Chile y los Bielsa: tan cerca de Marcelo y tan lejos de Rafael

POLÍTICA Por Fernando González para Clarin
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Nadie podrá decir que los Bielsa no son una familia singular. Marcelo, el más popular de todos ellos, es uno de los directores técnicos más reconocidos del planeta. Sus definiciones públicas, sus estrategias que defiende sin concesiones y algunas manías personales le valieron el sobrenombre de “El Loco”. No le fue bien con la Selección Argentina en el Mundial de Corea y Japón, en 2002, y pareció que eso apagaría su estrella. Pero no fue así. Su paso por el Leeds United y el ascenso a la Premier League lo volvieron a proyectar internacionalmente y hasta hay una serie de Netflix que lo convirtió en leyenda. 

María Eugenia ya era una arquitecta respetada en Rosario, y también escaló a celebridad de la política cuando Alberto Fernández la convocó para ser ministra de Vivienda en 2019. Duró muy poco. Su fulgor se apagó de pronto cuando aprovechó un acto público para decir en voz alta que durante el kirchnerismo se había robado. A Cristina no le cayó bien el rapto de sinceridad y la menor de los Bielsa fue la primera en sumarse al equipo de “los funcionarios que no funcionan”, el eufemismo por ministros que no le caen bien a la Vicepresidenta.

Tampoco le faltan pergaminos a Rafael. Abogado, pensador, escritor de textos respetados, de poemas y novelas. Lleva publicados 23 libros: la mayoría sobre cuestiones de derecho, pero también de historias, de cuentos y hasta dos de otra de sus pasiones. El fútbol en rojo y negro, los colores que lo identifican como hincha de Newell’s Old Boys de Rosario.

Ese bagaje cultural y su militancia política hicieron que Néstor Kirchner lo convocara a su primer gabinete en 2003 y lo nombrara canciller. La gran pregunta en el poder, a casi dos décadas de todo aquello, es qué le pasa a este Bielsa que siendo embajador argentino en Chile actúa o declara como si fuera un comentarista libre pensador, y no un diplomático que representa los intereses del país.

Primero fue la sorpresa de que Bielsa apareciera en un juzgado de Chile por pedido de la abogada defensora del activista Facundo Jones Huala, condenado a nueve años de prisión en ese país por el incendio de una finca en la región sur. El detenido solía viajar a la Argentina, donde lideraba la llamada Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), un movimiento de militantes violentos que se escudan detrás de un supuesto origen mapuche y que no reconocen las leyes del Estado argentino.

La presencia del embajador Bielsa, para escuchar los cargos contra el ex emo Jones Huala, no cayó bien ni en el gobierno de Sebastián Piñera ni en ningún otro segmento de la dirigencia chilena. Las reglas diplomáticas señalan que esa tarea burocrática la puede hacer perfectamente un cónsul. Además de la oposición, aquí lo criticó la gobernadora de Río Negro, Arabela Carreras, quien viene denunciando la falta de respaldo de la Casa Rosada en el creciente conflicto mapuche en el sur.

Claro que las cosas se pusieron muchos más espesas en estas últimas horas, cuando Bielsa habló por varias radios argentinas para hacerle críticas durísimas al candidato de ultra derecha, José Antonio Kast, quien terminó primero en las elecciones presidenciales de Chile y que cuenta ahora con serias chances de convertirse en el próximo presidente del país vecino.

“Kast ha exhibido su anti argentinismo como una etiqueta más de las frases que pronuncia”, atacó Bielsa, sin reparar en la repercusión que podrían tener sus palabras tratándose de un embajador. “La de Kast es una derecha rupturista, pinochetista, que no teme decir su nombre; se lo puede comparar con (Jair) Bolsonaro y (Donald) Trump”, se extendió el diplomático, abriendo de paso una hoguera más en el incendio de la complicada relación con Brasil. La misión imposible que sobrelleva Daniel Scioli.

La bomba de Bielsa explotó rápido en Santiago de Chile. El gobierno de Piñera emitió un comunicado y calificó las frases contra Kast como “una intromisión inaceptable en los asuntos internos de Chile que vulneran normas de la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas”. La primera reacción del Presidente fue enviar a sus voceros a decir que se trataba de “una opinión a título personal”. Más tarde, el canciller Santiago Cafiero se comunicó con su par chileno, Andrés Allamand, para descomprimir el conflicto.

El problema podría agigantarse el 19 de diciembre, cuando se dispute la segunda vuelta en Chile, si Kast llega al Palacio de la Moneda. “Rafa se fue al carajo y no creo que pueda seguir como embajador en Santiago si Kast es presidente”, ilustra la situación un funcionario de la Casa Rosada que lo estima. Bielsa llegó a afirmar en su imprudencia que una victoria del izquierdista Gabriel Boric sería beneficiosa para el futuro de la relación bilateral.

La impericia diplomática es apenas otra de las consecuencias de la errática política exterior de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. No está mal que Bielsa tenga su ideología. Los problemas estallan cuando la ideología es la que gobierna la dirección de los vínculos con otros países. Pasa también con el embajador Carlos Raimundi, quien defiende en la Organización de Estados Americanos las vergonzosas elecciones en las que fue reelecto el autócrata Daniel Ortega. Comicios propios de una dictadura, con candidatos opositores presos y dirigentes e intelectuales exiliados por la fuerza.

El apellido Bielsa es respetado en Chile porque Marcelo dirigió a la Selección trasandina, y formó un equipo tan competitivo que con esa base luego se consagró campeón de América. Tendrá que hacer muchos esfuerzos Rafael para reparar el desastre y recomponer el vínculo con un país con el que tanto nos costó volver del desencuentro. Tanto que tuvo que venir un Papa a los Andes, hace solo cuarenta y tres años, para evitar que fuéramos a la guerra.

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