¿Qué celebra el pueblo judío durante Janucá?

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Hace unos 2.100 años ocurrieron tres milagros. Primero: unos pocos y débiles macabeos vencen al ejército griego, lo expulsan de la Tierra de Israel y recuperan el Templo Sagrado. Segundo: al querer encender la Menorá en su interior descubren que los griegos habían contaminado el aceite pero encuentran una vasija de aceite (de oliva) puro suficiente para una noche. Tercero: pero el suministro alcanza para ocho días y ocho noches hasta que logran obtener nuevo aceite.

 
Para conmemorar y hacer públicos estos milagros, cada año la colectividad judía enciende el candelabro de Janucá en cada una de las ocho noches de la festividad. Hoy es la primera noche.

 
 
“Janucá celebra la victoria de los pocos contra los muchos, de los débiles contra los fuertes pero, más que nada, celebra la victoria de la luz contra la oscuridad, la victoria de la libertad frente a la opresión y la tiranía que no permitía vivir a los judíos según sus convicciones”, explicó el rabino Mendy Shemtov de Jabad Uruguay a El País.

La oscuridad no tiene porqué ser impuesta por un emperador que quiere que prevalezca su cultura y forma de vida sino que puede estar en nuestro interior o puede estar creada por las circunstancias que nos afectan cada día.

Ante esto, el mensaje de Janucá es que “no hay que huir de la oscuridad”, sino que “hay que eliminarla” y eso se hace encendiendo una vela o, en otras palabras, por el espíritu, por la generosidad, por la bondad aun en pequeños gestos como el de una llama.

 
La historia de Antiocus contra los macabeos.
La Tierra de Israel se encontraba bajo el dominio del emperador griego Antiocus, quien emitió numerosos decretos para obligar al pueblo judío a seguir la filosofía y el culto idolatra griego. Prohibió el estudio de la Torá, la observancia de las mitzvot y profanó el Santo Templo de Jerusalén. Un pequeño grupo de judíos emprendió la guerra contra los poderosos ejércitos griegos y los expulsó de la tierra. Cuando recuperaron el Santo Templo, el 25 de Kislev, quisieron encender la Menorá, pero descubrieron que los griegos habían impurificado casi todo el aceite puro; solo encontraron fue una pequeña vasija de aceite, suficiente para iluminar una noche. Milagrosamente, el aceite duró ocho días y noches.
Encendido de velas.
El encendido de la Menorá es el corazón de la “fiesta de las luminarias”. El candelabro tiene ocho brazos más uno noveno que es el Shamash (vela piloto), que se usa para encender las velas. La primera noche de Janucá se prende la vela del extremo derecho y cada noche se suma otra luz, hasta completar las ocho velas en la última noche.

 
A diferencia de las velas del Shabat que se encienden antes de la caída del sol, la Menorá adquiere su luz cuando comienza a oscurecer (salvo el viernes que se debe cumplir con la orden del Shabat). El candelabro debe ser colocado en la puerta o en una ventana que dé a la calle.

Lo ideal es que cada miembro de la familia tenga su propia Menorá pero puede haber una sola por hogar. Todos pueden encenderla puesto que, según apuntó el rabino, el mensaje de Janucá es para todos: “Aumentá tu luz porque el mundo lo precisa. Este es un mensaje real y fuerte que hay que compartir con todos”. Por eso la luz debe ser vista desde la calle.

Y añadió: “La luz, así como la bondad y el bien son cosas que deben crecer. Si yo hice algo bueno hoy (ejemplificado en una vela), mañana tengo que hacer dos cosas buenas (dos velas). No hay que satisfacerse nunca con los logros espirituales del día anterior. Más allá de Janucá hay que seguir agregando velas. No solo ayudar a uno, sino a dos y a más personas”.

 
Sabores de Janucá.
¿Y cómo siguen las celebraciones? “Comiendo, como siempre”, bromeó el rabino. No solo porque la orden es estar con la familia y la comida siempre permite establecer conexiones sino porque el “cuerpo fue salvado” en el primer milagro de Janucá.

Durante estos ocho días la mesa se llena de alimentos fritos. “Bolas de fraile o hamburguesas de papa rallada fritas”, puso como ejemplo.

La tradición indica que la comida debe reflejar el significado de la festividad y en Janucá el aceite es el protagonista del segundo y del tercer milagro. Los platos típicos son las sufganiot (donas) y los latkes (buñuelos de papa), obviamente, fritos.

También es costumbre consumir lácteos para conmemorar a Iehudit, la mujer que llevó a los macabeos a la victoria. Una noche ella le ofreció quesos de cabra salados y vino al general greco-sirio Holofernes, que había sitiado la ciudad de Betulia; cuando este cayó dormido por la borrachera, ella le cortó la cabeza.

Los niños en Janucá.
Hay dos tradiciones de Janucá dedicadas a los niños. Una es la de regalarles dinero (guelt). La palabra hebrea Janucá viene de la misma raíz que la palabra jinuj que significa educación. Y, a juicio de Shemtov, “la educación es lo que madura al niño y lo prepara para la vida”. Se les enseña que parte del dinero recibido en Janucá debe destinarse a la caridad.

 
El rabino comentó: “No solo educamos a los niños en temas espirituales, sino también en temas mundanos, en cómo vivir su vida en el mundo y que tienen que tener en cuenta al que menos tiene”.

La otra costumbre es el Dréidel (en Idish) o Sevivón (en hebreo), un juego que consiste en una perinola y que, según como caiga, los participantes se llevan un pozo de monedas, caramelos o fichas.

La tradición proviene de los niños que se ocultaban en los bosques para estudiar la Torá durante los años de dominio del emperador greco-sirio Antíoco Epífanes. Si aparecían los soldados griegos, ocultaban los rollos y se ponían a jugar.

Para recordarlos, los judíos juegan con un dréidel cuyas caras corresponden a las letras Nun, Guímel, Hei y Shin, iniciales de Nes Gadol Haiá Sham que significa “un gran milagro ocurrió allí” (en Israel tiene una letra diferente para que la frase sea “un gran milagro ocurrió aquí”).

La perinola tiene otro mensaje, uno que trasciende Janucá. “Así como esta se maneja con la mano desde arriba, nuestra vida se maneja desde lo alto. Cuando uno se encuentra en una situación por la que se pregunta cómo salgo de esto se debe confiar en la mano de Arriba”, relató Shemtov.

Fuente: El País

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