Los dólares en el colchón pierden fuerza y la tasa de interés atrasa

ECONOMÍA Por Daniel Fernández Canedo
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La inflación internacional y la local no siempre se tocan, pero en estos días encuentran puntos de contacto que afectan de lleno al ahorro de los argentinos. 

La tradición indica que fue el dólar el refugio de valor para una economía como la argentina, caracterizada por alta inflación y baja confianza sobre el mantenimiento de reglas para impulsar el ahorro.

En el transcurso de estos años de crisis hay indicios de algunos cambios: por caso, los depósitos en dólares en el sistema financiero siguen rondando los US$10.000 millones con una baja de sólo 0,6% en el último mes, dejando entrever cierta independencia de algunas variables financieras de los bandazos políticos del gobierno.

El dato de que los argentinos mantienen más de US$200.000 millones, el equivalente a medio PBI, en cajas de seguridad o en los "colchones" fuera del sistema financiero y fuera de control desespera a kirchnerismo, y alienta a los privados que ven ahí una suerte de "fondo anticíclico" más allá del desaguisado de la política oficial.

Los dólares del colchón aparecen cíclicamente en el imaginario argentino en torno a la posibilidad de constituirse en un motor de mejora, pero la falta de confianza en la política termina por desvanecer muchas posibilidades.

Un informe reciente de la consultora ABECEB alertó sobre un cambio en el costo de mantener divisas atesoradas y sin colocación.

Dice: "Si los argentinos atesoran unos doscientos mil millones de dólares en dólar billete o colocaciones de portafolio en dólares que reciben una tasa de interés nula o muy baja y, simultáneamente, la inflación internacional se acelera y las oportunidades de inversión en el sector transable en la Argentina mejoran, debería haber repatriación de capitales".

"Hagamos cuentas: por atesorar 1.000 dólares en billete, el ahorrista hoy debe pagar 79 dólares por culpa de la inflación en dólares, cuando en el mundo de inflación de 2%, que se acabó, pagaba 20", concluye.

Tal vez, parte de ese razonamiento se está trasladando al mercado financiero, que en las últimas semanas logró independizarse de la aguda crisis política en el oficialismo por la pelea entre el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Kirchner.

Pero los mercados miran simultáneamente otra película: el Fondo Monetario aprobó el acuerdo con el Gobierno argentino, desembolsó US$9.800 millones y el Banco Central ahora tiene más reservas.

Del mismo lado de la balanza, los dólares no controlados (blue y contado con liquidación) rondan los $200 en cierta calma, y los castigadísimos bonos argentinos subieron 10% en pocas ruedas.

¿Es una fiesta financiera? Está lejos de serlo pero la disparada inflacionaria y las respuestas del gobierno para encontrar alguna solución ayudan muy poco.

En el Banco Central reconocen que la suba de dos puntos de la tasa de interés para los depósitos a plazo fijo (de 41,5% a 43,5% anual que da una efectiva de 53,3%) corre de atrás a la inflación, pero consideran que el contexto político no permite más (se supone que se refieren a las críticas que podrían recibir de Cristina Kirchner por acceder al acuerdo con el FMI en lo que hace a mantener tasas reales positivas).

Dejan trascender que esperarán a que se conozcan las malas noticias de la inflación de marzo y abril para empinar más la renta de los plazos fijos.

Entre tanto, hay otros segmentos del mercado que se desentienden de los empujones de la política a fuerza de pagar un costo elevado y atractivo para los tenedores de pesos. Hay bonos provinciales que rinden 15% en dólares y Martín Guzmán coloca deuda indexada por el CER​ que promete rendimientos superiores a 50%, que le deberían ganar a las colocaciones en dólares.

El desacople de lo financiero y la política se cristaliza en los títulos que emiten las empresas privadas que ganan confianza frente a la desconfianza de los públicos.

Los operadores financieros comienzan a mirar con atención dos números, uno sobre el crecimiento de la deuda en pesos y el otro sobre el fuerte salto de las importaciones de combustibles en el primer bimestre del año, que ya encendió luces rojas en el tablero de control del gobierno.

Respecto de la deuda en pesos, preocupa tanto la vertiginosidad del aumento como los montos alcanzados.

Hoy hay $4,2 billones colocados en Letras de Liquidez del Banco Central, mostrando un aumento de 445% con relación a fines de 2019.

Y el Tesoro tiene colocada deuda en CER (para inflación y está mayoritariamente a plazos cortos) por $2,1 billones, lo que representa un aumento de 808% con relación a cuando asumió el gobierno. La virulencia del aumento llama la atención y desata comentarios y dudas sobre cómo hará el gobierno para afrontar esta "montaña" de deuda en pesos al no poder emitir sin límite.

El otro llamado de atención, el de los combustibles, es que en el primer bimestre las importaciones saltaron a US$1.264 millones, cuando en el el mismo período del año pasado habían sido US$ 440 millones.

La disparada de los precios internacionales y el temor ante la escasez de gas en el invierno están llevando a previsionar combustible, y el fantasma de los dólares "contantes y sonantes" para pagar los barcos gasíferos cobra fuerza en el primer plano.

Fuente: clarin

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