Un gringo de campo

POLÍTICA - SANTA FE Por Pablo Fornero
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Está entusiasmado Omar Perotti. El santafesino es uno de los que más énfasis puso en la juntada de peso de gobernadores que, tal como adelantó Letra P, se concretará este lunes en la sede del Consejo Federal de Inversiones (CFI). Para el rafaelino, al igual que varios de sus pares, llegó el momento del interior, de abandonar el porteño centrismo y concentrarse en agendas que le darían al Frente de Todos (FdT) la fortaleza política que hoy no tiene.

Tanta interna irresoluta disocia la coalición de gobierno con las demandas más urgentes de los y las argentinas. Detrás de la tensión insoportable en el vínculo entre el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández, hay un núcleo de dirigentes, de gobernadores, que cree que llegó su momento.

¿Para qué? Es pronto para imaginarle un futuro electoral al cónclave que tendrá a Perotti como uno de sus principales protagonistas. Pero el santafesino promueve cambiar el eje, la piedra basal que reduce al oficialismo. Es que, pese a indicadores que repercuten negativamente en todo el país, como la inflación, los bajos salarios y la inseguridad, en el interior se cocina una recuperación económica que repercute de manera positiva en el empleo.

“Lo que Santa Fe recibe, lo multiplica y lo devuelve en una proporción muy superior”, es la frase que el rafaelino repite en las últimas semanas. “La Santa Fe productiva”, insiste las usinas de comunicación del gobierno provincial. Mientras Buenos Aires juega a la interna de la interna, a los gobernadores los ganó el hartazgo y, ante un escenario tan revuelo, quieren disputar poder a gran escala.

Piamontés, duro, tozudo, con dificultades para delegar, Perotti hizo toda una carrera política sobre los pilares que hoy quiere imponer. Siempre entendió que no había lugar para otro tipo de peronismo en la Zona Núcleo, de ahí las coincidencias con el cordobés Juan Schiaretti. Producción, trabajo, empleo, industria.

 A la política siempre la delegó. Le tocó a su mano derecha, el diputado nacional Roberto Mirabella, la rosca. Perotti ni siquiera quiso conducir los destinos del PJ en su provincia, a él denle gestión. Es un peronista del Estado. Eso le factura casi todo el partido en la provincia. “Omar no conduce la política”, se extiende. Mucho no le debe importar.

No obstante, no son nuevos los movimientos de Perotti. El gobernador ya no es un aliado incondicional del Presidente. Ya se permite criticarlo incluso cuando lo tiene al lado suyo, como ocurrió a fines de marzo en Las Parejas. Expropiación de Vicentín, cierre de exportaciones de carne, aumento a retenciones de productos derivados de la soja, reparto de subsidios inequitativos para el transporte en comparación con CABA. Mucho en el carretel.

Todo eso sin contar la escalada de Agustín Rossi en el albertismo, a quién el propio Perotti venció en la interna del FdT ¿Qué ocurrirá entre el gobernador y el presidente si finalmente el Chivo ingresa al gabinete nacional? ¿Mantendrá los pies en el plato el rafaelino? Sus laderos, los pica sesos, ya le piden romper, no necesitan el reingreso formal del exministro de Defensa.

 Los gobernadores están jugando. Primero, Schiaretti y el chaqueño Jorge Capitanich se reunieron a solas, luego se realizó un variopinto encuentro entre el jujeño Gerardo Morales, el diputado por Entre Ríos Rogelio Frigerio, el intendente Pablo Javkin y otros. Más Schiaretti, claro. Luego se concretó la reunión formal de la Región Centro, con el entrerriano Gustavo Bordet, Perotti y, claro, Schiaretti. El cordobés está en todos los mítines, lo quieren propios y ajenos.

Perotti se jugará una ficha. Ante el escenario enrarecido, buscará alianzas. Sin reelección a la vista, tiene que buscarse un futuro. El manual dice cabeza de lista en diputados provincias para presidir luego la Cámara baja. Tiene tiempo para resolverlo, ahora – para él – es el momento de la pampa gringa.

Fuente: letrap.com.ar

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