Todo el mundo está vibrando y Argentina es un sonajero

ECONOMÍA Por Luis Varela
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Mientras la gente de a pie sufre uno de los momentos mundiales más complicados de los últimos ochenta años, muchos políticos están jugando otro partido, sumergidos en los procesos electorales, que los puede sacar del poder y mandarlos “a Siberia” como se solía decir en muchas grandes empresas cuando alguien era expulsado de un puesto de privilegio. 

En los próximos siete meses las sociedades tan afectadas de todas partes definirán los destinos de muchas naciones con alguna importancia relativa para los tiempos que corren.

Por ejemplo, Irlanda del Norte votará en menos de dos semanas (el 5 de mayo) en algo que puede tocar al debilitado Primer Ministro inglés Boris Johnson, luego se vota en Colombia dentro de cinco semanas (el 29 de mayo), en Suecia dentro de veinte semanas (el 7 de septiembre), en Brasil dentro de veintitrés semanas (el 2 de octubre), en EE.UU. dentro de veintisiete semanas (el 8 de noviembre, en legislativas de medio término) e incluso habrá un cónclave en China, donde el Congreso del Partido Comunista deberá ratificar a Xi Jinping para un cargo permanente.

Con el actual sufrimiento de alta inflación, que afecta a las clases medias y hunde a las de menores ingresos, los gobiernos de turno parecen haber entendido que apagar el incendio de los precios es la prioridad, no porque les preocupe demasiado a ellos mismos, sino porque la población descontenta los puede mandar políticamente a “Siberia”, un lugar remoto del que pocas veces se vuelve.

Los pasos de la Fed

Hay incendios aún más grandes en otras naciones, pero uno de los países que está sumergido en este proceso, y que tiene gran influencia por su moneda y por la participación que acumula en el total de negocios financieros es justamente EE.UU., que tuvo en marzo una inflación anual del 8,5%, la más alta en cuarenta años, con un gran disloque en la gasolina que saltó 18% en un mes y con un enorme desbarajuste en el mercado inmobiliario, con algunos alquileres que no tienen ajuste.

Frente a eso, la Reserva Federal norteamericana, una entidad que se dice independiente pero que siempre tiene alguna influencia con el poder político de turno, acaba de pasar de una posición dovish (paloma) a una condición más hawkish (halcón). Hasta hace algunos meses, aplacando las cosas, su titular Jerome Powell decía que la inflación era transitoria. Pero ahora que la elección de medio término se acerca y que Joe Biden va, según las encuestas, a una verdadera paliza, que dejará a los republicanos como mayoría en las dos cámaras del Congreso, la Fed sale con el mazo, para aplastar a la inflación con un golpe en la mandíbula.

Hasta hace pocos meses, para sostener el crecimiento, la Fed compraba mensualmente en Wall Street US$ 120.000 millones, y desde ahí el organismo se dio vuelta como una media y ya ha abandonado las compras y empieza a vender bonos por US$ 95.000 millones por mes. Además, luego de haber mantenido la tasa corta en 0%-0,25% anual durante casi dos años, la subió a 0,25%-0,5% en marzo y acaba de amenazar con subirla a 0,75%-1% en dos semanas, con algunos de los 18 miembros del organismo que quieren colocarla en 3,25%-3,5% anual a fin de año.

Las tasas en el mundo

Semejante movida en las tasas cortas elevó las tasas largas no solo en EE.UU. sino en todo el mundo. En papeles a 10 años, EE.UU. ya paga 3% anual, el promedio mundial subió al 4,6%, se paga 7,2% en India, 8,8% en México 12,3% en Brasil y en Argentina, en un valor que ya es entendido como impagable por los mercados voluntarios de crédito (que estiman una nueva reestructuración más temprano que tarde) la tasa a 10 años de la Argentina saltó a un máximo histórico desde el último canje que hizo Martín Guzmán del 31,5% anual.

La inestable situación mundial (con un Covid que cede pero que sigue dando sorpresas, en China, por ejemplo, y con una guerra en Ucrania que aún tiene derivaciones insospechadas), esta nueva recomposición de tasas de interés hace que el 70% de los inversores del mundo empiece a tomar posiciones más conservadoras, más temerosas, esperando que los mercados de riesgo sufran una estocada pronto, aunque muchas empresas ya sufrieron abismos notables.

Las tecnológicas, que estuvieron de moda últimamente (como ocurrió con las hipotecarias en un momento y con las “punto com” en otro) entraron en una zona de capa caída. Multiplicándose como una cepa de Covid, las tecnológicas encuentran cada vez más imitadores que hacen lo mismo, pero más barato, y con eso vino el inexorable derrumbe.

Sólo por citar tres ejemplos muy mirados: Netflix acaba de caer 69%, de US$ 690 a US$ 215 en seis meses, Facebook se desplomó 52%, de 378% a 184% en el mismo lapso, y Zoom cayó 75%, de US$ 390 a US$100 en 18 meses.

Y, con Japón en recesión, las bolsas de China están entrando en un temblor, tanto que en los últimos seis meses acumulan derrumbes verticales: el índice Shenzhen de la Bolsa de Cantón cae 27% y el Hang Seng de Shanghái se derrumba 29%. Esto se agudiza y está provocando lo que se denomina una huida hacia la calidad: es decir el intento de colocar el dinero en valores que se supone que tienen más seguridad de que van a ser pagados. Y el elemento más elegido es el bono de EE.UU., ya que otros refugios alternativos, como los metales preciosos o las criptomonedas están de capa caída, en algunos casos desplomadas, porque al no pagar ninguna renta el interés por colocarse en ellos desaparece.

El dólar siempre está

De ese modo, a través de compra de bonos cortos, medios y largos estadounidenses, el dólar se convirtió la semana pasada en la estrella de este momento: el billete verde subió 2,7% en Chile, 2,1% en Brasil, 2% contra el yuan, 1,7% contra le libra, 1,6% contra el yen, 1,5% contra el franco suizo y sólo 0,1% contra el euro, con una diferencia menor, por tres razones: la moneda común de la Unión Europea ya se desplomó contra el dólar (desde comienzos de 2021 el billete verde pasó de cotizar 0,81 a 0,93 euros), ahora el BCE dirigido por Christine Lagarde plantea que subirá las tasas tanto como la Fed y hay expectativas de que con la continuidad de Emannuel Macron, Francia se acerque a la posición alemana, que no es tan tirante con Putin como el resto del continente parece mostrar.

La suba de tasas y el vuelo hacia el dólar le propinó un golpe duro a los activos de riesgo, entre ellos a las bolsas: hubo bajas semanales del 0,2% al 4,4% en San Pablo, el Nasdaq, el Merval en dólares, el Dow Jones, México, Chile, Madrid y Frankfurt. La única que pareció salvarse fue Tokio, que terminó empatada en yenes, pero con la moneda nipona hundiéndose a su peor nivel de los últimos 22 años: en las últimas cinco ruedas el dólar pasó de 126 a 128,50 yenes.

Desafíos para Argentina

Y detrás de todo ese cimbronazo global está el sonajero argentino. Mientras la economista Diana Mondino advirtió que la suba de precios se sostendrá porque en línea con lo acordado con el FMI el tipo de cambio subirá más rápido y se dejará de seguir anclando las tarifas, con audiencias con fechas ya establecidas, para agua, electricidad y gas.

En enero, ante el acuerdo con el FMI en puerta, luego de la gran derrota electoral del Gobierno, hubo muchos inversores especulativos que decidieron iniciar una clásica especulación golondrina, vendieron dólares y se colocaron en posiciones ajustables por inflación, como por ejemplo plazos fijos UVA+1, que están venciendo en estos días.

La semana pasada, en apenas cinco ruedas, el contado con liquidación subió 9,6%, el dólar MEP saltó 9,4% y el dólar blue subió 4,1%

Así como entraron, estos inversores altamente especulativos vendieron dólares en enero cuando el contado con liquidación llegó a superar los $240, con el MEP y el blue por arriba de los $220, aprovecharon las tres tasas de inflación (3,9% en enero, 4,7% en febrero y 6,7% en marzo + 1), por lo que obtuvieron 17% de renta y ahora salen rápidamente y vuelven al dólar cantando las hurras.

Así, la semana pasada, en apenas cinco ruedas, el contado con liquidación subió 9,6%, el dólar MEP saltó 9,4% y el dólar blue subió 4,1%. Al tiempo que (mientras los políticos se pelean por la Justicia), además de la baja en dólares en el precio de las acciones porteñas (con un golpe todavía más duro para los ADR argentinos en Nueva York, los bonos argentinos se desplomaron 4,1%, por lo que volvieron en términos históricos al mismo piso que tuvieron en 2012 cuando Cristina rompió el Indec, cuando vio que su reparto gigantesco de platita tenía un efecto secundario provocado por los odiosos empresarios, monopolios y oligopolios: la maldita inflación.

La fuerte ola de aumentos que sufrió Argentina la semana pasada viene con un interrogante: ¿se trata de un pulso que puede calmarse o es el inicio de un tsunami? Guzmán se reunió con varios de los titulares del FMI, aparentemente no reformulará metas, y seguirá con más de lo mismo, reparto de lo que haya, buscando achicar la desigualdad, reduciendo cada vez más la inversión y la creación de empleo en blanco, con todos y cada uno de los miembros del oficialismo vociferando que la marcha de productores autoconvocados del sábado fue una manifestación política del PRO y de los liberales, no gente que vino a pedir que se baje el gasto y que achiquen los impuestos, porque de este modo no pueden seguir operando.

Frente a esta diapositiva universal y local surge una gran pregunta. Con la guerra sin terminar y con el Covid bastante más apagado (la semana pasada hubo en todo el mundo 21.000 muertos, la menor cantidad semanal desde febrero de 2020), ¿podrá la tasa de la Fed y el reparto de petróleo estratégico de EE.UU. apagar el incendio de los precios globales? En lo que va de abril, el trigo sube en Rosario 25% (con su impacto en harina, fideos, pan y otros derivados), el sorgo salta 9%, la soja sube en Rosario y en Chicago 6%, el maíz aumenta 4%.

Pero mientras los granos siguen en las nubes, otras commodities parecen haber frenado algo: en metales básicos el níquel sube 3,3% porque Rusia es el gran oferente, pero el cobre baja 3% y el aluminio se cae 6%. El petróleo baja 1% en el mes y pierde 19% desde su pico de la primera semana de marzo, diez días después del ataque iniciado por Vladimir Putin. Y las posiciones reserva clásicas se mudaron al dólar: en abril el oro cede 0,2%, la onza de plata baja 2,3% y el Bitcoin achica 13%, con bajas más grandes en el resto de las criptomonedas.

¿Cómo seguirá todo esto y cuál es el mayor riesgo? A nivel global los ojos están sobre Putin, su amenaza nuclear, y ahora con Finlandia y Suecia decidiendo si se suman a la Otan.

Wall Street parece tener mucho viento en contra, ya que además de las tasas más altas, hay miles de pequeñas compañías imitadoras que bajan a los grandes de un hondazo.

Pero para Argentina el riesgo mayor es que esta vuelta al dólar de los que hicieron carry trade impulse al resto de la gente a volver a una ola de compra de dólares, y que eso retroalimente todavía más la inflación, colocándonos en un espiral que ya está mostrando paritarias que piden subas del 100%, algo que ya vimos en los primeros meses de 1975 (antes del Rodrigazo) y en los primeros meses de 1989 (antes de la hiperinflación de Alfonsín). Un estallido de precios nos llevó a la Dictadura y el otro a Menem, y al Plan Bonex. ¿La historia vuelve a repetirse?

Fuente: eleconomista

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