Schiaretti es alto, rubio y de ojos celestes

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El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, comenzó ayer una gira oficial por las ciudades europeas de Hannover, Berlín y Madrid, con una agenda enfocada en proyectos de educación, trabajo y reactivación del turismo, además de potenciar sus contactos internacionales rumbo a una eventual postulación como candidato presidencial en 2023.

No quedan dudas sobre los planes para su carrera política, aunque si hay varias incógnitas sobre su estrategia de armado. En especial, por fuera la provincia y Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Sus rivales no dejan de enviarle señales de fortaleza desde la Córdoba que alguna vez Mauricio Macri reconoció bautizándola como “segundo hogar”. La presidenta del PRO, Patricia Bullrich, mostró cuadros técnicos y políticos en el encuentro liberal del sábado pasado; buscó reconciliarse como los amarillos locales (sin suerte), pero no controló la debilidad que siente por el senador Luis Juez, a quien ubicó en la primera fila de los halcones que responden a la exministra de Seguridad de Cambiemos. En tanto, el radical neurocientífico, Facundo Manes, trató de agitar la interna nacional de Juntos por el Cambio con un encuentro privado con el gobernador Juan Schiaretti.

 
El jefe de Hacemos por Córdoba ya había recibido a otro precandidato a presidente del espacio, su par jujeño Gerardo Morales, y en poco tiempo hará lo mismo con el correntino Gustavo Valdéz, con quien coordinó en persona la asistencia para la provincia mesopotámica, envuelta en llamas y en un conflicto político con la Casa Rosada.

Desde el entorno del jefe de gobierno porteño negaron a Alfil que Larreta se haya sentido incomodado por el gobernador cordobés al mostrarse abierto a dialogar con los rivales internos del hombre del PRO. Por el contrario, entienden que “es natural”. Y podría agregarse que es de hasta sentido común: cualquier precandidato no kirchnerista desearía sumar el apoyo de uno de los gobernadores más influyentes del interior y con un electorado que ha demostrado seguirlo en volúmenes históricos, a juzgar por el resultado de mayo de 2019.

Altas fuentes porteñas lo admiten en esos términos: Larreta no reprimió su deseo de un gran acuerdo nacional que tenga a Schiaretti como protagonista.

En su última visita estival, el peronista PRO exorcizó el fantasma de un acercamiento al schiarettismo que, como se sabe, espanta a los aliados locales en JPC. Sin embargo, la seguidilla de ilustres visitas al despacho del gobernador volvió a avivar la fantasía. El larretismo reflota su interés y promete movimientos, al tiempo que aclaran que “no hay nada concreto, aún”. El blanqueo de lo que siempre fue un propósito del jefe de gobierno porteño tiene su raíz en los coqueteos boina blanca con el gobernador. Sin quererlo, le sirvieron la oportunidad de buscar contacto sin cargar con el estigma de unirse a un rival de sus conmilitones en Córdoba.

Macri es el del vínculo con Schiaretti y Larreta debe ensayar las aproximaciones como cualquier otro interesado. El contexto dialoguista entre Schiaretti y los líderes de JPC le dan la pantalla justa para un Larreta acostumbrado a no mostrar sus cartas e ilusionar a todos. Ahora bien, el trabajo de armado presidencial exige atender varios frentes en simultáneo.

En Córdoba, resolvió no apoyar a ninguna lista legislativa y terminó facilitando el acuerdo lacrado de Bullrich con Juez. Si bien Larreta se propuso fortalecer al PRO –más allá de estos deseos de confraternizar con Hacemos por Córdoba- sabe que la línea amarilla que responde a la exministra de Seguridad no se moverá del lado del equipo ganador. Incluso, ya imaginan posibles compañeros de fórmula para el titular del Frente Cívico.

El exministro de Turismo, Gustavo Santos, puede encontrar una llave de ingreso a la pulseada local del 2023. Sus chances, incluso, podrían aumentar exponencialmente si Larreta y Macri juegan en tándem o si los radicales montan un operativo cerrojo a esa sociedad de la jefa de los halcones amarillos y el senador.

El terror que causa en los aliancistas la intervención del PJ en su interna sigue vigente. ¿Qué sucedería si finalmente hay posibilidades de un gran frente nacional con el peronismo republicano de los gobernadores adentro? ¿Larreta priorizaría un triunfo provincial de sus aliados o el plafón del gobernador antikichnerista de un bastión clave? La respuesta es previsible.

Fuente: Alfil Diario, nota de Yanina Passero

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