El talón de Aquiles de atar los salarios y el dólar a una inflación de 60% anual

ECONOMÍA Por Daniel Fernández Canedo
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Fue por poco, pero el ministro Martín Guzmán no consiguió en la primera ronda de la licitación de letras y bonos de la semana todos los pesos que buscaba para cubrir los vencimientos. 

Guzmán ofreció menos bonos indexados por CER (costo de vida) y con vencimiento dentro de un año, y el mercado le retaceó oferta. Todo lo que no esté actualizado por la inflación y a corto plazo (letras de Tesorería, paritarias, prolongación de contratos de alquiler) ofrece resistencia. La transición política hacia 2023 comienza a jugar su partido en los mercados.

La inflación prevista en 60% para este año se metió en los contratos y amenaza con especializarse. Tanto es así que hoy en el Gobierno nadie se anima a apostar, aun en off the record, a que el índice de costo de vida pueda bajar en forma sostenida a un nivel de 3/3,5% mensual en los próximos meses (contra el 6,7% de marzo).

La administración de Alberto Fernández se mueve apostando a que la inflación de abril no llegue a 5,5%, pero dan por perdida la batalla de corto plazo y esperan que el gobierno kirchnerista afloje la embestida feroz que desató contra un Guzmán (con más política que propuestas) que gambetea las agresiones y se abraza al paraguas del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

¿Podrá bajar a 3/3,5% la inflación en los próximos meses? La respuesta de un respetado economista es que sí, pero no en forma sostenida. La indexación del dólar, de los salarios y la creciente y sostenida pelea interna del Gobierno le pone un "piso" difícil de quebrar, asegura.

Sobre ese punto gira una de las principales preocupaciones de Miguel Pesce ya que tendrá que decidir a qué ritmo subir el dólar oficial si la inflación de abril resultara superior a 5%.

El Banco Central viene subiendo el dólar oficial en torno de 4% y corriendo de atrás a la inflación justo en el momento de las liquidaciones del campo. ¿Aumentará el ritmo de devaluación del peso como se comprometió con el FMI o será tirar demasiada nafta al fuego de la inflación cuando los precios siguen dando malas noticias para el bolsillo de la gente?

Nuevamente, el Gobierno está en la encrucijada de tener que decidirse a devaluar más rápido para alentar la entrada de los dólares del campo y apostar a mejorar las reservas del Central, pero corriendo el riesgo de presionar sobre la canasta alimenticia.

Desde el Central dejan trascender en voz muy baja que el dólar no crecerá vis a vis con la inflación como forma de recrear el tipo de cambio como ancla anti-inflacionaria.

El Presidente y el ministro resisten atados al marco que les brinda el acuerdo con el FMI y a los dólares de las exportaciones del campo que, aunque ralentizaron su ingreso en las últimas dos semanas, resultarían mayores que las de 2021.

Un informe de la consultora Equilibra (Diego Bossio y Martín Rapetti) destaca que la sequía de comienzos de año bajó la producción de granos (soja, maíz, trigo, cebada, girasol, maní y sorgo) de 135,9 millones de toneladas en 2021 a 119 millones en 2022.

Pero la reducción de las cantidades (-17% la soja y -24% de maíz) se compensaría con la fuerte suba de los precios internacionales de los granos (es determinante el impacto de la invasión rusa a Ucrania), por lo que las exportaciones de los "principales complejos agroindustriales ascenderían a US$ 50.700 millones, 7,5% por encima de 2021".

El problema, por tanto, no sería que los dólares no vengan, sino que no llegan con fluidez y que pocos quedan en las reservas del Banco Central. De hecho, y aunque en una cantidad moderada (US$ 65 millones), el Central tuvo que vender divisas en la semana para abastecer al mercado.

Un gráfico elocuente de Eco Go de Marina Dal Poggetto muestra un punto débil sensible del esquema actual: mientras en 2021 las liquidaciones de exportaciones de granos y aceites en abril fueron de US$ 2.739 millones y el Banco Central compró reservas por US$ 1.471 millones, este año liquidaron US$ 2.554 millones, pero el Central solo logró retener US$ 151 millones.

Alberto Fernández está lanzado a indexar todo lo que pueda dentro de un esquema en el que la Inflación le resulta funcional para expandir el consumo y recaudar más impuestos mientras licua el gasto público de jubilaciones, planes sociales y salarios. Pero, al final del día, el núcleo sigue siendo el de una economía con muchos más pesos que los dólares que necesitaría para crecer en forma sostenida.

Fuente: Clarin

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