¿Puede Omar Perotti quedar involucrada en las denuncias del zar del juego clandestino en Sanat Fe?

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La política cruje en Santa Fe. El entramado de juego clandestino que investigan los fiscales rosarinos Luis Schiappa Pietra y Matías Edery logra unir universos que hasta ahora aparecían desconectados o al menos nunca habían sido expuestos: el financiamiento de la política con dinero del crimen organizado y la actividad, casi en paralelo, de sectores de la Policía y de la banda de Los Monos, que operaban en el mismo plano extorsivo.
 
Leonardo Peiti no es una víctima, sino parte del engranaje que aportaba dinero sucio para que la maquinaria mafiosa y corrupta funcionara a pleno. Las revelaciones del llamado “zar del juego”, que se hicieron públicas tras sellar un juicio abreviado y ser admitido como “imputado colaborador” –figura similar a la del arrepentido– dejaron ver a flor de piel cómo funcionaba el sistema de lobby político y protección judicial que había montado, de acuerdo a la investigación de los fiscales de Rosario, el senador peronista Armando Traferri, quien ­­­–según el testimonio del condenado– recibió sobornos por 200.000 dólares.

 
También aparecen mencionados otros senadores, como Hugo Rasetto y Lisandro Enrico. Este último, según aclaró Peiti, no estuvo presente y no tiene constancia de que haya cobrado la coima, que la entregaba el fallecido Ricardo Paulichenco, secretario legislativo. Enrico pidió que se investigue esta trama, de la que alega ser totalmente ajeno.

 ¿Cómo seguirá esta causa? Los fiscales evalúan dos opciones. Insistir con un pedido de desafuero contra Traferri, que fue denegado por la Cámara de Senadores en diciembre pasado con el argumento de que faltaban pruebas. Ahora la situación es diferente, porque la declaración de Peiti fortalece otras evidencias recolectadas. La otra opción es esperar el fallo de la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe, que debe definir si Traferri puede ser sometido a una audiencia imputativa, luego de que los fiscales plantearan la inconstitucionalidad del artículo que regula los fueros (o inmunidad legislativa). En el máximo tribunal la cuestión está pareja, según señalaron fuentes judiciales. Pero no hay una fecha estimada para que se conozca la decisión de los cortesanos.

 
El abogado de Traferri, Oscar Romera, consideró que la declaración de Peiti “no prueba nada”. “Es el testimonio de una persona desesperada que está con prisión preventiva. Nada más”, sostuvo el letrado, que denunció a los fiscales en la Legislatura hace poco más de un mes por supuesto espionaje ilegal contra su defendido.

 “El beneficio de la libertad es grande con poca cosa. Hay cuestiones que no salen más que de dichos. No hay evidencias de nada”, afirmó Romera, que anticipó que después de la feria van a plantear y exponer las contradicciones de las declaraciones de Peiti y del exfiscal Gustavo Ponce Asahad.

Peiti declaró que pagaba 50.000 pesos por semana a jefes de la Policía de Investigaciones para que no le abrieran causas. Mencionó al exjefe de esa área, Daniel Corbelini, y a quien era subjefe, José Luis Amaya. “Yo le daba dinero a Corbelini, porque entre él y Amaya manejaban todo y después repartían con los distintos estamentos. Era toda una lucha, porque si vos le dabas 5, ellos querían 15 o 20. Me puse firme y no le quise dar lo que ellos querían y, a partir de ahí, me quise retirar y el tipo (Corbelini) hizo una investigación y se la pasó a (el fiscal Matías) Merlo”, declaró Peiti.

 
 Peiti le pagaba a la Policía pero también a Los Monos, que no lo amenazaban con abrirle una causa sino con matar al empresario o a su familia. Aún hoy les sigue aportando unos 300.000 pesos por semana, pero como le tiene más miedo al líder de Los Monos que a la Justicia y a la Policía, no los denuncia.

 En la investigación se detectó que Peiti llega a tener contacto a través de Traferri con los fiscales Gustavo Ponce Asahad y Patricio Serjal, a los que también les paga 5.000 dólares por mes de coimas para que no le abran causas porque, como señaló en su declaración, “debía estar limpio” para lograr meterse en el juego legal, una tarea de lobby que también prestaba el senador peronista del departamento San Lorenzo, según consta en la causa.

Peiti repartía tanto dinero en sobornos porque quería quedarse con un negocio millonario. Su apuesta era pasar del rubro clandestino al legal. Pretendía aplicar en Santa Fe uno de los modelos de negocios que posee en Misiones, donde en cada local donde se vende quiniela hay una máquina tragamonedas. “Yo tenía una proyección hecha de que, por ejemplo, una máquina (tragamonedas) generaba 125.000 o 150.000 pesos mensuales como ganancia y calculaba que se podían poner 10.000 máquinas en la provincia porque hay 2.500 agencias. Poner cuatro máquinas por agencia. O sea, quedaba un bruto de 1.200 millones de pesos mensuales”, testificó y agregó: “El cual yo decía que el 50% se saque para la seguridad y el otro 50% que se lo repartan la Lotería y la política. Era un negocio multimillonario y yo creo que se hubieran podido solucionar muchos problemas”.

 
 Uno de los fiscales le preguntó: ¿Cuánto era el arreglo que usted tenía, que se quedaba la política? “Nosotros habíamos hablado, como se maneja esa clase de negocios, que supuestamente un 20 o un 30% es para destinarse para la política, así la política decide qué hacer con ese dinero y a buen entendedor pocas palabras”, dijo.

 Traferri era el que le abría los despachos a Peiti, según su declaración, para lograr que el negocio se haga realidad. En 2017 al primero que fueron a ver con Oscar Larrauri, el excorredor de Fórmula Uno –socio de Peiti–, según su declaración, fue al entonces gobernador Miguel Lifschitz, que no les dio ni la hora.

“Lifschitz nos habrá atendido 10 minutos, o sea a Larrauri, yo no entré, me quedé afuera. Y lo sacó, lo limpió en 10 minutos y le dijo que el socialismo no quería apoyar el desarrollo del juego y no tuvimos ninguna clase de chance ni éxito. Después, con Traferri, cuando yo le comenté todo esto, lo que yo ya tenía hecho y todo lo demás, dijo que la única posibilidad que había de poder conseguir lo que nosotros buscábamos era que cambie el signo político. Entonces empecé a ayudarlo…”, afirmó Peiti.

 
 El empresario dijo que empezó a “ayudar” a Traferri para la campaña. Aclaró que el senador nunca le pidió dinero, sino que él se lo entregaba. El legislador nunca lo habría rechazado. Fueron 200.000 dólares que en total pagó. Traferri le prometía, de acuerdo a la versión de Peiti, contactos con Omar Perotti, que luego fue gobernador. Pero antes de que llegara a la Casa Gris, la relación entre Perotti y Traferri se resintió durante la transición y el armado del gabinete.

 “Después, si ganaba Perotti, íbamos a concretar el convenio e íbamos a tener todos supuestamente un final feliz, pero bueno, Perotti –creo que él sabía de mi actividad, él sabía todo–, dijo que sí y después se ve que tenía algún compromiso más fuerte por el lado del casino con la gente de Boldt y, bueno, me corrieron a un costado y aquí estoy en una clínica encerrado, en un loquero y estoy tratando de aclarar el accionar mío, cómo llegué a esta situación”, afirmó.

*La presente nota se confeccionó en su título sobre una de Aire de Santa Fe del periodista Germán De Los Santos

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