Schiaretti se muestra como el aliado incondicional del campo

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Los diputados de Hacemos por Córdoba presentarán, junto a sus compañeros del Interbloque Federal, el esperado proyecto para reducir gradualmente las retenciones al campo hasta que éstas sean plenamente absorbidas por el impuesto a las Ganancias, y aunque aún no se conoce su letra, hay algunas apreciaciones políticas que resultan casi obligadas.

Para empezar, la iniciativa no sólo busca reducir la presión tributaria sobre el sector agropecuario, principal motor de la economía cordobesa y primera usina generadora de divisas para el país, sino que además plantea la absorción de un impuesto no coparticipable por otro que debe distribuirse entre las provincias por las reglas de la coparticipación nacional. En suma, propone no un golpe, sino una combinación furibunda al “modelo” según el cual el kirchnerismo ejerce el poder, sometiendo a los gobiernos de provincia en un juego de premios y castigos.

Por otro lado, el contexto es singular. Mientras el Frente de Todos atraviesa su momento de mayor tensión interna y en Balcarce 50 hay consternación y expectativa por cuál pueda ser el próximo movimiento del Instituto Patria; mientras los referentes de Juntos por el Cambio trajinan a destajo por los medios nacionales para horadar al oficialismo y rentabilizar al máximo sus constantes equivocaciones; Schiaretti busca poner en la agenda el conflicto que más complicó al cristinismo desde sus inicios, y encolumnar detrás de sí a un factor de poder que ha demostrado que no sólo tiene recursos, sino también capacidad para transmutar un reclamo sectorial en un conflicto político con alta penetración en el electorado.

 
Tiene, además, sobrados pliegos para intentarlo. Fue Schiaretti quién perfeccionó y consolidó la alianza del peronismo cordobés con el campo (antes acuñada por José Manuel de la Sota) parándose del lado del agro en recordado conflicto de la 125, en 2008. Desde entonces, el gobernador ha estado siempre del mismo lado, incluso a precio de soportar severas reprimendas del Gobierno Nacional.

Juntos por el Cambio puede arrogarse el haber alcanzado el poder y planteado un esquema de reducción de las retenciones, pero lo cierto es que hacia el final de su mandato terminó restituyéndolas y poniendo un cepo al dólar, contraviniendo su doctrina y aplicando el manual del adversario.

Schiaretti es, además, de los cinco gobernadores al frente de provincias predominantemente agrícolas, el único en condiciones de liderar un reclamo del campo. Omar Perotti (Santa Fe), asediado en la interna por el albertista Agustín Rossi y dependiendo del envío de fuerzas nacionales para controlar el avance del narcotráfico no tiene las manos libres. Gustavo Bordet (Entre Ríos) está parado sobre un PJ con fuerte ascendencia “k” y tiene una alta dependencia de los giros nacionales. Sergio Ziliotto (La Pampa) no controla por entero el partido y su relación con el agro está desgastada, además de liderar un distrito menor. Axel Kicillof (Buenos Aires) es Axel Kicillof, y sólo gobierna para el Conurbano.

El mandatario cordobés, por el contrario, lidera una provincia que conserva buena salud en términos financieros, controla por completo al PJ, al que busca terminar de “descontaminar” de presencia “k”, tiene ascendencia sobre sus pares y el respeto de distintos líderes de Juntos por el Cambio que ven con buenos ojos acercarlo hacia una coalición opositora.

La configuración que las últimas elecciones dejaron en las cámaras legislativas, en donde el oficialismo quedó debilitado, hace pensar que no sería imposible que el proyecto que presentará el Interbloque Federal tenga éxito, sino en términos legislativos, en términos políticos para el Centro Cívico.

Frente a un quórum de 129 bancas, Juntos por el Cambio reúne 116 y el Interbloque Federal 8. Faltarían apenas 5.

En el Senado, el panorama puede parecer más complejo, con un oficialismo que tiene 35 bancas sobre un total de 72. Sin embargo no será fácil para los senadores de provincias agrícolas votar en contra del proyecto, sea cual sea el bloque al que pertenezcan. Un ejemplo, el santafecino Marcelo Lewandowski, que integra el FdT y se ha pronunciado recientemente en contra de la suba de retenciones.

En suma, el proyecto puede avanzar en Diputados, y aunque tiene probabilidades de naufragar en el Senado, debe tenerse en cuenta el considerable margen de incertidumbre que regala un oficialismo sumido en feroces internas.

La sola instalación de la iniciativa en la agenda daría a Schiaretti centralidad en el tablero nacional parándose como un claro opositor al Frente de Todos y “exportando” su imagen de “el gobernador del campo” (marca con la que se entusiasman en el Centro Cívico) en vísperas de las elecciones.
Si, por antojo del destino, el proyecto pasara en el Congreso y tuviera que ser vetado por el presidente, esa centralidad sería absoluta.

Fuente: Alfil Diario, por Felipe Osman

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