Conflicto Rusia Ucrania: cumbres de gas, petróleo y estrategias de guerra

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Desde París

Al final, casi un mes después de que Vladimir Putin invadiera Ucrania, sus peores enemigos cuya presencia en sus fronteras justificó en parte esta guerra, terminaron más unidos que nunca cuando, en realidad, llevaban años alejándose: la OTAN, la Alianza Atlántica, y la Unión Europea —luego el G7— vivieron un extraño momento de convergencia en las sucesivas cumbres que los reunieron este jueves 24 de marzo en Bruselas. Nada puede ser más representativo del cambio que se produjo como el retorno de los soldados norteamericanos en suelo europeo. En los últimos años, Washington fue alejando sus tropas del teatro de Europa pero, con la guerra, incrementó esa presencia a los niveles de 2005: entre enero y marzo de 2022, Estados Unidos aumentó en un 25 por ciento su presencia militar con el envío de 20.000 soldados (10 mil de los cuales están estacionados en Polonia), lo que llevó la cifra a poco más de 100 mil militares. Es en ese contexto que este jueves, con la presencia del presidente Estados Unidos Joe Biden, se celebró la cumbre de la OTAN, otra del G7, el grupo de países más industrializados al que perteneció Rusia entre 1998 y 2014, y una tercera del Consejo Europeo con el presidente de Estados Unidos como invitado especial.

El conflicto Rusia - Ucrania, minuto a minuto
Tres temas abarcaron la agenda: la estrategia militar "no co-beligerante" en la guerra en Ucrania, más sanciones contra Moscú y el tema de la dependencia europea ante los hidrocarburos rusos, a la cual Washington busca aminorar. Ante la OTAN, el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, exhortó a la Alianza Atlántica a suministrarle a su país  "una ayuda militar sin restricciones" y acusó a Rusia de estar utilizando "bombas de fósforo". Según Zelenski, "el riesgo de que Rusia recurra a gran escala a las armas químicas en el territorio de Ucrania es real". La respuesta de la Organización militar multilateral que se encuentra en el ojo del ciclón por su despliegue hacia los países del Este consistió en decir que le suministraría a Ucrania "equipos de protección contra las amenazas químicas, biológicas y nucleares". El Secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, también adelantó que contempla proteger a sus propias fuerzas presentes en el flanco oriental con esos mismos dispositivos.

Uso de armas químicas
Por su parte, Biden, aseguró que la Alianza  responderá en caso de que Rusia recurra a las armas químicas en Ucrania según "cómo estas sean utilizadas por Moscú". En suma, regateos, amenazas, muchas fotos y abrazos pero pocas decisiones estratégicas sólidas o visibles hasta el momento. Lo único realmente tangible se pactó en la reunión del G7, donde los dirigentes del mundo acordaron un nuevo paquete de sanciones contra Rusia. Las grandes potencias occidentales y Japón se comprometieron igualmente a investigar supuestos crímenes de guerra cometidos por Rusia en Ucrania al tiempo que Estados Unidos activó sanciones contra 328 diputados del Parlamento ruso y 48 empresas que evolucionan en el sector de la defensa. En realidad, Biden vino a Europa vender su gas y a presionar a los europeos para que abandonen totalmente la compra de hidrocarburos rusos. Europa le pide a Biden que sea más duro con el jefe del Estado ruso y Biden le exige a los dirigentes de la Union Europea que corten su dependencia ante el gas de Moscú. Para ello, el mandatario estadounidense vino a ofrecer gas natural licuado (GNL) en volúmenes enormes (miles de millones de metros cúbicos). 

Biden hasta sacó del cajón de los recuerdos una frase que el ex presidente estadounidense Donald Trump había enterrado: la famosa "unidad transatlántica". Las importaciones de energía rusa a Europa no reflejan esa "unidad". El mandatario estadounidense dice estar dispuesto a cubrir la ausencia de importaciones rusas con su propio gas, pero la Unión Europea se muestra aún reticente a dar ese paso porque el cierre total de las válvulas de los hidrocarburos rusos podría convertirse en un boomerang que golpearía de lleno a muchos países de la Unión Europea, entre ellos, por ejemplo, la principal economía del Viejo Continente, Alemania. Europa ha aprobado un total de cuatro series de sanciones muy duras con ataques directos a empresas del Estado ruso, sanciones contra bancos y el sector de la industria. Nadie, sin embargo, ha ido más allá, ni tampoco se dispuso a seguir a Estados Unidos en su exigencia de que se ponga término completo a la importación de hidrocarburos. 

El gas importado de Rusia
Esas importaciones equivalen para Moscú unos 700 millones de euros diarios. La pobreza energética de Europa es drástica: importa el 90 por ciento de gas que necesita y en ese 90 el 40 proviene de Rusia. Como si fuera poco, más del 45 por ciento del carbón que se consume en Europa es oriundo de Rusia y 28 po ciento del petróleo también sale de las fuentes de Moscú. Imposible por ahora plegarse a las propuestas de la Casa Blanca. Estas, por otra parte, no so nuevas ni empezaron con la guerra. Desde hace ya varios años Washington hace un fuerte lobby para que se disminuyan las importaciones de hidrocarburos rusos. La posición Alemana habla un por toda Europa. Tras las cumbres sucesivas de la OTAN, el Consejo de Europa y el G7, el canciller alemán, Olaf Scholz, se refirió al tema de las energías rusas y aclaró que no se iría más allá: "mantendremos las sanciones todo el tiempo que se requiera y volveremos a revisar su efectividad varias veces". Estados Unidos, en los últimos meses, exportó a Europa unos 2.250 millones de metros cúbicos de GNL. Sin embargo, la cifra se multiplicó casi por dos (4.400) desde que Rusia empezó a desplegar sus tropas en las fronteras con Ucrania.

La Comisión de Bruselas ha elaborado un plan tendiente a prescindir de los hidrocarburos rusos mediante una agenda que se prolongaría hasta 2030. La Comisión quiere ahorrarse 155.000 millones de metros cúbicos de gas ruso antes de esa fecha. El camino aún es largo, los mismos europeos están divididos, la guerra continúa y la variable de los precios determinará, de hecho, la estrechez o la separación de las alianzas en el seno de Occidente. De una u otra manera, el gas y el petróleo mandan por encima de las grandes retóricas amenazantes.

Fuentes: Página12

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