Paloma de la guerra

POLÍTICA Por Marcelo Falak
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Ejemplares de la Constitución Nacional que circulaban de mano en mano. Banderas nacionales al viento de otoño. Transeúntes añosos, cuyos cuerpos se electrificaron de pronto con una indignación juvenil. Muchos autos, algunos tractores. Camarógrafos de canales militantes y especialistas en planos cortos, expertise que comparten con los peluqueros que saben disimular las entradas prominentes de clientes encaminados a la calvicie. En el extremo enrejado de la plaza, bolsas negras semejan monigotes de personas colgadas por el cuello: Cristina Kirchner, Alberto Fernández, Estela de Carlotto, Nicolás del Caño y varios más; la república tiene caminos insondables. En el medio, las palomas de la plaza se mezclan, ala con ala, con los halcones entre asistentes que prometen recuperar "su" país, “por las malas" si fuera necesario. Entre aquellas, Horacio Rodríguez Larreta. ¿Qué hacía allí el siempre sonriente exponente de la Argentina antigrieta?

¿Qué espécimen político es el presidenciable jefe de Gobierno porteño? ¿Es el surfista que sabe salir seco del agua y pretende representar al 50% la ciudadanía que, más que ideología, reclama resultados o es el político ambicioso que sabe que su momento es ahora o nunca y, sumiso a la ola que viene, se pasea entre ultraderechistas como si fuera uno más?

Por lo pronto, es una de las cabezas más visibles de una oposición cruzada por una interna tan feroz que solo resulta disimulable en función del despiporre que es el Frente de Todos.

Frente a él se yergue la inexplicable estatua de bronce de un Mauricio Macri que se puso al país de sombrero, pero que se retiró del Gobierno con más del 40% de los votos.

Entre ambos, Patricia Bullrich, primera anotada en el reality show titulado El Bolsonaro argentino.

En casa, nunca desaparece el Plan V, encarnado por una María Eugenia Vidal que también repartió mohínes en la manifestación de CampoMásCiudad. Al otro lado, el río radical que presume de estar crecido y sueña con dar el sorpasso no solo en la Ciudad del PRO sino en una interna en las PASO presidenciales. Por si fuera poco, una lima libertaria cada vez más abrasiva lo esmerila desde afuera. En ese conjunto agobiante y, especialmente, en el último de esos desafíos, hay que entender los sinuosos movimientos del alcalde.

Según la encuesta de abril de D’Alessio Irol, el minarquista Javier Milei, rostro más visible del "fenómeno libertario", "consolida su liderazgo". El estudio (medición nacional online, realizada en abril en base a 270 entrevistas con mayores de 18 años) señala que "el 44% se identifica en alguna medida con este fenómeno", mientras que el 54% lo rechaza. El dato es que, entre la minoría creciente de quienes lo miran con cariño, hay que contar "a seis de cada diez votantes de Juntos por el Cambio" (JxC).

"Un tercio votaría a Javier Milei si se presentase como candidato a presidente: 10% lo haría con seguridad y el 23%, probablemente lo votaría", continúa. De ese universo, con alguna probabilidad, "cuatro de cada diez electores de JxC, aunque con seguridad (…) lo haría un 8%".

La dispersión de todo lo que va del centro derecha hacia la pared es un lujo que Larreta no puede darse, más cuando Milei comienza a construirse una base nacional con los retazos de la derecha dura de varias provincias. En ese sentido, una primaria presidencial le resulta un desafío que prefería evitar, mientras que la existencia de una tercera –o cuarta– vía libertaria por afuera lo llevaría, si le fuera bien en las PASO de JxC, a un segundo turno de pronóstico reservado si es que el peronismo decidiera hoy ponerse a gobernar y frenar su proceso de mitosis.

La mayor dificultad de la carrera presidencial de Rodríguez Larreta es que debe correrla más atento a los espejos retrovisores –dos, para más datos: uno que le muestra lo que lo corre a su izquierda y otro, a su derecha– que a lo que trae el futuro.

Los arrumacos abundan. Mientras Milei ruge en escenarios provinciales frente a su manada de jóvenes leones y jura que jamás tendrá nada que ver con el "pelado", a quien dedica epítetos que nadie merece, no deja de hacerse guiños con Macri y con Bullrich

Sin embargo, las fronteras del libertarismo –esa versión predemocrática del liberalismo encarnada por Donald Trump y Jair Bolsonaro afuera y por Milei y José Luis Espert, entre otros, aquí– van más allá. El propio Espert corre el arco a velocidad hipersónica. "No estoy hablando con Juntos. Las ganas las tendrán ellos, porque yo no tengo ganas de charlar para sumarme a su partido", le dijo a Delta 90.3. Sin embargo, no tardó demasiado en señalar, el fin de semana en radio Rivadavia: "Si hacemos una gran alianza contra el kirchnerismo, con una columna vertebral basada en un programa, yo estoy dispuesto a conversar".

El frontón tiene un rebote perfecto: en una entrevista publicada el domingo por Perfil, el diputado ahora bullrichista Luciano Laspina aseguró que "las ideas que hoy necesita la Argentina se parecen en muchos sentidos a las que empuja Javier Milei".

El jefe de Gobierno porteño no está preso del destino y podría ejercer la libertad en la que asegura creer para confrontar con un discurso autoritario… si quisiera hacerlo. En lugar de eso, en vez de llamar, como Emmanuel Macron, a un voto republicano contra la amenaza de la ultraderecha, Larreta elige mimetizarse con la manada de leones.

 Así es que quiebra su narrativa, arremete contra los planes sociales y dice que estos deberían reciclarse en puestos de trabajo. "Generar laburo es la mejor política social de la Argentina", pontificó, campechano, en lo que constituye una verdad tan grande como solo pueden serlo las obviedades, pero una que, acaso, nadie de su generación alcance a ver en vida en la Argentina del 40% de pobreza. Asimismo, el alcalde del impuesto a los consumos con tarjeta de crédito y al ABL y los Ingresos Brutos indexados según la inflación afirmó que "la Argentina no soporta un impuesto más". La ecuación "basta de impuestos, basta de planes" es igual a ajuste del gasto social. A la sombra del libertarismo, esa es la narrativa de la colombofilia realmente existente.

La respuesta cómoda del progresismo a los análisis como el que se intenta en esta nota indica que es improbable que Milei se convierta en el próximo presidente. Chocolate. Lo que ni a Larreta ni a nadie con ganas de pensar lo que puede venir se le debería escapar es que una porción minoritaria pero significativa de votos podría llevar al centroderecha supuestamente moderado a asumir el programa de aquel, peligroso para la convivencia democrática y para la gobernabilidad del país.

El grado de descomposición que la política le imponga a la sociedad en el año largo que media hasta el inicio del ciclo electoral definirá hasta qué punto un freak podría, efectivamente, sentarse en el sillón de Rivadavia. Que nadie se ofenda: el diccionario de Cambridge define ese término inglés como "una cosa, persona, animal o evento extremadamente inusual o improbable, del que no hay otro en su tipo". Así pueden ser los leones, por ejemplo.

Una remake del Rey León puede parecer, como dice el mataburros, improbable, pero no que su programa trágicamente darwinista, aunque capaz de seducir a sus futuras víctimas con el atractivo del resentimiento, se infusione, como un té, en el agua que calientan los supuestos moderados.

Fuente: letrap.com.ar

 

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