Cristina, Alberto y el precio de la unidad en la guerra interna

POLÍTICA Por Gabriela PEPE*
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El cristinismo siembra el mensaje de que la unidad debe ser con el pueblo y genera sensación de ruptura. El albertismo dice que CFK cometió un error histórico.

El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) pasó casi a un segundo plano. Cada dirigente que ingresó al despacho de Cristina Fernández de Kirchner en las horas previas a la votación del Senado salió de la oficina ubicada en el primer piso hablando sobre el tema que obsesiona a la vicepresidenta desde que el Frente de Todos (FdT) desembarcó en la Casa Rosada: los precios.

 

El índice de precios al consumidor, que dio un 4,7% de inflación en febrero, cuando todavía no se registra el impacto de la guerra en Ucrania, no hizo más que azuzar el fuego. El viernes a última hora, en un segmento fuera de registro para una mayoría ciudadana que quiere que la realidad argentina le dé aunque sea un momento de respiro, el presidente Alberto Fernández anunció medidas para combatir el alza descontrolada de precios.

El cristinismo tenía pocas expectativas. Ni Cristina ni ninguno de sus funcionarios habían sido convidados a la elaboración del plan, una muestra clara de que la desconexión entre sectores es total y que abre la llave del siguiente interrogante que plantea la vicepresidenta: aprobado el acuerdo con el Fondo, ¿con quién querrá gobernar el Presidente? ¿Con quiénes está dispuesto a pelearse para defender el bolsillo de las argentinas y los argentinos, cada vez más golpeado?.

Las respuestas no encontradas a esas preguntas son las que tienen en jaque a la unidad del FdT. Algo de eso planteó en los últimos días el cristinismo en diferentes canales, en el documento que publicaron los senadores y senadoras que rechazaron el acuerdo en el recinto apenas terminada la sesión, y en los mensajes que fueron dejando en diferentes intervenciones los dirigentes más cercanos a la vicepresidenta.

Oscar Parrilli, mano derecha de Cristina, lo dijo con claridad en su cuenta de Twitter. “Como dice Cristina, las elecciones no se ganan con la unidad de los dirigentes, sino gobernando para mejorar la calidad de vida del pueblo”. El martes, la vicepresidenta les había transmitido lo mismo a los representantes de los organismos de Derechos Humanos que la visitaron en el Senado para hablar sobre la organización de los actos del 24 de marzo. La unidad no es un valor en sí mismo y (la unidad del FdT) no sirve para nada si no puede ofrecerle algo mejor al pueblo.

No casualmente, el mismo mensaje bajó el miércoles Paula Penacca, secretaria parlamentaria del bloque del FdT en Diputados e integrante de La Cámpora, en un encuentro que se celebró en la sede del Partido Justicialista (PJ), ubicada en la calle Matheu. El motivo del encuentro fue la presentación del libro Eva y las mujeres, de Julia Rosemberg, que ofrecía una tregua en medio de la tensión interna, con la participación de mujeres de diferentes sectores del peronismo. En un mismo panel estuvieron la subsecretaria de Asuntos Parlamentarios e integrante del Grupo Callao, Cecilia Gómez Mirada, y la diputada Victoria Tolosa Paz, ambas albertistas, junto a Penacca. La camporista aprovechó su intervención para hablar sobre la irreverencia de Evita, señaló que nunca se doblegó y vinculó su intervención con la discusión sobre el acuerdo con el Fondo. Por último, señaló que la unidad tiene que ser “con el pueblo”.

Lo demás quedó escrito de manera explícita en el documento que los senadores y las senadoras del FdT que votaron en contra del acuerdo difundieron después de la sesión, en el que señalaron que habrá un ajuste que recaerá sobre “los sectores de ingresos medios y bajos” y remarcaron que los números deben “cerrar con la gente adentro”. “Con este pacto, millones de compatriotas seguirán afuera y otros tantos más quedarán excluidos”, dijeron. Parrilli disparó aún más fuerte con el discurso que insertó en la versión taquigráfica de la sesión. Dijo que, con el acuerdo con el Fondo, Argentina quedó "al borde del precipicio" y culpó a "funcionarios del Ejecutivo".

Tomados como las miguitas de Hansel y Gretel, los mensajes llevan, según la interpretación del albertismo, a un punto de casi no retorno en las relaciones entre los dos sectores. El cristinismo piensa que todavía hay tiempo de reencauzarlas, pero las condiciones aparecen, como mínimo, difíciles de ser cumplidas. Quieren, en primer lugar, que Fernández, desde su lugar de presidente, convoque a la mesa política del FdT y le reconozca a Cristina la porción que le corresponde en la toma de decisiones. En segundo término, pretende que se aboque a dar las peleas que corresponde para cumplir con el contrato electoral de 2019 de mejorarle la vida a la sociedad. Por último, busca que blanquee si gobernará al lado del establishment o se apoyará en la fuerza popular que representa el kirchnerismo. Quién va a pagar el ajuste es la pregunta que más repiten Cristina y su entorno. La respuesta que infieren suena mal. Quieren, además, la cabeza de Martín Guzmán.

 

La lectura de la cúpula del Senado sobre las intrigas palaciegas que se alientan desde la Casa Rosada son poco alentadoras en términos de unidad. Cristina y su entorno creen que el albertismo está “en la pavada”, consumiendo encuestas que muestran datos de supuesto crecimiento de la imagen positiva del Presidente, números que señalan un aval de la sociedad al acuerdo con el Fondo, que hablan de la caída de Máximo Kirchner, con filtraciones off the record, o en la construcción mediática de un sector de supuestos “halcones” que promueven la ruptura, mientras la inflación avanza desbocada y la población no encuentra respuestas en la política.

La mirada de la Casa Rosada es diametralmente opuesta. Cerca del Presidente repiten que Cristina y La Cámpora cometieron “un error histórico” con su voto negativo y que la votación dejó en evidencia “la sustentabilidad” de la autoridad de Fernández, que encontró un respaldo claro en los gobernadores y las gobernadoras, la CGT y los movimientos sociales. En definitiva, que la votación funcionó como una suerte de blanqueo del peso que finalmente tiene cada uno en la coalición y que Cristina salió desfavorecida en el balance final. Sobre el estado de la relación habló en público la portavoz presidencial, Gabriela Cerruti. “Bueno, vimos cómo se votó anoche”, dijo en Radio con Vos.

 

En el nuevo mapa salió fortalecido nuevamente el jefe de Gabinete, Juan Manzur, figura clave en el diálogo con las provincias. El tucumano recibió en los últimos días muestras sutiles de que su lugar está firme. Consiguió, por ejemplo, que después de seis meses en su cargo el Presidente le aprobara la nueva estructura de la Jefatura de Gabinete, que le había propuesto hacía tiempo y salió publicada en el Boletín Oficial el 10 de marzo. Fernández viajó este viernes a Tucumán junto a Manzur y otros leales. También subió al avión al presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, que se puso de su lado en la pelea por los votos para el acuerdo con el Fondo.   

En el Congreso, blanqueó también a sus referentes. Tras la votación en Diputados, llevó a Chile a Tolosa Paz, Liliana Paponet, Carolina Gaillard y Leonardo Grosso. En el Senado, consiguió un referente claro en el entrerriano Edgardo Kueider, que se encargó de enrostrarle al kirchnerismo que el acuerdo contaba con el apoyo de gobernadores de Tucumán, San Juan, La Rioja, Salta, Catamarca, Jujuy, Santiago del Estero, Misiones, Corrientes y Santa Fe, e incluyó en su enumeración a los suyos: Alicia Kirchner, Axel Kicillof y al ministro del Interior, Eduardo de Pedro. “Fuimos nosotros los que decidimos que el Presidente esté allí y no hay que darle la espalda. Hay que acompañar en los momentos más difíciles. Es nuestro frente el que gobierna”, dijo el entrerriano y disparó: “No se debe especular con el fracaso de uno para tener aspiraciones para gobernar luego”. El ministro Guzmán remarcó que el cierre del acuerdo fue el resultado de “la conducción” de Fernández.

 

En ese escenario, la Casa Rosada entiende que el Presidente tiene una “oportunidad” para poner en marcha su plan de gobierno, una vez allanado el camino del acuerdo con el Fondo, considerado una "bisagra" en la gestión, y que ya encontró su equipo político para gobernar a su estilo, con moderación y consensos. 

 

Por lo pronto, en público, Fernández aflojó primero y tiró después. El viernes por la mañana, en Tucumán, hizo un llamado a la unidad. "Ya tuvimos demasiados años para distanciarnos, pelearnos y marcar diferencias. Hay cuestiones donde no tiene sentido que sigamos marcando esas diferencias. El problema ciudadano tiene otra magnitud y nos está reclamando ese ceder". Por la noche, desde Olivos, hizo un tiro por elevación a Cristina y a La Cámpora al expresar su "más sincero reconocimiento" a los legisladores de "distintas fuerzas políticas que lograron encontrar los puntos de acuerdo para responder con responsabilidad democrática a una situación que así lo requería". El cristinismo sigue atento a que el teléfono anuncie una convocatoria formal para el alto el fuego. 

*Para Letra P

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