La Edad Media colombiana

MARCHA-COLOMBIA-EFE

El presidente venezolano Rómulo Gallegos incluyó a Fidel Castro, un gángster cubano, en la delegación de su país (el de Gallegos) que participaba en Bogotá en la IX Conferencia Panamericana, con la misión de crear una revolución artificial que tumbara al presidente Mariano Ospina Pérez e impusiera una dictadura comunista.

Sucesivos asaltos a la democracia colombiana después del 9 de abril de 1948, como la Toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985, tras la que Pablo Escobar Gaviria y sus socios, los máximos dirigentes del grupo terrorista M-19 (el mismo de Gustavo Petro), querían imponer una narco dictadura comunista, y la reciente intentona de golpe de Estado ocurrida en noviembre del 2019, financiada también desde Venezuela, han sido intentos desesperados de la minoría comunista por imponer su dominio total sobre los colombianos.

El periodo de la violencia bipartidista fue el premio de consolación para los comunistas que no se pudieron tomar el poder a la brava en 1948. Se creó el caos rural, capitalizado por un grupo de bandoleros analfabetas que, con el tiempo, los comunistas instrumentalizan y los cubren bajo el manto romántico de la lucha social de las guerrillas revolucionarias.

El levantamiento en armas en contra del Estado “tirano” justificó sus crímenes y marcó el inicio de la amenaza terrorista de los grupos comunistas que sumió a Colombia en un estado permanente de miedo, de terror, de letargo, de atraso, de subdesarrollo económico, de ignorancia y de sumisión total que puede ser considerado como el inicio de la Edad Media colombiana.

El antropólogo Thomas Fisher compiló una serie de relatos de los extranjeros que visitaban Bogotá en el Siglo XIX. Todos los relatos coinciden en que la distinción social de la “gente decente de Bogotá” no estaba asociada a la riqueza porque los ricos eran los habitantes de las provincias cercanas de la Sabana de Bogotá o los que provenían de las regiones que prosperaban gracias a la explotación de las minas y de los cultivos dedicados a la exportación.

El auge que experimentaba el desarrollo de la economía colombiana durante la primera mitad del Siglo XX había recibido su primer ataque durante el Gobierno de Alfonso López Pumarejo cuando impuso su versión del New Deal, sin necesidad, lo que no solo significó un freno para la iniciativa privada sino que justificó y disparó el intervencionismo estatal y su costosa operación burocrática que aumentó de manera desproporcionada los tributos que debían pagar los colombianos (como en la Edad Media).

En la primera mitad del Siglo XX la agroindustria colombiana estaba al mismo nivel que la de Estados Unidos o Argentina. La facultad de Ingeniería Agrónoma de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Palmira, era un referente continental y recibía a los mejores jóvenes para que se formaran en el sector primario de la economía que creaba riqueza y bienestar en toda la geografía nacional por ser Colombia un país con vocación agroindustrial y contar con unos suelos privilegiados, aptos para todo tipo de cultivos. La prosperidad del campo colombiano era evidente.

A pesar de no ser un manuscrito medieval, aunque parece, “El Capital” de Karl Marx ha sido el manual para dominar a la sociedad y sumirla en una situación de atraso, de miedo, de miseria y de subdesarrollo permanente, propia de la Edad Media. El aporte violento al método comunista lo hizo Georges Sorel, un ultramarxista que advirtió que, por las buenas, jamás iba a pasar lo que dijo Marx y, por eso, tocaba usar la “Acción Directa” que fue el génesis del accionar terrorista fascista de los grupos armados comunistas colombianos.

El fracaso del capitalismo había que fabricarlo, creando pobreza y miseria. La guerra contra el bienestar y la prosperidad en las ​zonas​ rurales atacó a los que generaban empleo y riqueza que fueron perseguidos, asesinados, secuestrados, extorsionados y despojados de sus tierras por las FARC, el M-19, el ELN, el EPL, el Quintín Lame y una larga lista de grupos de forajidos que lavaban sus crímenes invocando “El Capital” de Marx o citando de memoria alguna frase corta de Hegel o de Nietzsche.

La violencia desbordada en el campo colombiano, creó grandes olas de migración interna y externa. Las grandes migraciones del campo a la ciudad, formaron cinturones de miseria que fueron capitalizados por los curas de la Teología de la Liberación que, para ganar adeptos, decían que ser pobre era clave para llegar al cielo y que la vida llena de sufrimiento y miseria, sumaba millas para poder ganarse la salvación eterna, aunque si se querían liberar, tenían que optar por el comunismo. Determinismo medieval puro.

La ONU, fiel a su esencia de fabricar problemas para crear soluciones y poder justificar su existencia, delegó a la oenegé regional CEPAL para promover la sustitución de importaciones con industrias que formaran un proletariado que se tomara el poder. El grave problema fue que a la élite sindical le gustó vivir las mieles de sus privilegios y terminaron quebrando a las empresas con sus reclamos desproporcionados que violaban la racionalidad económica. Que el 80 % de empresas de Colombia, hoy sean PYMES, es la lógica consecuencia de esa quiebra generalizada de industrias que terminó creando una gran clase empresarial y no obrera. Salió al revés la intención cepalina.

Ese revés obligó a replantear la estrategia y se enfocaron en la educación superior, creando cientos de programas académicos inútiles, formando a una generación mediocre, incompetente, improductiva, parasita, para poder aumentar el lastre social y crear más y más pobreza e inconformismo social ilustrado. Limitaron, también, la frontera agrícola convirtiendo las tierras productivas en Parques Naturales. Si dejan otros 20 años más a la misma burócrata, Colombia sería un gran Parque Natural en los próximos 10 años.

El nuevo siglo trajo la retórica del cambio climático, que ha servido de pretexto para que los grandes proyectos productivos no se puedan realizar porque los activistas medievales​ ​ven amenazado su oficio por la generación de empleo y el retorno de la prosperidad a las regiones inmensamente ricas en recursos naturales.

Esos activistas medievales están enquistados en todos los estamentos de la sociedad, son los encargados de convertir en axiomas, las mentiras necesarias para evitar que Colombia salga de la Edad Media. Todos conocemos a alguno. Son los que odian al presidente Álvaro Uribe porque sacó a Colombia de la Edad Media. Son los que aman a Juan Manuel Santos porque devolvió a Colombia a la Edad Media.

Son todos los políticos que actúan como grandes señores feudales que le cobran tributos a los siervos de gleba a cambio de “solucionarles” sus problemas y poder sacarlos de la pobreza y la desigualdad. Son todos esos personajes que jamás en su vida, han tenido un trabajo productivo que genere riqueza pero que son los expertos en definir y medir la pobreza, la desigualdad y la justicia social.

Son todos los que asumen que tienen un derecho divino para ser burócratas y vivir de los tributos a perpetuidad. Es tan medieval Colombia que algunos primogénitos perdieron el privilegio divino de su linaje de papá político importante que les permitía vivir del erario público, solo por haber sido hijos de las empleadas del servicio doméstico.

Son los que promueven que se acabe la policía, los que satanizan a la gente que se defiende de los hampones. Son los sacerdotes católicos que dicen desde el púlpito que no se puede fumigar con glifosato porque “lo del medio ambiente”. Son los que atacan a la polarización porque necesitan que todos piensen lo que ellos quieren que piensen para que nadie tenga criterio propio, no puede existir el disenso para poder dominar, así como en la Edad Media no podía existir la risa para que existiera el temor, según Umberto Eco. Los que piensan diferente son herejes, son blasfemos y deben ir a los Tribunales de la Santa Inquisición que hoy le dicen fact checkers.

Son los que el siglo pasado afirmaban que no se podía derrotar militarmente a la guerrilla para poder perpetuar la existencia de la amenaza terrorista y vivir siempre con miedo, con susto, como en el medioevo. Son los que en el presente dicen que no se puede comer carne. Son los que están obsesionados con el control de natalidad, con el aborto, con la eutanasia porque leyeron a Thomas Malthus y aseguran que nos vamos a morir de hambre porque la comida no va a alcanzar para tanta gente.

En menos de seis meses, los colombianos tienen su última oportunidad para terminar con la Edad Media y poder transitar hacia el Renacimiento. Última oportunidad, porque si llega Gustavo Petro al poder, se va a quedar ahí de manera vitalicia, como el gran señor feudal intocable de Ciénaga de Oro que siempre ha sido.

Fuente: PanamPost

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