Córdoba vive una intranquilidad política preocupante

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El gobernador Schiaretti, el presidente Fernández y el intendente. Llaryora en el aeropuerto de Córdoba. (Prensa Gobierno de Córdoba)

Ni Alberto Fernández ni Juan Schiaretti intentaron disimular el viernes en la planta de Nissan la distancia política que los separa. El protocolo y la decisión de no usar ese escenario empresarial para el intercambio de golpes políticos no ocultaron que se trata de una relación acabada: ninguno esperaba nada del otro en ese encuentro. Ninguno intentó demostrar otra cosa.

Durante el acto, Schiaretti sí se esforzó por dejar en claro que la inversión de Nissan que ahora genera nuevos puestos de trabajo poco tiene que ver con la actual gestión nacional, ya que se decidió entre 2015 y 2017, los dos primeros años de la gestión de Mauricio Macri. Tras el acto, la vocera presidencial también se esmeró en explicar que Córdoba tiene problemas adicionales a los que podrían adjudicarse en exclusiva al desastroso contexto nacional. Mencionó que la pobreza mediterránea es mayor a la del resto del país y que es la provincia donde más tarda la recuperación del empleo.

En ese cruce de gentilezas nadie mintió. Tampoco a la hora de las fotos: se impusieron las caras adustas y la distancia.

 
La incomodidad del Presidente y del gobernador fue mutua, y está claro que para el schiarettismo mostrarse en estado de conflictividad permanente con el kirchnerismo es ya un mandato. Pero lo cierto es que la inquietud es un estado que domina íntegramente a la política cordobesa: nadie está tranquilo en Córdoba.

La incertidumbre es la clave principal de interpretación de este momento que cada día parece alejarse más de 2023. El presente es aciago y de cara al futuro las variables más elementales están indefinidas, tanto en la escena nacional como dentro de los límites de Córdoba. Hay dos nombres que se imponen en el escenario local, Martín Llaryora y Luis Juez, pero todo lo que los rodea cambia de modo permanente, incluido el ánimo que les transmiten a ellos mismos las encuestas.

ANSIEDAD EN ALZA EN EL PJ
La inquietud es desde hace años el estado natural de los socios cordobeses de Juntos por el Cambio. Es la ansiedad que invade al peronismo cordobés la principal novedad de la escena cordobesa.

 
Nadie duda de que Llaryora será el candidato a gobernador, porque no tiene rivales internos que siquiera se le acerquen en las encuestas ni en la experiencia de gestión. Lo cierto es que no se trata de una certeza que aporte calma: Hacemos por Córdoba es un mar de dudas. Un incesante cálculo de fórmulas, de fechas, de arquitectura electoral y de nombres que comienza en los despachos más importantes del Centro Cívico y se extiende hasta las oficinas públicas más ignotas, donde se intensifica la presión de los contratados para pasar a planta antes de mediados del año próximo.

Qué hará Schiaretti es el enigma dominante. El gran problema es que las respuestas que no da el gobernador no las brinda nadie en el oficialismo provincial.

 
El vicegobernador Manuel Calvo desarrolla una evidente campaña de posicionamiento y Natalia de la Sota la semana pasada también avisó que está anotada en la carrera provincial. De manera constante, además, el PJ alienta las hipótesis más inverosímiles: antes fue la posibilidad de que Schiaretti termine siendo candidato a intendente de la ciudad de Córdoba; ahora es la chance de que esa candidatura quede en manos de su esposa, la senadora Alejandra Vigo.

El peronismo lanza incesantes versiones para desconcertar al adversario y en el camino está desorientando a los propios.

EL ÚNICO CONVENCIDO
La situación no es muy diferente en Juntos por el Cambio. Luis Juez arrebató hace meses la candidatura a gobernador de la coalición opositora y ahora ya da por hecho que su triunfo es inexorable. Pero su discurso avasallante convence en especial a los convencidos del Frente Cívico y de un sector del PRO. La UCR está más cerca de aceptarlo, pero Juez está forzando la situación.

A diferencia de Llaryora, Juez sí tiene en Rodrigo de Loredo un rival interno competitivo. La relación entre ambos dirigentes es muy cercana y el juecismo considera que De Loredo será candidato a intendente de Córdoba, pero el joven radical sigue de campaña por el interior provincial. El viernes recorrió Marcos Juárez y Unión.

No es esa la única fuente de inquietud opositora. Las diferencias internas entre los socios surgen a cada paso. La semana pasada fue por la figura de Javier Milei que Juntos por el Cambio hizo una escena nacional: la UCR y el larretismo se apuraron a decretar que el libertario jamás ingresaría en la coalición, pero Patricia Bullrich lo quiere adentro, y Juez también.

Que no aparezca un candidato libertario en Córdoba se volvió casi una obsesión para el juecismo. Que aparezca esa tercera opción, de más está decirlo, es hoy el objetivo prioritario de Hacemos por Córdoba. Como lo fue desde 2007.

Con información de La Voz del Interior sobre una nota de la Periodista  Virginia Guevara

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