicios más indispensables para vivir con dignidad.

Pero, ¿qué otra cosa se podía esperar de un amante de la sangre, de un resentido social como Ernesto Guevara Lynch que buscaba cobrar venganza y que creía en la violencia como instrumento político? “Tengo que confesarte, papá, que en ese momento descubrí que realmente me gusta matar”, le escribió el guerrillero relatando sus aventuras homicidas para imponer el comunismo.

Antes, y durante el 15N hemos conocido de arrestos en cadena, de disidentes, activistas, periodistas, ciudadanos, para impedir que se manifestaran pacíficamente.

Procesos judiciales interminables, condenas injustificadas contra manifestantes de las manifestaciones previas, del 11J. Más de 75 ciudadanos podrían sufrir penas de más de 20 años, sólo por protestar. El Observatorio Cubano de Derechos Humanos ha señalado que tales condenas equivalen a las de quien ha cometido un asesinato.

No hay libertad en el socialismo. Hay persecución. Y pensar que Miguel Díaz-Canel fue invitado “de honor” a México para las celebraciones de la Independencia el pasado septiembre, e incluso fue orador en un evento nacional en el que nada tenía que ver un tirano caribeño.

Los únicos amigos de la tiranía cubana son otros tiranos iguales a los del castrismo, como Daniel Ortega, que encarceló a decenas de aspirantes opositores a la presidencia de Nicaragua, y antes había dejado una estela de muertos en las protestas contra su gobierno. Y Nicolás Maduro, un dictador por quien la DEA ofrece 15 millones de dólares, por narcotráfico, y que se dispone a preparar la siguiente simulación electoral, igual a la de Ortega.

El exilio cubano en Estados Unidos, pidiendo a Joe Biden que intervenga con carácter humanitario para salvar a la población cubana, cual grito en el desierto, mientras la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), que preside México -un nuevo Foro de Sao Paulo-, se organiza para alinear a las izquierdas del continente y en nombre de la “libre autodeterminación de los pueblos” y de la “defensa de su soberanía”, apoyarse para buscar perpetuidad en sus gobiernos. Todo a costillas de la gente, su bienestar y sus impuestos.

La solidaridad de cubanos en la diáspora, y de políticos de derecha de toda América, así como del partido Vox de España, ha sido muy útil para dar a conocer en todo el mundo la situación que realmente atraviesa la isla.

Edgar Stuardo Ralón, relator de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para Cuba, condenó la represión del régimen autoritario de Díaz-Canel ante el 15N. En twitter expuso su repudio al “despliegue de fuerza militar, brigadas de choque y boinas negras, que rodearon las viviendas de activistas y líderes para evitar manifestaciones en contra del régimen en la isla el pasado 15 de noviembre”.

Se denunció con insistencia la desaparición de la activista Daniela Rojo, madre de dos niños y que ya sumaba más de 72 horas sin hacer contacto con su familia. Finalmente, tras casi una semana, y tras presiones internacionales, la dictadura la liberó.

La plataforma “Cuba Decide” denunció el martes 16 de noviembre la detención del promotor Adrián Nápoles Capote, a manos de la policía, junto con al menos otras 100 personas más.

En 1964, ante la ONU, el homicida Che Guevara tuvo el cinismo de declarar: “Nosotros tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida y la hemos expresado siempre ante el mundo. ¿Fusilamientos? Sí. Hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando, mientras sea necesario”. ¿Qué se puede esperar de un gobierno que inició estableciendo el asesinato como método de trabajo, como herramienta política? Todo tiene sus límites.

No le queda mucho tiempo a la tiranía en Cuba. Está en sus estertores. Tiene a todo el mundo en contra. Y las presiones internacionales, pero sobre todo las internas, no van a terminar hasta que haya un régimen democrático, se abra la economía y genere empleo y bienestar para los cubanos.

Fuente: PanamPost

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