Apogeo del modelo K

POLÍTICA Por Sergio Crivelli para La Prensa
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Pero, indiferente a la derrota, no se movió un centímetro de su posición, que consiste en términos generales en desentenderse de la solución de problemas más acuciantes de la sociedad como la inflación, la inseguridad, el desempleo, etcétera, e insistir en medidas que en los últimos 20 años han causado la devastación a la vista. 

Ejemplo notorio de esa persistencia es la voracidad fiscal. Con una economía que vegeta por la falta de inversión y por la desaparición de la moneda a los gobernadores de las 23 provincias se les ocurrió la original idea de aumentar los impuestos. A 23 gobernantes sobre 24, porque la ciudad de Buenos Aires en soledad no adhirió. Firmaron el Pacto Fiscal gobernantes de todos los partidos, con excepción del PRO.

Adhirieron así, estimulados por el gobierno nacional, a una política "extractiva", vale decir, de sustracción de recursos del sector productivo para volcarlos al barril sin fondo de la maquinaria estatal manejada por ellos. La herencia, Netflix, los ingresos brutos, los servicios electrónicos, todo sirve para recaudar. Su capacidad de inventar impuestos es inagotable. Parece lógico porque de eso viven; de los recursos de sus votantes, porque es utópico pensar que la mayor carga fiscal la pagarán los empresarios; termina siempre pegando en el bolsillo del consumidor.

Los impuestos que crea o expande el kirchnerismo a través del denominado "pacto fiscal" habían sido disminuidos o eliminados por el gobierno de Mauricio Macri, que fue barrido en las urnas en 2019. La vuelta de Cristina Kirchner al poder a través de Alberto Fernández restableció el modelo económico de gasto expansivo financiado con emisión. Fue una vuelta a la "normalidad", a la lógica de poder de un populismo que consume a velocidad creciente el esfuerzo del conjunto de la sociedad. A este vivir de lo ajeno un sector de la dirigencia lo llama solidaridad.

La grieta cada vez más profunda entre la voluntad popular y la de los políticos se expone también en fenómenos como el de la reelección de intendentes. La cuestión no tiene límites ideológicos. Se apoya o se rechaza por pura conveniencia personal o circunstancial. Pero el problema no reside tanto en las ambiciones políticas, sino en qué hacen los dirigentes con el poder cuando lo alcanzan. Echarle una mirada a la arrasadora pobreza del conurbano alcanza para responder esa pregunta.

Pero en última instancia el problema tampoco reside en la ineficacia en el uso del poder. Hay secuelas peores como el conflicto con las empresas de medicina prepaga. Otro tanto ocurrió con el transporte aéreo de cabotaje. Rompen lo que funciona. Son implacables.

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