A pesar de la tensión, Alberto Fernández hace equilibrio político para lograr respaldo de la oposición en su negociación con el FMI

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En un enero atípico por el alto voltaje político en medio de las duras negociaciones con el FMI por la deuda externa ante la inminencia del vencimiento de marzo, el plato fuerte de la agenda pública en la primera semana del año dio la pauta de lo que viene en términos de la relación entre el oficialismo y la oposición. En el encuentro con los gobernadores y vices de todo el arco político, el presidente Alberto Fernández y el ministro de Economía, Martín Guzmán, evitaron lanzar dardos contra el gobierno de Mauricio Macri por la toma de deuda en 2018, un hecho premeditado que responde a la necesidad de acercar posiciones frente a las exigencias del Fondo. En la Casa Rosada ven como contraproducente para los -ya embarrados- diálogos con el organismo los discursos críticos como los que lanzaron los dirigentes del interior cercanos a la vicepresidenta Cristina Kirchner, como el bonaerense Axel Kicillof y el chaqueño Jorge Capitanich. Y aunque “respetan” sus posturas, buscarán desligarse de ese tono, al menos hasta abril.

Lejos quedaron las alocuciones duras que emitió Alberto Fernández contra los alfiles de Juntos por el Cambio durante la campaña electoral. Progresivamente, en cada uno de sus discursos durante los meses posteriores a los comicios generales, el Primer Mandatario bajó el nivel de confrontación con gobierno anterior. Lo mencionó cuando hizo referencia al informe del FMI sobre la deuda, pero no nombró a Mauricio Macri, el eje de todos los males según el Frente de Todos. Y adoptó un tipo de expresión moderada, similar a la que rigió sus posicionamientos públicos durante la primera parte de su mandato.

“Cada gobernador dijo lo que quiso, con libertad”, se desligó de las palabras de Axel Kicillof y Capitanich un importante funcionario de diálogo diario con el jefe de Estado, consciente de la marcada tensión política entre ambos espacios. Ante el inminente vencimiento del pago de casi 3000 millones de dólares, cuyo plazo vence al final de marzo, el Presidente busca, una vez más, dar señales de predisposición al diálogo con la oposición. Y evita “engancharse” con el agite de aguas que predominaba en la Casa Rosada por las vueltas opositoras sobre la reunión en el Museo del Bicentenario, que fue encabezada por el presidente y su ministro de Hacienda para brindar información sobre el estado de las negociaciones por la deuda.

Para ello se apoya en los actores con los que tiene cierta conexión, entre ellos el gobernador radical de Jujuy, Gerardo Morales, con quien, como publicó Infobae, habló en repetidas ocasiones esta semana con vistas a generar un espacio en común con los líderes moderados de Juntos por el Cambio y mostrar algo de coherencia en la política doméstica al FMI.

“Alberto cumplió con lo que prometió. Los gobernadores son dirigentes políticos con responsabilidad. De muchos que estaban presentes, sólo dos estuvieron duros. Bordet habló bien, Perotti también. Las expresiones más destempladas fueron minoritarias”, buscó destacar una alta fuente de la Casa Rosada, en diálogo con Infobae. Esas expresiones no habían sido pautadas previamente con la Presidencia, aunque en la Casa de Gobierno aseguran que lo esperaban.

En los despachos de Balcarce 50 admiten la cercanía de los dos gobernadores que se mostraron más duros con la vicepresidenta Cristina Kirchner, quien se encuentra de vacaciones y en silencio desde finales de diciembre. Las tensiones dentro de la coalición de gobierno siguen latentes y cerca del Presidente intentan mantener el equilibrio entre las posiciones más duras y el pragmatismo necesario para cerrar un acuerdo con el FMI que evite caer en un default en marzo. Pero no pueden evitar los pases de factura que les llegan por la postura moderada. Una historia que se repite en una coalición marcada por los “matices”, como llama Alberto Fernández en público a las diferencias de miradas sobre políticas públicas.

Las palabras de Kicillof dejaron en evidencia esas tiranteces. Aunque en su entorno aseguran que fueron independientes de la postura del kirchnerismo y las atribuyeron exclusivamente a su posición individual. El ex ministro de Economía de Cristina Kirchner, entre críticas a JxC, pidió “revisar la estrategia” de Guzmán para lograr “el mejor acuerdo posible que nos permita crecer, redistribuir y salir no solo de la pandemia, sino de los cuatro años de crisis anteriores”.

Al final del encuentro, el actual titular de la cartera económica reparó especialmente en ese tramo del discurso de Kicillof y le respondió “sobre el tema de la estrategia”. “Hay que entender cómo funcionan las relaciones de poder y diseñar una estrategia que sea la más efectiva dentro del cuadro de relaciones de poder. Los rivales juegan, esa es la situación que se vive″, le señaló, suspicaz, el ministro de Economía, en uno de los tramos más tensos del cónclave, donde los opositores, en cambio, se mantuvieron callados.

“Todos están esperando que se vaya a descansar un poco”, dijeron en el entorno del primer mandatario, quien sólo frenó la actividad política durante los fines de semana de Navidad y Año Nuevo. El deseo podría cumplirse esta semana, pero no hay precisiones sobre la permanencia del Presidente en la residencia de Chapadmalal, donde pasa los fines de semana, durante la próxima semana hábil.

Ahora todas las fichas del Gobierno están puestas en la delicada organización de la reunión con los gobernadores opositores, que se desarrollaba entre cortocircuitos sobre la fecha y la ubicación, dos variables aún inciertas. Mientras que Guzmán quiere ser el anfitrión y recibirlos en el Palacio de Hacienda, desde los bloques opositores y desde las gobernaciones radicales bregan por que el encuentro se produzca en el Congreso Nacional, terreno neutro para ambos espacios.

En las 72 horas posteriores a la gesta de ese encuentro -entre Alberto Fernández y Gerardo Morales- no hubo nuevos diálogos entre la Casa Rosada y la oposición, aseguraron desde las filas de Juntos por el Cambio. Y dijeron que en el Frente de Todos sólo dialogan con el referente de mayor cercanía, por su rol al frente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa.

De todas formas, la tensión sigue en escalada por temas laterales a la negociación con el Fondo que marcan la relación a diario. Ayer la UCR que conduce Morales emitió un comunicado crítico del Gobierno, esta vez por la asunción, por parte de Alberto Fernández, de la presidencia pro tempore de la CELAC, organismo regional que incluye a Nicaragua y a Venezuela -cuyos gobiernos son cuestionados por violaciones a los derechos humanos- y excluye a Estados Unidos, actor central en el dilema de la deuda. Mientras tanto, todos los días se multiplican los cruces por el escándalo que se desató a partir de la filtración de un video que mostró expresiones del ministro de Trabajo durante el gobierno de María Eugenia Vidal, Carlos Villegas, sobre la creación de una “Gestapo” para armar causas judiciales y perseguir gremialistas.

En la Casa Rosada dicen que no planean, en el encuentro que se celebrará probablemente la otra semana, poner sobre la mesa el tema de la obra pública para los gobiernos provinciales, que quedó en jaque después del freno al proyecto de Presupuesto por parte de la oposición, al final de diciembre. Pero no descartan que sí lo planteen los gobernadores opositores. Al fin y al cabo, esa es una de sus principales preocupaciones, sobre todo porque hasta ahora no tuvieron diálogo con la Jefatura de Gabinete, el órgano del Ejecutivo que, bajo la conducción de Juan Manzur, está a cargo de la redacción de las Decisiones Administrativas que pondrán en ejecución los distintos presupuestos para que las provincias puedan dar comienzo a los proyectos que tenían planeado arrancar en 2022.

Los jefes provinciales dependen de esos fondos para activar las resentidas economías locales, brindar empleo, y mejorar el poder adquisitivo, además de mostrar gestión para sentar las bases frente a sus ambiciones electorales en 2023.

Por ahora, el avance en el desarrollo de esos documentos está a la orden del día. En el proceso tienen un rol protagónico el secretario de Relaciones Económicas de la Jefatura de Gabinete, Jorge Neme, el secretario de Hacienda del Ministerio de Economía, Raúl Rigo; y la secretaria de Provincias del Ministerio del Interior, Silvina Batakis, y por ahora no hubo conversaciones formales con las carteras económicas de las provincias opositoras. Sí tuvieron lugar, como se publicó en las redes sociales del hermético jefe de Gabinete, repetidos diálogos con los jefes de los Ejecutivos de los distritos afines a la Casa Rosada. De todas formas, en el Gobierno aseguran que no habrá discrecionalidad en la entrega de fondos.

Mientras busca concretar un encuentro público con la oposición, el Presidente se hizo tiempo esta semana para reeditar una de sus actividades predilectas en último tramo de la campaña, y que no descontinuó una vez pasadas las elecciones. El jueves realizó una “bajada de cercanía” de bajo perfil a un barrio de la localidad bonaerense de San Martín, donde conversó con vecinos y escuchó sus reclamos.

En su círculo íntimo aseguran que es un tipo de acción que “le sirve”, porque le permite “sentir el pulso” de la ciudadanía y ampliar la perspectiva de los informes “fríos” que le acercan en Gobierno, como los describió un colaborador que suele acompañarlo en esos encuentros. Aunque las elecciones de 2023 están lejos, Alberto Fernández no dejará de estar en campaña. Durante los próximos dos años, la mayor parte de sus actividades estarán orientadas a posicionarse para su reelección. Quizá, como dijo el 17 de diciembre tras la derrota en las Legislativas generales, a través de unas inéditas internas.

En este esquema, el éxito de un pacto con el FMI será clave. Aunque el desafío se presenta dificultoso. Como admitió Guzmán, hay serias diferencias entre la Casa Rosada y el directorio del organismo sobre el sendero fiscal.

 

 

* Para www.infobae.com

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