En una semana de alta tensión, el relato económico puede llegar a su límite

POLÍTICA Por Rubén Rabanal
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Alberto Fernández pasó uno de los fines de semana más turbulentos desde que asumió la presidencia. Desde el viernes el mundo político y económico ya no se pregunta si habrá o no un cambio de Gabinete; el problema es conocer cuándo será y quiénes se van y llegan. Martín Guzmán este en medio de esa tormenta de versiones y especulaciones que abonaron las mesas más importantes de los asados de fin de semana. Si el presidente tomará la decisión después de Semana Santa (momento siempre políticamente complicado para la Argentina) y qué otros ministros quedarán involucrados en ella es tema central de agenda en el Gabinete en este momento. Hay varios que se están probando trajes en al menos tres carteras. 

Mientras todo eso sucede, al Gobierno se le siguen sumando malas noticias cada día. No hay buenas ni en lo político, ni en lo económico desde hace mucho tiempo y eso socavó cualquier chance de optimismo entre quienes rodean al presidente. Hartazgo que hace que le multipliquen, en sordina, reclamos al propio jefe por ausencia de una característica esencial para cualquier mandatario: la determinación.

Esta semana el Gobierno deberá enfrentar un "doble embrujo". El miércoles, piqueteros no oficiales, pero que ya cuentan con simpatías y apoyo de otros cercanos al Gobierno y hasta con la posible asistencia de los sectores más duros que siguen a Cristina Fernández de Kirchner, intentarán tomar nuevamente la avenida 9 de Julio en CABA. Marcelo D'Alessandro, ministro de Seguridad de Horacio Rodríguez Larreta, negocia aún con el Gobierno nacional alguna estrategia para evitar esa toma. Hasta ahora no recibió respuesta alguna. Mientras esa protesta este tomando temperatura en la calle, el Indec anunciará el dato de la inflación de marzo. Todo al mismo tiempo. De nuevo: ya no importa si ese número será 6% o algo parecido; el tema es que el mundo económico tiene la certeza de que no será un piso.

El Gobierno viene machacando con la recuperación de la economía como un dato clave positivo sobre el futuro. Esa posición fue parte esencial de la negociación con el FMI. La Consultora Ecolatina revela en su informe del domingo que para este año analiza un crecimiento "del orden de 3%, y esta cifra que esperamos podría repetirse en 2023". Esos números, sumados al rebote del año pasado, solo alcanzan nominalmente para recuperar lo perdido desde el 2018 para acá (una caída total de 14 puntos).

Son las mismas noticias, decimal más o menos, que ve el FMI. El problema es que cuando nos comparamos con el mundo cualquier optimismo desaparece. "Al mismo tiempo que Argentina lograría en 2023 recuperar el terreno cedido desde el último nivel máximo (+0,9%), el mundo habrá crecido 18,8% y la región 5,7%. Al interior de esta última, Colombia (+20,4%), Perú (+13,0%), Chile (+12,0%) son los que mostrarían mayores cifras a lo largo de estos años", dice Ecolatina.

En materia social, los números de Ecolatina son igualmente dolorosos. La recuperación de la que hace gala el Gobierno nos llevaría el año que viene a niveles de PBI de 2017. Se calcula que hoy existen 3 millones de argentinos más que ese año. El ingreso per cápita será imposible que muestre números alentadores.

Simplificando: "En 2023 el PIB será similar al de 2017, pero 5% menor en términos per cápita, y todavía ubicándose 11% por debajo del máximo alcanzado en 2011", dice la consultora.

Las razones ya las conocen casi todos los argentinos. La falta de confianza en el Gobierno es una constante y también el índice de optimismo económico, muy difícil de torcer en un país que lleva más de 10 años sin mostrar indicadores positivos continuos. El kirchnerismo y la oposición, cada uno por su lado y con visiones bien distintas, se preguntan este fin de semana de qué dimensión deberá ser el cambio de Gabinete que ronda la Casa Rosada para revertir semejante rumbo.

Fuente: MDZONLINE

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