Stockear alimentos y bebidas tiene más rendimiento que activos financieros y servicios

ECONOMÍA Por Damián Di Pace
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El último informe del Instituto Nacional de estadísticas y Censos (Indec) arrojó un 6,7% de inflación mensual para el mes de marzo, considerándose así el período más inflacionario desde abril de 2002 cuando fue 10,4%, alcanzando una inflación acumulada de más de 140% para los primeros 27 meses de este gobierno. Sin embargo, para el mes de abril la inflación en alimentos no cede y ronde el 5,9 por ciento. 

En el desagregado del Índice de Precios (IPC) veremos que el rubro de Alimentos y bebidas no alcohólicas se encuentra por encima del promedio con un 7,2%, siendo este el principal impulsor del nivel general de precios, ya que acumula un alza para este año de 20,89 por ciento. Y si tomamos las variaciones interanuales (si se compara contra el mismo mes, pero del año anterior) de los distintos rubros que conforman este indicador se muestra nuevamente que Alimentos y Bebidas no alcohólicas fue el que sufrió los mayores aumentos con un 59,7%, siguiéndolo muy cerca el rubro Salud con 54,50%, Educación con 54,30% y Recreación y Cultura con 43%. Estos datos muestran una aceleración en la serie interanual, pero contradictoriamente también se observa una desaceleración mensual, explicada principalmente por los “frenos de mano del gobierno”, como lo son, por ejemplo, los precios cuidados, canasta de frutas y verduras a precios regulados, una nueva ronda de congelamiento de precios, etc.

Hace un mes y medio, el presidente Alberto Fernández lanzó una “guerra” contra la inflación, luego del dato de febrero (inflación alimentos 7,5%). Estas medidas apuntaron contra los “oligopolios”. Desde el gobierno se establece la hipótesis de que nuestro país es una economía donde la formación de precios está en manos de las grandes empresas y eso genera que puedan tomar decisiones unilaterales respecto a los precios subiéndolos o bajándolos a su conveniencia. De esta manera, se puso foco en medidas como retrotraer los precios de más de 500 artículos a precios al 10 de marzo, la creación de un fondo de estabilización del trigo, ampliación de canastas para congelar más precios, etc. Es decir, un sinfín de medidas que intentaron este último mes “desacoplar” las expectativas inflacionarias. Pero la realidad, es que la teoría del gobierno sobre el aumento de precios puede demostrar dos cosas: que ellos realmente creen que esta hipótesis es verídica o es conveniente para este gobierno hacerle creer a la sociedad que sus medidas políticas no son las culpables.

Dentro de los principales elementos de la canasta de frutas y verduras (las cuales no están bajo la hipótesis del gobierno), sufrieron una acelerada inflacionaria en comparación con los elementos pertenecientes a los oligopolios (considerados “supuestamente” concentrados). Por ejemplo, el tomate redondo aumentó en forma interanual un 167,1%, la lechuga un 65,8%, la banana un 44%, valores que son máximos en comparación de componentes concentrados como el aceite, que aumentó un 53%, la leche 56%, harina 64%, por lo que esta es una clara muestra que la inflación en nuestro país no pasa por las estructuras de mercado.

Ahora bien, para ver en perspectiva, el descontrol del sistema de precios generados por el gobierno, podemos analizar interanualmente como es que los componentes de la canasta de los argentinos aumentaron más que los principales activos financieros del mercado. En el caso del plazo fijo tradicional que rinde un 46%, el dólar oficial 19%, dólar “blue” un 41%, un Cedear de Google un 58%, es decir todos rendimientos positivos pero que son inferiores a los aumentos que sufrieron Alimentos y Bebidas como el 103% del alza del vino común, el tomate redondo un 147%, el café un 123%, o hasta el pan de mesa con 76%.

En el caso de huevos son perecederos, pero el vino se almacena en la bodega y el café se puede guardar. Stockearse en bienes de consumo masivo rinden más que hacerse de activos financieros y otros bienes del mercado. Es por eso que no hay oferta también en muchos mercados. Preservar hoy genera más rendimientos en muchos mercados que ponerse en posición de venta.

Finalmente, si utilizamos la serie interanual de alimentos y la comparamos con el sistema de tarifas de servicios públicos, podemos ver dos cosas: primero, que tenemos un sistema de precios sumamente distorsionado, y segundo, que estos se encuentran totalmente desfasados de la realidad económica del país. Para ejemplificar la gravedad de esta situación, solo basta ver que durante el mismo periodo el pan francés aumento un 68%, mientras que la tarifa promedio de electricidad solo se incremento en un 21%, esto es una muestra clara de la desconexión de los precios relativos y el deterioro fiscal.

Todos los casos anteriores son solo ejemplos de cómo la inflación no solo deforma el sistema de precios y sino también como altera la economía de las familias, ya que desde el punto de vista macroeconómico este no se encuentra guiando correctamente las decisiones del consumidor ya que el punto es tal que haber comprado un Cedear el año pasado, rinde menos que haber comprado tomates o cajas de vinos. Pero lo realmente crítico son las consecuencias microeconómicas, debido a que la inflación afecta al ciudadano de a pie porque pierde la capacidad adquisitiva salarial y al no tener capacidad de ahorro para resguardarse ante estos aumentos, se convierten en el eslabón más afectado por los efectos de la inflación.

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