Juntos por el Cambio ¿llega Junto al 2023?

POLÍTICA Por Nancy Pazos
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Mauricio Macri se siente más cerca intelectual y estéticamente de Javier Milei que de Gerardo Morales. Elisa Carrió lo intuye. Por eso retomó su agenda mediática en las últimas horas para lanzar dardos envenenados contra el ex Presidente y ponerle un límite: “no sé si es tan republicano…, la foto con Trump me dio vergüenza”, afirmó la líder de la Coalición Cívica en una entrevista con Infobae.

El radicalismo alinea la tropa para dar la batalla interna. Y Horacio Rodríguez Larreta, fiel a su estilo, hace equilibrio -con disímil resultado- para que nada ni nadie estalle. Con la certeza de que tienen altas chances de recuperar el poder el próximo año, la oposición discute antes de tiempo el posible reparto futuro y hoy es un verdadero volcán en preludio de erupción. 

 El primer dato es público. En las elecciones del año pasado, con la irrupción de los libertarios o la derecha recalcitrante, hubo un quiebre en la base electoral de Juntos por el Cambio. Se sintió en todo el país pero, sobre todo, en el distrito natal del PRO, la ciudad de Buenos Aires.

El segundo dato es hipotético. Una ruptura en los votantes se refleja tarde o temprano en la dirigencia política. Dicho de otro modo. Si el voto ya está partido, ¿qué impediría que haya un cisma entre sus dirigentes? Por el contrario, ¿no sería la consecuencia lógica?

Esa discusión es hoy central más que en la alianza opositora, puertas adentro del PRO. Macri sigue jugando con su segundo tiempo pero hoy más que nunca condiciona a los dirigentes de su partido. Envalentonado por la inocultable derechización de la opinión pública y de la opinión publicada, Mauricio siente que hoy Milei es todo lo que está bien, abre el debate por la dolarización económica, apuesta a que el actual Gobierno termine en caos (militó personalmente la posibilidad de que Argentina cayera en default con el FMI) y piensa las opciones electorales para el próximo año como si sus aliados políticos no existieran o siguieran siendo empleados o convidados de piedra.

 
El lunes en un almuerzo ampliado de la cúpula del PRO en un restó de Puerto Madero Este, llegó a proponer alquimias electorales tan insólitas como maniqueas: “Vos y Patricia (Bullrich) tienen que ir a una interna -le dijo a Horacio- pero en la provincia tienen que colgar cada uno la boleta de todos los candidatos que se presenten. Vos con el ‘Colo’ (Diego Santilli), vos con Cristian (Ritondo) y Patricia lo mismo. Así la gente elige entre nosotros y los radicales salen terceros lejos…”. Lo escuchaban impertérritos los cuatro protagonistas de su elucubración electoral (Larreta, Bullrich, Santilli y Ritondo), su adláter Fernando De Andreis, su primo aporteñado Jorge Macri y Humberto Schiavoni. Faltó con aviso por gira neuquina la otra mujer con derecho a la mesa, María Eugenia Vidal.

“Está cada vez mas endogámico. Piensa la política como si los demás no jugaran. Está a los tiros con Patricia porque ella se le soltó y hace su propio juego. No sabe qué quiere o sabe qué quiere pero cree que no es el momento de decirlo”. La reflexión de un dirigente PRO que no estuvo sentado a la mesa pero que se puso al tanto de todos los detalles, lleva implícito el secreto a voces que nadie, excepto Horacio, descarta: que si sus condiciones numéricas mejoran un poco más, Macri decida a último momento lanzar su propia candidatura.

Un sector del radicalismo va mas allá. Cree que, a diferencia de Cristina Kirchner, que se mueve en las esferas jurídico-políticas en defensa propia, Macri es capaz de digitar su armado judicial (que hoy siente en su apogeo) para condicionar o “apretar” a los propios. De ahí su histórico interés por el seguimiento personalizado de sus propios dirigentes y aliados, tal como quedó claro en la causa de las escuchas.

Pero más allá del barro político que siempre existe, hay algo que es genuino en Mauricio. Así como el radicalismo, la coalición cívica y las palomas del PRO creen que el fracaso del 2019 fue por haber ajustado de más a la gente, tarifazo e inflación mediante, Macri, al igual que Milei, está convencido que su yerro fue no haber ido más rápido, no haber usado su poder inicial para generar las reformas estructurales centrales que aún le faltan al país.

La diferencia trasciende una elección interna. Es central o casi opuesta a la hora de gobernar a futuro. Es una diferencia fundacional. Básica. Ese convencimiento del ex Presidente no es un discurso para la tribuna.

Es de las cosas más escasas en la política argentina: Macri juega a ser auténtico. Y eso se transparenta y pesa. En ese punto se emparenta no sólo intelectualmente con Milei. Sino en lo gestual. El político que dice su verdad aunque no sea la correcta tiene ventaja en este desmadre de percepciones que tiene el electorado producto de la crisis eterna que vive la Argentina.

Ese es el peligro que ve Lilita hoy en la oposición. Y por eso salió nuevamente ayer a alzar su voz. Tanto la líder de la Coalición Cívica como Gerardo Morales, con quien estuvo charlando a solas esta semana, creen que si Larreta no frena a Macri la ruptura del espacio opositor es una lamentable posibilidad. De ahí la acusación a Mauricio de “falta de republicanismo” que lanzó Lilita.

Aún no se anima a decirlo con todas las letras pero para ella Macri no tiene un apego real a las instituciones y a la democracia. Eso que ella suele llamar República. Además, puertas adentro lo tilda de ignorante. Ayer fue casi explícita en este sentido. Cuando recuerda ante Infobae que muchos integrantes del bloque de Juntos por el Cambio no querían votar el acuerdo con el FMI ella lo explica diciendo que fue “porque la ignorancia es fuente del mal”. No solo lo dice por eso. Piensa lo mismo cuando escucha a Macri decir que los radicales tienen que olvidarse de la social democracia y volver a adoptar los ideales liberales.

Ignorancia es la explicación con la Lilita resume el actual momento del macrismo. Especialmente de Macri.

No es loco que Macri crea que hoy Milei y los libertarios le suman más que el radicalismo. En su análisis ni siquiera son incompatibles. Para él todo puede dirimirse en una buena interna. El que manda conduce y el que pierde acompaña…

El problema es que los otros socios de Juntos piensan diametralmente opuesto. Y mientras Lilita le pide a Horacio que lo frene. Horacio le pide a Morales y a la Coalición Cívica que lo respalden en su candidatura presidencial así él se empodera. Una ecuación que hoy no está en la cabeza de nadie. Como demostró el radicalismo que juntó a todos sus posibles candidatos para el 2023 en La Plata el martes para demostrar unidad de criterio y buena onda ante el desmadre del PRO.

Está claro que las internas entre Alberto y Cristina tienen todos los condimentos para que las luces mediáticas se depositen en ese rincón del poder. Pero la oposición no se queda corta. Y, a pesar de las apariencias, hoy es más concreto pensar en una posible ruptura de la alianza si Macri fuerza de más, frente al peronismo que ya aprendió que la única chance que tiene es la unidad.

Falta mucho para el 2023. Pero, a la vez, está a la vuelta de la esquina.

Fuente: Infobae 

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