Economistas de Juntos por el Cambio ya discuten cómo sería la salida del cepo cambiario en 2023

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El cepo cambiario tuvo un regreso sin gloria. La experiencia de las restricciones cambiarias en el gobierno de Alberto Fernández resultó peor incluso que la del segundo mandato de Cristina Kirchner: las reservas netas se terminaron más rápido, la brecha cambiaria es el doble y la inflación supera el 50%. Con este escenario, economistas de Juntos por el Cambio ya ensayan escenarios sobre cómo podría darse la salida de las restricciones en caso de un cambio de gobierno a fines del 2023.

Las conversaciones tienen como eje las fundaciones Pensar y Alem, hoy los principales “think tank” de Juntos por el Cambio, donde confluyen economistas del riñón del PRO y también radicales. Entre otros allí participan Hernán Lacunza, Franco Moccia, Francisco Gismondi, Jesús Rodríguez y Maximiliano Castillo, entre otros.

La conclusión bastante obvia en la que coinciden todos es que el cepo es un obstáculo insalvable para el crecimiento y tampoco cumple con el objetivo de cuidar las reservas. Gismondi, ex director del Central, incluso planteó públicamente en los últimos días las dudas sobre la estrategia de salida del cepo en caso de un cambio de gobierno: “No está claro que pueda hacerse de la noche a la mañana porque la brecha es muy significativa y el salto del dólar oficial generaría un impacto importante en la economía”, explicó.

El ex titular del BCRA, Federico Sturzenegger, también abordó en un trabajo académico en la Universidad de San Andrés las implicancias del cepo cambiario. Todo un “deja vu” respecto a lo que fue la previa a la victoria de Mauricio Macri en las elecciones del 2015. En aquel momento se discutía exactamente lo mismo.

La salida del cepo cambiario es imprescindible para volver a crecer después de 2023. La experiencia de Alberto Fernández profundizó todo lo negativo de las restricciones cambiarias, con más brecha, un drenaje de reservas mucho más rápido e inflación que duplica la del segundo gobierno de Cristina Kirchner
Obviamente Sturzenegger se muestra sumamente crítico al cepo, al que describe como un mecanismo que exclusivamente opera como un subsidio para los importadores y un impuesto a los exportadores. Se trata, por lo tanto, de un esquema sumamente nocivo que no tiene utilidad alguna para su objetivo principal, que es el control de capitales.

En charlas privadas con economistas, el ex titular del BCRA asegura que habría que volver a salir del cepo “exactamente igual” que como se hizo en 2015, es decir hacerlo de manera completa de un día para el otro. “De lo contrario, si se anuncia con un plazo determinado los exportadores dejarían automáticamente de liquidar y no ingresaría un dólar, es inviable”.

Se trata por ahora de meros ejercicios teóricos, porque aún falta mucho para las elecciones presidenciales. Sin embargo, es un aspecto principal vinculado al futuro de la economía en caso de un cambio de gobierno.

Ni siquiera el Fondo Monetario, históricamente contrario al control de capitales, realizó un planteo sobre el futuro del cepo, por lo menos hasta el final del gobierno de Alberto Fernández. Sin embargo, es fácil inferir que el planteo es encarar una salida de las restricciones una vez que se consiga la emisión monetaria 0 por parte del Banco Central. Si se cumple la baja del déficit y el freno a la emisión, resultaría mucho más factible pensar en una salida ordenada.

Al final del día, todo pasa por una cuestión de confianza, lo que no pudo conseguir Alberto Fernández en ningún momento de su presidencia. La desconfianza de los inversores se refleja en un riesgo país que roza los 1.800 puntos básicos, la suba del dólar libre, la gran brecha cambiaria y la inflación. Las acciones argentinas que cotizan en Wall Street siguen en promedio entre 50% y 80% debajo del precio que tenían el viernes previo a las PASO de 2019.

A priori, todo parece más difícil que en 2015, cuando Macri llegó con una gran ola de optimismo, marcando además el final de doce años de kirchnerismo. En aquel momento nadie sospechó que Cristina Kirchner regresaría apenas cuatro años después.

La gran incógnita a develar es la siguiente: ¿un nuevo gobierno de Juntos por el Cambio conseguirá despertar el mismo entusiasmo que logró Macri en su momento? En principio luce mucho más difícil. La mayoría de los inversores que confiaron en el gobierno anterior perdieron mucho con la compra de bonos y también están abajo luego de la renegociación de deuda que efectuó Martín Guzmán. La proyección de Wall Street es que el nuevo gobierno tendrá que renegociar la deuda en 2025. Salvo que un “milagro” le permita al futuro gobierno recuperar el acceso al financiamiento externo. Ése seguramente será el principal desafío de la futura administración, tratar de recuperar la confianza de los inversores luego de todos los golpes que vienen sufriendo desde 2018, cuando la economía macrista empezó a tambalear.

Fuente: Infobae

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